Y bueno, así no más. Ni siquiera alcancé a ponerme al día como dije que lo iba a hacer antes de llegar a Mitaka. Ahora mismo me encuentro sentado en mi pieza (mi pieza) de 14 metros cuadrados. No es demasiado grande, pero es mía (o todo lo mía que puedo pretender ahora) y de a poco le he ido encontrando lugar para todas las cosas que tengo y las nuevas cosas que recibí de Mauricio (no el guapetón, el otro, aunque con eso no quiero decir que… ah… a la mierda). Entre las cosas interesantes que se pueden decir, debo confesar que la bicicleta retititutata que me prestaron la otra vez, que empecé a odiar cuando la llevé a Tōkyō mismo y no dejé de odiar desde entonces, me dejó definitivamente botado ayer camino a ese bar donde tocaba Hideki, que,a todo esto, tiene un nombre larguísimo (el bar, no Hideki): 晴れたら空に豆まいて, que creo que es algo como “esparce porotos al cielo si está despejado” o alguna barbaridad por el estilo.
La cosa es que mientras iba a tomar el metro, en bicicleta, a la bicicleta endemoniada se le salió la cadena por quincuagésima vez y esta vez se le salió con cuática y se incrustó entre el piñón de atrás y la rueda misma, y de ahí no hubo quien lo moviera. Además, mientras la forcejeaba a ver si se dejaba tratar como la gente, se le cayó un pedacito de un lugar misterioso que nunca pude entender muy bien cuál era, y me di cuenta de que uno de los eslabones de la cadena, que típicamente tienen dos cilindritos y unas piezas de metal que los unen, tenía sólo una de esas típicas y tan necesarias piececitas de metal, lo que significaba que los segundos que le quedaban de vida los podía contar con una mano. Así que ahora la bicicleta aguanta las inclemencias del tiempo amarrada a una baranda cerca de la estación Tōkyō, muchas gracias por preguntar.
Al llegar a la residencia, en todo caso, como que le seguí la corriente a todo el mundo y todo el mundo me la siguió a mi, así que ahora soy el orgulloso “dueño” de otra bicicleta, esta sí más decentita. Eventualmente les conté de la otra, pero al parecer nadie sabe muy bien qué hacer con ella. Como de costumbre, el tiempo dirá que habrá de suceder. En el peor de los casos, digo yo, la dejo ahí y pago por ella, y en el estado en el que se encuentra, de seguro no me cobrarán demasiado.
Entre los trámites que tuve que hacer conocí a algunos de mis compañeros, principalmente a una vietnamita absolutamente diminuta llamada Thuy Nhung Nguyen (Nguyen es el apellido, aunque todavía no sé muy bien cómo decirle) y a un malasio que se llama Mohd Rafi Awang Senik (donde Awang Senik son sus apellidos, pero me dijo que le dijera Rafi). Mañana a las 11:30 nos llevan a inscribirnos en el registro de extranjeros en el City Hall de Mitaka, y de ahí a hacer una serie de otros trámites como abrir una cuenta de banco, y aquí viene lo más emocionante de todo: el documento que tuve que hacer para crear mi cuenta bancaria tuve que firmarlo, pero no como ustedes creen.. nooooo. Lo firmé como se debe: con mi propio inkan. TENGO INKAN!! (el inkan es ese sellito rojo que los japoneses usan como firma, los japoneses entiéndase como yo. ehem.)

Voy a tener que preguntar eso sí que kanji es, porque el que encuentro que más se parece es 室, pero igual no más que no es, a menos que sea una interpretación muy libre. Cuando tenga más claro cuál es en verdad, lo revelaré. Por el momento, quedémonos con el misterio todos juntos. De todos modos es super abacanado, y de lo contrario no me van a convencer (jt, cómo te quedó el ojo? ah?).
Otra cosa que me pasó fue que entre las cosas que me dejaron había un refrigerador, que debe haber tenido la concentración de hongos más alta desde los bosques de Nausicaa del Valle del Viento, o ese pedazo de zapallo que una vez encontré en un subterráneo en la casa de la abuela de la Camila y que confundí con una pelota de fútbol. La cosa estaba mal. Y para empeorar aún más las cosas, tenía entre las cosas que habían pegado en su cubierta, una calcamonía de Apple. Lo bueno de la historia es que el refrigerador quedó de lo más limpio después de una buena refregada con agua, y la calcamonía (que el fanático Apple-lófilo había pegado también en el televisor) también salió sin mayores problemas. Así, hop!

También resultó que mi arriendo no va a salir 9700 yenes como creía, sino mucho menos! Parece que lo que voy a tener que pagar en términos de alojamiento en total va a salir como 4500 yenes! lo que, debo decir, es ridículamente barato. Para que se hagan una idea: en el dormitorio compartido en el que me había quedado hasta ahora tenía que pagar 3400 yenes más o menos, y compartía mi pieza con siete personas más, y sé de otros estudiantes de intercambio que para vivir en Japón tienen que pagar 8 veces más que eso, a pesar de que supone que reciben ayuda de su universidad. Así no más.
El baño es otra cosa digna de mención. Partamos con la información gráfica y de ahí nos vamos a las explicaciones:

Como pueden ver, es la encarnación misma de la idea de todo-en-uno. No se ve a mano derecha un espejito que de tanto recibir gotas de la ducha está indefectiblemente manchado con agua, y no sé si se distingue demasiado (yo tuve que buscarlo) el coso para poner el confort (¿cómo se llaman esas cosas?). Para decirlo de una manera elegante, digamos que no le tengo mucha a fe a la permanencia en seco del confort que ponga ahí. Creo que haré un par de experimentos antes de atreverme con un confort como la gente.
La cosa café que se ve arriba es una especie de gabinete para poner remedios y otras cosas, convenientemente puesto para que todo lo que se resbale de ahí caiga sin interrupción alguna al wáter (otra palabra que no me convence, pero, ¿qué alternativa real tengo? ¿excusado? por favor…) que, como pueden ver, no tiene tapa. No es que la tapa esté en algún otro sitio. Fue diseñado sin tapa. Así no más. El lado bueno, supongo, es que me puedo duchar mientras me lavo los dientes y cago todo al mismo tiempo. Eso sí que va a ser interesante. Y supongo que ya con el agua corriendo, no va a ser necesaraio que el confort esté seco por la existencia de otras alternativas … para lavar, si se entiende (y espero por Dios que se entienda, porque no quiero explicarme). Tampoco se alcanza a ver el hoyito por donde se sale el agua de la ducha, pero afortunadamente existe y no tengo que preocuparme de que toda el agua que no use para ducharme caiga dentro del wáter (y dale).
Otra cosa distinta, por decirlo menos, es mi cama. Yo me esperaba, cómo podría haber hecho otra cosa, una cama como la que todos conocemos. Pero mi colchón redefine el término “duro como tabla” porque es una tabla. No es que el colchón sea extremadamente duro, es que el colchón no es. No hay colchón. Hay una cubierta plástica azul sobre un terciado grueso. Y nada más. Zip. Hay que decir, sin embargo, que la cosa es bastante más cómoda de lo que uno podría pensar, aunque los efectos que esta comodidad aparente tengan sobre mi espalda sólo podré reportarlos desde mañana. El efecto secundario indeseado, sin embargo, es que mi cama cabe justa en donde está y es ligeramente más grande que las camas para las que mis sábanas están pensadas, así que tendré que idear una manera de hacer mi cama sin tener que hacer las acrobacias que hice hoy y que, en defensa de mi honra, me llevaré a la tumba. Los dejo con una foto de cómo se ve mi pieza al cierre de esta edición, teniendo en cuenta que sólo está armada a grandes rasgos y que todos los detalles están por verse todavía. Disfruten, y nos vemos luego.
