tu#7 - el resumen y la puesta al día
Friday, September 29th, 2006Mi idea original, en la medida de lo posible, era escribir unas especies de recuentos diarios de lo que había hecho, pero la verdad es que no siempre tuve el tiempo, y ahora es evidente que si me pongo a contar con detalles de cada día las cosas que pasaron desde el martes pasado en adelante, voy a terminar a la hora del queso y voy a dejar al pobre pinguino lleno de posteos nuevos y largos para cagarla más.
Por eso, aquí se viene una especie de resumen de lo que he hecho para ponerme al día. Así, si la cosa lo amerita, habrán días que tendrán posteos solitarios y específicos.
Los últimos días los he dedicado más que nada a recorrer Tōkyō y tratar de visitar lo más posible todos los lugares que quiero antes de tener que mudarme y me pillen las responsabilidades académicas que he estado evitando desde como julio pasado. Entre los parque que he visitado, el que se lleva las palmas es, sin duda, el complejo de parques que rodea al palacio imperial (皇居, kōkyo). Además de los muros de piedra que componían las defensas exteriores del palacio original, que son bastante impresionantes, y lo que queda del foso, que ahora es uno de los landmarks importantes del centro de Tōkyō (como no serlo, si es una especie de río circular de como 30 metros de ancho), el lugar está lleno de museos y cosas interesantes de la historia de Japón. Uno de esos lugares es el Matsu no Ōrōka (松之大廊下, gran corredor de pinos, o algo por el estilo), el lugar donde supuestamente Asano ofendió a Kita en lo que luego se convirtió la historia esta de los 47 rōnin. Es divertido pensar que esos lugares existen después de todo.
Eso es en el jardín este del kōkyō. Al norte de esto está el Kitanomaru-kōen (北の丸公園, parque del círculo norte, o algo así), en donde está 日本武道館 (Nippon Budōkan, o, literalmente, el salón de artes marciales de Japón) y el museo de arte moderno, que tiene cosas desde la era meiji en adelante. Al Budōkan el día que fui no pude ni acercarme, porque había un concierto de una boy band coreana que se llamaba shinhwa. El sólo mar de mujeres era suficiente para auyentar a cualquiera, y con el paso de las horas no hizo más que aumentar. Según Hideki, a las mujeres japonesas les gustan los coreanos. Será.
A pasos del Kitanomaru-kōen está el Yasukuni Jinja (靖国神社, algo así como altar de la pacificación nacional), que es este donde Koizumi tuvo tantos problemas por visitar a los criminales de guerra. El templo este es bastante interesante, es muy grande y tiene unos torii preciosos, gigantescos. A la entrada hay una estatua de Omura Masujiro, que resulta ser además la primera estatua de bronce de estilo occidental de Japón. Apropiado si se trata del principal responsable de la occidentalización nipona.
Al día siguiente partí a conocer mi campus y a Matsui Keiko, la que mencioné hace mil posteos y que era la responsable de mí en el AIKOM. Decidí aprovechar el viaje para recorrer un poco más y me fui caminando. Mi plan era irme caminando hasta la estación Shibuya (渋谷駅) y de ahí seguir hasta Komaba, que tiene una estación de metro que la une, de hecho, con Shibuya. El problema es que como se trata de un metro va por debajo de la tierra, lo que hace un poco imposible seguirla visualmente. La cosa es que camino para allá me encontré con el cementerio de Aoyama (青山霊園), un cementerio precioso que me acabo de enterar de que tiene una sección de extranjeros y de que corre peligro de convertirse en un parque. Sería una lástima.
Eventualmente, sin embargo, llegué a Komaba y conocí a todo el mundo. Todos actuaron muy sorprendidos y satisfechos de tenerme ahí y Matsui-san aceptó con una sonrisa de oreja a oreja sus chocolates diciendo que le encantaban. Será. A la mañana siguiente, sin embargo, luego de haber averiguado que sí podía ir a Mitaka a buscar la bicicleta que me había dejado Mauricio Mellado, el estudiante de intercambio del año pasado, partí con la idea de ir a buscarla en tren y volverme en ella, aprovechando de encontrar quizás qué cementerio o su equivalente. La idea sonaba bien, y fue reforzada por un encuentro inesperado con el parque Inokashira (井の頭公園), que queda cerca de donde voy a vivir y alberga al Museo Ghibli, y es precioso.
Desafortunadamente, yo no sabía que ese día iba a llover ni que Mitaka está realmente lejos, datos que incluso por separado podrían haberme convencido de lo contrario, pero no. Salí de mi hotel un poco después de las 10:30am, pero no logré volver a él hasta las 6:00pm, más o menos, y cuando finalmente lo hice me dolía todo, odiaba mi bicicleta y estaba empapado hasta os huesos. De hecho, nada de lo que andaba trayendo (que debo decir además que es todo, desde un diccionario a Mauricio, pasando por Gladys) quedó completamente ileso, y algunas de las cosas quedaron derechamente empapadas (como mis zapatos, que se terminaron de secar hoy en la mañana).
En la residencia en todo caso me trataron como un rey y me prestaron entre otras cosas un impermeable con pantalón de estos plásticos chinos (aunque este era japonés, revisé) y la cadena de mi bicicleta, que funciona con tarjeta. Me pasaron también como mil mapas y desarrollamos un plan de lo más inteligente, que involucraba seguir una calle grande hasta que se juntara con otra calle grande, que eventualmente toparían con el kōkyō. Perfecto. En la cabeza sonaba perfecto.
El problema empezó cuando malinterpreté un mapa y pensé que estaba al sudoeste del kōkyō en vez de al noreste, que es de donde venía. En definitiva, pensé que me había pasado, y todo porque confundí el parque Oyogi con el parque Yoyogi, o algo así. Ya ni siquiera estoy seguro de como se llamaban, porque a pesar de que logro encontrar el parque Yoyogi, el Oyogi no parece existir. Da lo mismo. En el mapita de mi recorrido (aproximado sobre todo inmediatamente después de Shinjuku, donde me perdí de nuevo) es esa especie de cacho hacia arriba siguiendo el borde de un parque que en mi distorsionada mente, pensé que era el parque del palacio imperial, hasta que se convirtió evidentemente en una especie de Parque Juan XXIII, con arroyo hediondo a caca japonesa incluido y todo.
Creo que con eso los dejaré por ahora. Así además vamos dejando el resumen temáticamente ordenado. Este fue el capítulo uno acerca de los parques y demases relacionados. Luego viene otro acerca de La vida en Tokyo y luego otro más acerca de Nikko y la fauna Japonesa, y creo que con eso se me irá a acabar el tiempo en Sakura Hotel y pasaré a mi vida académica en Mitaka. Hasta entonces.





