Archive for September, 2006

tu#7 - el resumen y la puesta al día

Friday, September 29th, 2006

Mi idea original, en la medida de lo posible, era escribir unas especies de recuentos diarios de lo que había hecho, pero la verdad es que no siempre tuve el tiempo, y ahora es evidente que si me pongo a contar con detalles de cada día las cosas que pasaron desde el martes pasado en adelante, voy a terminar a la hora del queso y voy a dejar al pobre pinguino lleno de posteos nuevos y largos para cagarla más.

Por eso, aquí se viene una especie de resumen de lo que he hecho para ponerme al día. Así, si la cosa lo amerita, habrán días que tendrán posteos solitarios y específicos.

Los últimos días los he dedicado más que nada a recorrer Tōkyō y tratar de visitar lo más posible todos los lugares que quiero antes de tener que mudarme y me pillen las responsabilidades académicas que he estado evitando desde como julio pasado. Entre los parque que he visitado, el que se lleva las palmas es, sin duda, el complejo de parques que rodea al palacio imperial (皇居, kōkyo). Además de los muros de piedra que componían las defensas exteriores del palacio original, que son bastante impresionantes, y lo que queda del foso, que ahora es uno de los landmarks importantes del centro de Tōkyō (como no serlo, si es una especie de río circular de como 30 metros de ancho), el lugar está lleno de museos y cosas interesantes de la historia de Japón. Uno de esos lugares es el Matsu no Ōrōka (松之大廊下, gran corredor de pinos, o algo por el estilo), el lugar donde supuestamente Asano ofendió a Kita en lo que luego se convirtió la historia esta de los 47 rōnin. Es divertido pensar que esos lugares existen después de todo.

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Eso es en el jardín este del kōkyō. Al norte de esto está el Kitanomaru-kōen (北の丸公園, parque del círculo norte, o algo así), en donde está 日本武道館 (Nippon Budōkan, o, literalmente, el salón de artes marciales de Japón) y el museo de arte moderno, que tiene cosas desde la era meiji en adelante. Al Budōkan el día que fui no pude ni acercarme, porque había un concierto de una boy band coreana que se llamaba shinhwa. El sólo mar de mujeres era suficiente para auyentar a cualquiera, y con el paso de las horas no hizo más que aumentar. Según Hideki, a las mujeres japonesas les gustan los coreanos. Será.

A pasos del Kitanomaru-kōen está el Yasukuni Jinja (靖国神社, algo así como altar de la pacificación nacional), que es este donde Koizumi tuvo tantos problemas por visitar a los criminales de guerra. El templo este es bastante interesante, es muy grande y tiene unos torii preciosos, gigantescos. A la entrada hay una estatua de Omura Masujiro, que resulta ser además la primera estatua de bronce de estilo occidental de Japón. Apropiado si se trata del principal responsable de la occidentalización nipona.

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Al día siguiente partí a conocer mi campus y a Matsui Keiko, la que mencioné hace mil posteos y que era la responsable de mí en el AIKOM. Decidí aprovechar el viaje para recorrer un poco más y me fui caminando. Mi plan era irme caminando hasta la estación Shibuya (渋谷駅) y de ahí seguir hasta Komaba, que tiene una estación de metro que la une, de hecho, con Shibuya. El problema es que como se trata de un metro va por debajo de la tierra, lo que hace un poco imposible seguirla visualmente. La cosa es que camino para allá me encontré con el cementerio de Aoyama (青山霊園), un cementerio precioso que me acabo de enterar de que tiene una sección de extranjeros y de que corre peligro de convertirse en un parque. Sería una lástima.

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Eventualmente, sin embargo, llegué a Komaba y conocí a todo el mundo. Todos actuaron muy sorprendidos y satisfechos de tenerme ahí y Matsui-san aceptó con una sonrisa de oreja a oreja sus chocolates diciendo que le encantaban. Será. A la mañana siguiente, sin embargo, luego de haber averiguado que sí podía ir a Mitaka a buscar la bicicleta que me había dejado Mauricio Mellado, el estudiante de intercambio del año pasado, partí con la idea de ir a buscarla en tren y volverme en ella, aprovechando de encontrar quizás qué cementerio o su equivalente. La idea sonaba bien, y fue reforzada por un encuentro inesperado con el parque Inokashira (井の頭公園), que queda cerca de donde voy a vivir y alberga al Museo Ghibli, y es precioso.

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Desafortunadamente, yo no sabía que ese día iba a llover ni que Mitaka está realmente lejos, datos que incluso por separado podrían haberme convencido de lo contrario, pero no. Salí de mi hotel un poco después de las 10:30am, pero no logré volver a él hasta las 6:00pm, más o menos, y cuando finalmente lo hice me dolía todo, odiaba mi bicicleta y estaba empapado hasta os huesos. De hecho, nada de lo que andaba trayendo (que debo decir además que es todo, desde un diccionario a Mauricio, pasando por Gladys) quedó completamente ileso, y algunas de las cosas quedaron derechamente empapadas (como mis zapatos, que se terminaron de secar hoy en la mañana).

En la residencia en todo caso me trataron como un rey y me prestaron entre otras cosas un impermeable con pantalón de estos plásticos chinos (aunque este era japonés, revisé) y la cadena de mi bicicleta, que funciona con tarjeta. Me pasaron también como mil mapas y desarrollamos un plan de lo más inteligente, que involucraba seguir una calle grande hasta que se juntara con otra calle grande, que eventualmente toparían con el kōkyō. Perfecto. En la cabeza sonaba perfecto.

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El problema empezó cuando malinterpreté un mapa y pensé que estaba al sudoeste del kōkyō en vez de al noreste, que es de donde venía. En definitiva, pensé que me había pasado, y todo porque confundí el parque Oyogi con el parque Yoyogi, o algo así. Ya ni siquiera estoy seguro de como se llamaban, porque a pesar de que logro encontrar el parque Yoyogi, el Oyogi no parece existir. Da lo mismo. En el mapita de mi recorrido (aproximado sobre todo inmediatamente después de Shinjuku, donde me perdí de nuevo) es esa especie de cacho hacia arriba siguiendo el borde de un parque que en mi distorsionada mente, pensé que era el parque del palacio imperial, hasta que se convirtió evidentemente en una especie de Parque Juan XXIII, con arroyo hediondo a caca japonesa incluido y todo.

Creo que con eso los dejaré por ahora. Así además vamos dejando el resumen temáticamente ordenado. Este fue el capítulo uno acerca de los parques y demases relacionados. Luego viene otro acerca de La vida en Tokyo y luego otro más acerca de Nikko y la fauna Japonesa, y creo que con eso se me irá a acabar el tiempo en Sakura Hotel y pasaré a mi vida académica en Mitaka. Hasta entonces.

tokyo update #6 - tōkyō ni imasu!

Sunday, September 24th, 2006
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Así es, 東京にいます。Estoy en Tokyo. Ni yo puedo creerlo la verdad. La foto que ven la tomé cansadísimo, en el avión, sin tener ninguna buena idea de qué hora era. Lo único que importaba en ese momento era cuánto faltaba para llegar. La hora local era completamente irrelevante, principalmente porque era casi siempre la misma. Yo creo que eso fue lo peor del viaje: once horas de vuelo1, y siempre de día! Salimos a las 12:30 de LAX, pero llegamos a las 3:45pm. Terrible.

Lo bueno de toda la aventura aeropuertística fue que se estrecharon los lazos entre los pasajeros, lazos que normalmente ni existen. ¿Cuánto se estrecharon? Lo suficiente para haber tenido una escolta personal al hotel, y una invitación a comer sushi en cinta transportadora a la llegada a Tokyo. Me explico: en el vuelo conocí a un tipo que no sé muy bien quién era, pero era un político japonés (había sido el embajador en Mongolia por trece años, pero no sé cuál es su trabajo actual) y con él a una estudiante de la Universidad Waseda (otra de las que tienen convenio con la Católica) y a tres estudiantes de Todai: まっむら そうや、おう しょうりん y よしもと ひでき. Sōya, Ōrin y Hideki (Ōrin es chino, así que usan un sobrenombre). Ellos, viéndome cara de perdido y haciendo gala de la cordialidad japonesa (y probablemente divertidos conmigo, hay que aceptarlo), me dijeron que podían llevarme al hotel, me ayudaron con las maletas y, una vez llegado al hotel, me invitaron a comer. Así no más. Se resistieron a que pagara. Lo intenté. Varias veces, pero no hubo caso. Hideki, en todo caso, dijo algo de que la próxima la pagaba yo. Veremos. Yo feliz con que haya una próxima.

Pero bueno, la llegada. Luego de un viaje bastante largo en tren (yo con una sonrisa incontrolable de oreja a oreja), y de una brevísima caminata, llegamos a Sakura Hotel, sólo para enterarme de que mi reserva, tan diligentemente arreglada por mí por mail, con tanta antelación a mi viaje, se había ido a las pailas por el atraso y posterior cancelación de mi vuelo. Así no más. Pasé de tener pieza single para mí solito, con toda la privacidad y el agrado, a compartir pieza con siete personas más (de las cuales las dos que conozco ya son bastante simpáticos). El disgusto, eso sí, me duró hasta que me metí a la ducha y abrí mi maleta para sacar ropa limpia y me pude poner desodorante mío propio sin tener que bolsearle a nadie. En verdad, un paraíso. De ahí, arreglé un poco mis cosas y salí en busca de 白山駅 (hakusan-eki, estación hakusan) para comer sushi en cinta transportadora.

El sushi comido así, como me dijeron mis nuevos amigos, es とても安い鮓 (sushi muy barato), sushi de estudiantes. Sin embargo, todavía no me convenzo de que $250 por un nigiri sea “muy barato”. “Barato” quizás, y quizás parte de lo que se paga es la variedad y, diablos, que es sushi en Japón. De cualquier modo, estuvo rico y a la salida mis acompañantes hicieron completamente imposible que pagara mi parte, a pesar de que antes habían dicho que íbamos a pagar por separado.

De vuelta en el hotel, me dormí sin saber demasiado bien la hora, y a la mañana siguiente la despertada fue bastante así también, porque al despertar ahí si que no tenía idea de la hora que era. Podría haber sido las tres de la mañana o las doce del día. Además, las cosas se complican porque duermo compartiendo la pieza, pero del modo más privado posible. Me explico: la pieza tiene cuatro camarotes. Cada una de las camas está rodeada de una cortina lo suficientemente gruesa para tapar toda la luz (TODA), así que uno nunca sabe bien si hay o no alguien en alguna de las camas. La pieza entera, además, está en el subterráneo, por lo que ya de entrada es un lugar oscuro alejado de la luz natural que tanto nos informa de la hora local (qué buena es la luz natural). Por eso, te despiertas a alguna hora misteriosa, completamente oscuro, los sonidos que llegan de afuera no tienes como saber si son de mañaneros o de gente decente que se despierta a una hora decente, o qué, y tratas de moverte lo menos posible para no despertar al tipo que duerme debajo de ti, al tipo que duerme inmediatamente al lado tuyo (separado sólo por una cortinita) o al tipo que duerme enfrente tuyo, separado como por 70 centímetros de pasillo. Afortunadamente, he ido descubriendo con el tiempo que a la gente, una vez que saben la hora que es, le gusta despertarse más bien temprano, o por último no te joden si los despiertas por despertarte tú temprano. Todo bien, pura buena onda.

Una vez despierto, sábado 23 de septiembre, me econtré con Pato-san (mi amigo que estudia historia y que también está en Japón, y con el que habíamos quedado de juntarnos en Tokyo para que lo acompañara a un examen de Iaido), que me dijo que no había podido ir a Tokyo porque todos los pasajes estaban copados por una convención de juegos. Y entonces me acordé de todo: el 22, 23 y 24 de septiembre se celebraba la Tokyo Game Show 2006, y yo estaba en Tokyo. Dicho y hecho me puse a averiguar cómo ir, lo que resultó un tanto intimidante. Cuento corto, tras una hora de viaje más o menos llegué a mi estación y pregunté en el centro de información turística dónde estaba la TGS. Cuando me dijeron, un extranjero que estaba al lado me dijo “sigue a todo el mundo”, y efectivamente, parecía que todo el mundo estaba ahí tratando de llegar a la convención.

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Es verdad, la foto no es muy buena, pero hay que tomar en cuenta que ni yo me la creía mucho y que me la saqué solo. Una vez dentro, sin embargo, la cosa cambió bastante. Llegué bastante tarde, por lo que lo primero que hice fue comer (ya eran como las dos de la tarde). Me comí un plato de ラーメン (ramen, noodles japoneses), que son bien baratos, bien calientes y bien sabrosos. Lo que sí, aunque me avergüence un poco aceptarlo y en una de esas cambie de opinión en el futuro, tienen un olor que me recuerda mucho (peligrosamente mucho) al zoológico del San Cristóbal. Miedo.

Cuando llegué a la convención la cosa ya estaba bastante cocinada. Los discursos inaugurales ya se habían dado, los lanzamientos grandes ya habían pasado, y lo que quedaba era, principalmente, un montón de gamers haciendo cola para jugar juegos de Playstation2 y 3, NintendoDS, PSP, XBox360 y de cuanta otra consola habida y por haber uno se puede imaginar (incluso había un par de juegos para PC, y un montón de juegos tremendamente evolucionados para celulares), ejecutivos cerrando los últimos tratos de la tarde, y miles y millones de promotoras con poca ropa, alegres de posar para la foto que les pidieras con tal de entregarte el folletito que tenían. Las modelos iban desde algunas cosas relativamente normales a cosas derechamente freak.

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Para qué decir lo impresionante que eran los juegos. Había uno que se llamaba Dungeons&Dragons Online que le puede interesar a mi hermano, que por supuesto también tenía su modelo freak con sus poses exóticas. Saqué algunos videos de demos de juegos, y de modelos (con poca ropa, ¿necesito decirlo a estas alturas?) jugando Wii (que no se podía jugar jugar, pero se podía ver, y resulta bastante increíble) que pretendo subir a YouTube prontamente para su disfrute, así que esperensen nomás.

Después de todo eso, cuando ya había decidido que la cosa no daba para más, se empezó a acabar todo (con cancioncita de “Es hora de decir adiós” de fondo) y las modelos de todos los stands salieron a hacer fila para saludar al público y agradecer la asistencia, lo que generaba un espectáculo de lo más… interesante, como pueden imaginarse.

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A la salida, uno se daba cuenta en todo caso de que la convención no sólo estaba repleta de mujeres solícitas y a medio vestir, sino que estaba repleta de gente (porque a todo esto, cuando me aprontaba a salir me topé con un pabellón entero que no había visto, en donde estaba, entre otras cosas, el stand de “overseas” en donde estaba ATI y Autodesk y otras cosas y el de Mocosoft y su XBox360). Y cuando digo repleta, me refiero a que estaba realmente repleta. Nunca había visto tanta gente. La cagó. La cosa no habría sido tan importante, digo el superávit humano, si no nos hubiéramos tenido que estrujar todos en una línea de metro para llegar a algún lugar remotamente cercano a algo. La cosa fue bien impactante, sobretodo porque sólo algunos habían sido lo suficientemente precavidos para comprar sus boletos antes de entrar al TGS. Todos los demás mortales tuvimos que hacer una de las miles de colas para llegar a las maquinitas de boletos.

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Después de horas más de regreso, vagué un poco por la ciudad (a regañadientes más que nada, porque me bajé en otra estación y no estaba ni ahí con pagar otra vez, que ya es lo suficientemente caro) y llegué a tiempo al hotel para comerme algo (カレーライス, curry rice, arroz con curry) y dormir. Eso fue ayer. Dejo lo que hice (y voy a hacer) hoy para mañana (qué complejo). Por el momento, me apronto a salir con Sooya, Hideki y Orin a un 居酒屋 (いざかや, izakaya, pub estilo japonés). De ahí les cuento cómo estuvo. Hasta entonces.

でわまた後で!


  1. las calculamos con ayuda del matemático familiar, porque entre tanto cambio de fechas y demases la cosa era bastante complicada, déjenme decirles… [volver]

tokyo update #5 - ahora sí que sí

Wednesday, September 20th, 2006

Esto va a ser lo último que escriba, en un año por lo menos, desde un lugar cuya lengua madre sea una que entienda (aunque siempre existe la posibilidad de que el mundo entero de un giro inesperado). Mañana en la mañana parto a Japón definitivamente. Voy, eso sí, debidamente aperado. Hoy hicimos una última pasada familiar por Nueva York y me compré un libro de historia de Japón, un mapa de Tokio y la Lonely Planet de Japón, la primera que me compro (no la primera que me quiero comprar) y la primera en la que he podido dar rienda suelta a mis ganas de leerla tan entera como se pueda. Voy en el capítulo de las comidas. Fascinante.

El viaje, entre las cosa buenas buenas que tiene, cuenta con la prometida y nunca bien ponderada reunión final con mis maletas, y con ellas, mi ropa limpia, mis (6) desodorantes, mis diccionarios, y unos chocolates que le llevaba a Keiko Matsui, la encargada de mí por parte de Todai. Espero que todo eso esté bien.

Por otro lado, los últimos envíos ya se han hecho y sólo falta mandar una postal un poco importante, que espero pueda mandar desde el aeropuerto. Si no, va a tener un viaje un tanto cosmopolita, siendo una postal de Nueva York enviada desde Tokio. Quién sabe.

Ya se enterarán de mí. Suerte, y nos veremos más temprano que tarde.

EDIT: ¿Se acuerdan del giro mundial inesperado? Bueno… pasó. El vuelo tenía que salir a las 10:25am del 20, puerta 31. Cuando un par de grupos ya había abordado el avión (el mío entre ellos), corrieron rumores de que el avión tenía un problema e íbamos a tener que cambiarlo. Dicho y hecho, nos cambiaron la puerta de embarque a la 12 y la hora de salida a la 12:30. Un poco impacientes, subimos al avión sólo para dar media vuelta como a las dos horas de vuelo. Mala onda.

Cuando volvimos a JFK nos dijeron que la hora tentativa para la salida era las 7:30pm. Como a las 6:00pm nos dijeron que el vuelo efectivamente se había cancelado, y nos hicieron hacer colas para hacer un re-booking. Yo quedé en un vuelo para mañana a las 6:30 de la mañana, con conexión en LA a Narita, y comparto el vuelo con un montón de japoenses muy simpáticos con los que tratamso de comunicarnos, ellos tartamudeando en inglés, yo tartamudeando en japonés, y ellos periodicamente riéndose mucho de algunas tallas que tiran mientras me apuntan con el dedo, sin yo entender mucho (las explicaciones en inglés-japonés tartamudeado no son muy explicativas, déjenme decirles). Ahora estoy en el hotel Ramada, esperando una llamada despertador mañana a las 5:00. Hasta entonces, ¡buenas noches!

FOR n=0 TO 2; PRINT “qué tiempos aquellos”; NEXT n

Saturday, September 16th, 2006

El título de este posteo viene de un homenaje a los juegos viejos-viejos hecho por Rob Manuel y Mj Hibett llamado Hey Hey 16k que salió posteado en el newsletter de b3ta hace una buena punta de meses. Sin embargo, no es esa la razón por la que escribo. Escribo porque hoy salió publicado en slashdot un artículo de David Brin acerca de lo mucho que nos estamos perdiendo como sociedad al no entregarle a los niños entusiastas de la computación, las herramientas necesarias para meterse. Creo que tiene toda la razón del mundo.

Todavía recuerdo mi introducción al mundo de la computación “en serio” cuando estaba en el colegio. Mi hermano, que creo que es tan letrado computacionalmente como puede serse, me regaló para mi cumpleaños una instalación de QuickBasic 4.5. Con ella tuve mis primeros acercamientos al funcionamiento lógico de un programa, y a la posibilidad de darle instrucciones a un computador realmente para hacer que este hiciera lo que yo quería. En ese momento no estaba conciente de lo limitado del lenguaje en el que me estaba metiendo, y por lo mismo, tenía el mundo con sus infinitas posibilidades adelante. Verdaderamente, ¡podía hacer lo que quisiera!

Mis conocimientos de QuickBasic no llegaron a nada demasiado profesional, y lo más avanzado que logré crear fue un juego que, hasta la fecha, tiene un par de bugs persistentes y serios problemas de diseño. Sin embargo, sin importar lo escasos que sean mis conocimientos de programación, lo que aprendí durante esas jornadas que se extendían por las noches luchando contra mi código hasta lograr que hiciera justo lo que yo quería que hiciese realmente no tiene precio.

Lo digo por experiencia propia. No hay mejor manera de empezar en el mundo de la computación que desde abajo, con las herramientas más básicas, poniéndose metas y tratando de cumplirlas (lo que te obliga a buscar respuestas por ti mismo, y te prueba que no necesitas ajustar tus propósitos a lo que sabes, sino al revés), y ese tipo de lenguajes de programación permiten hacer justamente eso, sin importar qué tanto de programación se quiera aprender. Lo que se logra, de una manera u otra, es armar la cabeza de la gente, generar en ellos las nociones básicas que en el futuro generarán gente que no mire a los computadores como objetos mágicos, ni les tema constantemente.

Por eso es importante. Porque queremos gente que genere información, y no sólo la consuma. De eso y quién sabe qué otras cosas nos estamos privando cuando le quitamos a los que están interesados en empezar, la posibilidad de encontrar una puerta de entrada.

pd: cuando encuentre una manera de decirle a WordPress que no me bloquee los archivos .bas ni .exe subo versiones de mi juego para que esté y puedan verlo, si están interesados. Tiene que haber una manera de subirlo, porque que un programa quite toda posibilidad de manejar ciertos archivos es paranoico cuando no derechamente estúpido, y quitarle la posibilidad al administrador de un sitio de subir lo que él quiera es prácticamente nazi. Esperemos que ese no sea el caso. Hail!

EDIT: ya logré subir el archivo, pero no a través del pedazo de software del tercer reich que es WordPress. Tuve que hacerlo a mano. En todo caso el código fuente pueden bajarlo de aquí, y el ejecutable para Windows pueden sacarlo de aquí. El programa no está terminado, en todo caso. Sean amables :P

servidor nuevo, os nuevo

Friday, September 15th, 2006

Este definitivamente ha sido un año de cambios, y al parecer, no tiene ninguna intención de quedarse tranquilo con esos cambios. A la espera de que llegue mi nueva fecha de viaje a Tokyo (así es: el viaje se pospone de nuevo, pero ahora sí sin postergación posible, para el 20 de septiembre), Matías me convenció de dos cosas que serán ciertamente significativas para Gladys y para mí: del mismo modo que me cambié de casa y me cambió la vida, me cambié de OS y de servidor (para los menos iniciados, OS es la sigla en inglés para Sistema Operativo, que es esa cosa que parte cuando se prende el computador, en la enormísima mayoría de los casos, Windows).

Como decía Jack el Destripador, vamos por partes: el servidor.

Desde hace tiempo que he tenido ganas de tener un servidor mío en donde pueda subir mis cosas y poner todo lo que necesite sin tener que depender de terceros (que es lo que he hecho hasta ahora dependiendo de los hosts gratuitos). Mientras conversaba de esto con Matías el otro día, él me ofreció convertirse en un tercero no tan tercero, es decir, en proveerme él hosting gratuito, pero sin las restricciones pelotudas de los típicos hosts gratuitos (principalmente, servicios truncados y publicidad). Ya habíamos llegado a un arreglo parecido en el pasado cuando accedí a subir las fotos de mi viaje a Perú a su computador y creé una galería de fotos que, lentamente, se ha ido llenando de otros viajes y lo seguirá haciendo (la tenía más o menos botada hasta ahora, pero con el viaje a Tokyo y la mudanza del Pingüíno Rodríguez espero que vuelva a surgir). La cosa es que, ya que ya dependía de él para la galería, pensé que cambiar el hosting de mi blog sería una buena oportunidad para empezar con mi espacio en la red y estrenar los servicios de WordPress, un programa que me había recomendado Matías Cociña (que lo usaba en delarepublica.cl), y que permite, entre otras y muy variadas y entretenidas cosas, ponerle categorías a los posteos para que sean más ordenados (así, si sólo leen esto por el viaje a Tokyo y no les interesan las divagaciones sobre computación, por ejemplo, o si están buscando posteos sobre algún otro tema en particular, las cosas serán mucho más fáciles).

Por el otro lado, ha llegado la hora de finalmente dar el salto a Linux. La idea me habia rondado por ya bastante tiempo, sin demasiadas razones más que las un poco panfletarias de que Windows es malo y Microsoft hace las cosas mal (soportadas, no me malinterpreten, en hechos concretos, pero son del mismo modo panfletarias). Es divertido que la gota que finalmente rebalsó el vaso fuera el manejo de las extensiones.

En general, la queja que yo siempre tuve con Windows, y la razón por la que me resistí mucho a cambiarme a WindowsXP y que me hizo quedarme con el engendro que es Windows 98 hasta hace unos seis meses, era que Windows trataba a sus usuarios, sin importar quienes fueran, como idiotas, o como niños en el peor de los casos. Si no me creen revisen una carpeta con archivos después de una instalación fresca de Windows y pídanle al sistema operativo que muestre los detalles de los archivos. Windows considerará mucho mejor decir que un archivo es un “Documento de Texto”, a especificar si el documento es un .txt, un .rtf o un .doc. Es verdad que todos son “documentos de texto”, pero no serviría de nada que dijera al lado de cada archivo que es un “Archivo”, por muy cierto que sea.

Hay una manera de decirle a Windows que muestre las extensiones de los tipos de documento conocidos (porque lo que hace es ocultar las extensiones que conoce), pero incluso de esa manera hay ciertas extensiones que NO va a mostrar (.shs, .lnk y .pif), y lamentablemente son extensiones ejecutables, por lo que rápidamente se han ido convirtiendo en extensiones preferidas por troyanos que llegan con nombres como mis_passwords.txt.shs o edgar_se_cae.avi.pif, que a pesar de mostrarse como mis_passwords.txt o edgar_se_cae.avi, no son ni un texto ni un video.

Yo había sido bastante paciente con Windows y sus colgadas idiotas, y su actitud generalizadamente condescendiente con sus usuarios, pero esto por alguna razón fue más de lo que pude soportar. Quizás lo que me causó ese rechazo fue que (hasta donde sé y mis búsquedas en Google revelaron) no se puede, de ninguna manera, hacer que Windows muestre esas malditas extensiones (si alguien sabe cómo, dígame por favor). Consecuencia: sale WindowsXP, entra Linux (Kubuntu), al que se le puede customizar TODO.

Así que eso: mi blog tiene nuevo hosteo en idele.org, nuevo URL (con un molesto “:8000″ cortesía del ISP pelotudo de mi hermano) , y nuevos servicios, y mi computador tiene sistema operativo nuevo, y hasta el momento, mucho mejor. Sigan revisando esto, que ahora pienso ponerle wendy. Nos vemos.

nos harás falta, mate

Tuesday, September 12th, 2006

El 4 de septiembre pasado el mundo recibió una noticia que parecía, y sigue pareciendo, completamente imposible. Steve Irwin, el cazador de cocodrilos, había muerto, víctima de un idiota accidente que no sucede, con un animal principalmente inofensivo.

No habría podido decir lo mucho que me importaba Steve Irwin hasta que noté que se había muerto. Descansa en paz, mate. No te olvidaremos nunca.

Steve Irwin (1962 - 2006)

el neo-mecenazgo de another sky press

Saturday, September 2nd, 2006

A mediados de junio pasado salió en slashdot una noticia acerca de Another Sky Press, una editorial que proponía un nuevo sistema para la distribución de libros y, por extensión, de obras artísticas en general utilizando la tecnología moderna como base fundamental.

El sistema que proponen es denominado por ellos ‘neo-mecenazgo’, y resulta de un giro a la idea Renacentista del mecenas que financia la producción artística de un protegido a cambio de que este produzca las obras que a él le interesan (al mecenas, claro está). La idea es la siguiente: en el modelo tradicional, sólo los ricos podían ser mecenas de los artistas, y poseían sobre ellos y sobre la obra producida una noción de propiedad. El neo-mecenazgo acaba con estos dos “problemas” del modelo anterior mediante el uso de donaciones voluntarias masivas provenientes de la audiencia colectiva del artista.

Así, si yo soy un artista y produzco algo, esa obra llegará -siguiendo el modelo de Another Sky- gratuitamente a los usuarios que decidirán, una vez que ellos lo estimen conveniene, cuánto quieren pagar por ella. De ese modo, no sólo evitan pagar por algo que no les gustó, fomentando involuntariamente la producción de obras de mala calidad, sino que se aseguran de mandar justamente el mensaje que ellos quieren con su donación: si les gustó mucho, donarán mucho; si no tanto, podrán donar menos, o derechamente no pagar nada.

La idea aquí es que como tanto las donaciones de los usuarios como la producción dela rtista es voluntaria, ya no hay propiedad sobre la obra artística, o por lo menos no la hay desde un mecenas tradicional, y el artista puede decidir libremente si sigue o no produciendo, y qué es lo que irá a producir. La riqueza del sistema radica en que la donación de quienes consumen esa producción artística es a la vez el pago por un trabajo hecho como el incentivo para futuras obras.

Esto mismo queda muy bien explicado (probablemente mejor explicado que aquí) en la página de Another Sky Press, en un documento titulado “our beliefs” (nuestras creencias), que da la casualidad de que está traducido al castellano.

Como una nota adicional, podría agregar que la traducción de dicho artículo la hice yo, que, entusiasmado con la idea de la editorial, ofrecí mis servicios de traductor por amor al arte. Léanlo, piénsenlo y lean click, la primera novela ya publicada. Nos vemos.