Archive for November, 2006

un pequeñísimo atisbo de lingüística nipona

Tuesday, November 14th, 2006

Ultimamente las clases de japonés han estado tremendamente interesantes. Como ya deberían de haberse enterado, me costó un poco entrar a mi nivel de japonés porque en la prueba de diagnóstico me fue como las pelotas. Claro, ante la fuerza de la evidencia, uno podría legítimamente hacer la observación de que los resultados de una prueba de diagnóstico no son nunca errados, en el sentido de que siempre determinan un nivel al que la persona que tomó la prueba (o individuo, si nos ponemos exquisitos) debe entrar, y ese nivel es siempre el apropiado. Sin embargo, ese tremendamente fome pedacito de arriba parte de la base de que la prueba está bien diseñada.

La prueba de diagnóstico que tomé para ver mi nivel de japonés constaba de tres partes: la primera era una prueba de kanji, los ideogramas japoneses que derivan de los caracteres chinos (de ahí el nombre)1, la segunda de gramática, y la última de vocabulario.

En la de kanji me fue pésimo pésimo. De las aproximadamente 40 palabras que habían sólo pude saber una, y esa la supe de puro suertudo que soy porque justo esa mañana la había visto en el metro y le había preguntado a un amigo qué significaba (ahora olvidé la palabra, pero significaba “peligro”).

Eso, sin embargo, era el resultado que esperaba, porque a pesar del infinito aprecio que le tengo a la gente del Instituto Chileno-Japonés de Cultura, que me enseñaron buena parte de lo que sé de japonés, me veo obligado a decir que no me enseñaron casi ningún kanji. Malditos. De cualquier modo, como iba diciendo, la sorpresa no fue esa. La verdadera sorpresa vino en las otras dos pruebas que también estaban escritas en casi puros kanji.

Claro, no va a faltar el que diga, muy acertadamente, que la prueba no estaba escrita en kanji sino que en japonés, que – ¡oh! – se escribe con kanji. Sin embargo, si el objetivo de la prueba de vocabulario, por poner un ejemplo, no era verificar la cantidad de kanji (en singular no más porque el japonés no tiene plurales, y algo me dice que la palabra todavía no es un préstamo en castellano) que uno sabía, entonces decidieron una muy interesante manera de probarlo, porque la única manera de saber qué te estaban preguntando, era leyendo los desgraciados dibujitos. Así las cosas, todo eso me sirve para contarles que le he estado dedicando ultimamente todo el tiempo del que dispongo (claro, cuando internet, las salidas, la comida, la universidad, la lectura y las conversaciones y paseos me dejan tranquilo) al estudio de los famosos dibujitos.

Estudiando estas cosas, tratando de que pasaran de ser un montón de complejos garabatitos sin sentido a ser ideas plasmadas en tinta, he ido notando algunas relaciones interesantes, que aunque escasas por el momento, de seguro resultarán interesantes en su momento.

Lo primero que deben saber para entender de lo que me voy a poner a divagar a continuación, en todo caso, es que los kanji están formados por radicales. El primer diccionario de kanji que existe es el Shuowen Jiezi (說文解字), escrito alrededor del s.II d.C., que usaba un sistema de 540 radicales. Posteriormente, en 1615, se hizo un nuevo diccionario que redujo la cantidad de radicales a 214: el Zìhuì (字彙). Esta tabla de radicales se mantuvo con el diccionario Kangxi de 1716 y es la que se ha usado desde entonces para el estudio y la enseñanza de los kanji, y para la publicación de nuevos diccionarios.2

Estos radicales aparecen en todos los kanji, ya sea como elemento semántico, fonético o como único elemento constituyente del caracter3 y pueden aparecer en cualquiera de cinco lugares dentro del caracter: a la izquierda, a la derecha, arriba, abajo o alrededor (o al medio). Algunas veces, para ajustarse a la cuadrícula a la que todos los kanji se ajustan, algunos radicales aparecen estirados, o aplastados, o incluso con variantes con un número inferior de trazos, etc.

table_of_radicals.png

Lo interesante entonces, es que a menudo, con sólo ver un ideograma, uno tiene una muy buena idea de los elementos etimológicos que lo componen, y desde una perspectiva a la vez completamente desinformada y externa, me da la impresión de que esto debe facilitar bastante el trabajo de la etimología japonesa (dejando de lado, claro, las evidentes complicaciones de demostrar si tal o cual radical de hecho corresponde a una variante de tal otra, y qué hace en un caracter que no tiene nada que ver con nada, por poner el priemr par de ejemplos que se me vienen a la cabeza). De todos modos, aunque sea para reirse un poco, veamos algunos kanji que tienen relaciones interesantes.

Por ejemplo, el ideograma para “divertido” o “entretenido” es 楽 (en japonés, el adjetivo entero se escribe 楽しい, y se romaniza tanoshī), pero el ideograma para “remedio” o “medicina” es 薬 (se romaniza kusuri). Sin entrar demasiado en detalle, porque no sé lo suficiente, baste con notar que la única diferencia es el 艹 que el segundo tiene encima, que a todo esto es el radical de “pasto”. Los remedios (¿hierbas medicinales?), al parecer, son pasto entretenido.

El otro caso relativamente interesante es el darse cuenta de las relaciones que existen entre palabras que a primera vista no parecen estar relacionadas. Por ejemplo, no le he preguntado a nadie que sepa de verdad, pero creo que se puede decir con un cierto grado de certeza que alguna relación ha de existir entre las palabras japonesas para “templo”, “poema”, “esperar”, “llevar (en la mano)”, “tiempo”, “especial” y “samurai”, cuyos ideogramas son, respectivamente, 寺, 詩, 待, 持, 時 特 y 侍.

Por último, a mí por lo menos me entreteniene encontrar en mi diccionario (el de Spahn y Hadamitsky, gracias por preguntar) cosas como la siguiente: 牛 es el ideograma para vaca, y se puede leer ushi, gyū o go . En la otra esquina, y con sólo 8 trazos, tenemos a 乳, que puede significar leche o pechos (de mujer, si entienden la asociación), y que se puede leer chi, chichi o nyū. Ahora, estos dos caracteres juntos hacen la palabra gyūnyū (ぎゅうにゅう, 牛乳), que significa leche (generalmente de vaca, pero no sé si siempre). Pero también forman nyūgyū (にゅうぎゅう, 乳牛), que significa vaca lechera. Fascinante4.

Demás está decir que todo esto puede perfectamente no ser más que una serie de datos curiosos y no tremendamente significativos, o por otro lado, una serie de malinterpretaciones hechas por alguien que no conoce demasiado bien de lo que habla, como tantas veces vemos que pasa en castellano5. Sin embargo, como no se pueden hacer esos comentarios tontos si uno sabe de lo que habla, es mejor hacerlos cuando no se sabe, así por lo menos se tiene una excusa.

¡Hasta la próxima!


  1. kanji en japonés se escribe 漢字 en kanji (…). El segundo significa “caracter” (no “carácter”, fíjese en los acentos pues, que para eso están…), mientras que el primero se refiere a la dinastía Han en particular y a China en general. [volver]
  2. La única modificación que conozco de esta lista es la que Spahn y Hadamitzky hicieron para la publicación de su Japanese Character Dictionary – With Compound Lookup via Any Kanji en 1989, revisado en 1996 y republicado en 2002 con el título The Kanji Dictionary. [volver]
  3. O en la mayoría de estos, dependiendo de si se usa o no el sistema resumido de 79 radicales, que tiene una sección relativamente grande de kanji “sin radical”. [volver]
  4. ¿Impresionados? Yo quedé igualito cuando supe que en japonés “diente de leche” se dice nyūshi , y se escribe con 乳 y 歯, que son, respectivamente, los ideogramas de leche y diente. Y en inglés, aunque no se use demasiado, la expresión “milk tooth” también existe para expresar lo mismo. Yo por lo menos no habría pensado que la relación entre los dientes de un niño y la leche era tan evidente. [volver]
  5. El ejemplo más pelota de los que conozco es que el castellano es una lengua “ilógica” porque tiene dobles negaciones (…). [volver]

para matías y la andrea…

Saturday, November 11th, 2006

Justo en este momento, si logré arrastrarme de mi cama al computador como lo planeé, Matías y la Andrea se están casando.

Desde Japón, un saludo puro porque se lo merecen, porque me gustan, porque hacen una tremenda pareja y porque -aunque no haya que decirlo- ya era hora.

Felicitaciones. Coman y tomen por mí. Soñaré con ustedes, para vernos en la fiesta.

Besos y abrazos, y un regalito cortesía de Calvin and Hobbes, como prueba de que hay cosas que no se pueden explicar con palabras, ni con ejemplos, aparentemente. Ojalá podamos aprender a querernos como ustedes.

andrea-y-matias.png

tu#11 – hoy disparamos!

Saturday, November 11th, 2006

Posteo breve, sólo para registrar el hermoso día en que por primera vez una flecha fue disparada por las manos que escriben en este momento. Finalmente, luego de varias semanas de práctica (varias de esas sin siquiera tocar un arco, algo así como las clases de guitarra de Phoebe en Friends), finalmente lograron confiar en nosotros lo suficiente para dejarnos disparar al makiwara1, que es una especie de atado de paja que sirve para practicar. Nuestro círculo practica en tres dojos distintos: uno cerca del centro de Tokyo, uno cerca del campus Komaba y otro relativamente cerca de Kichijoji. El dojo de Hongo, el que queda cerca del centro de Tokyo, tiene el makiwara más grande que he visto: es una especie de gran atado de paja de como un metro y medio de diámetro y unos 70 centímetros de profundidad.

Uno se para frente a esta cosa, con la flecha en mano, y dispara como si fuera a hacerlo de a de veritas, pero hacerlo con la gracia con la que lo hacen mis sempai va a ser mucho más difícil de lo que pensaba. La energía que liberan esos arcos es enorme, y todavía no logro mantener los ojos abiertos en el momento de soltar la cuerda. La cagó cómo se siente, es realmente impresionante como sale esa flecha disparada.

Extrañamente, hoy fue la primera práctica para la que pensamos seriamente no ir, debido a la flojera de fin de semana y una amenaza de lluvia un poco constante. Jack, de hecho, decidió no ir, y se perdió la práctica más importante e intensa que hemos tenido. Debemos haber disparado unas cinco flechas, y al final ya no daba más. Necesito encontrar la manera de disparar relajado, pero creo que lo voy a lograr, y sé que el camino hasta allá y el eventualmente lograrlo, va a valer tanto la pena…


  1. En karate también se usan makiwara, pero son distintos. Los makiwara de karate son unos palos enterrados que tienen unos patacones de paja en la punta que está sobre la tierra, y sirven para aporrearlos con la manos y los pies. Los makiwara de kyudo se llaman igual, pero no se les pega: se los ensarta. Las flechas que se usan con los makiwara de kyudo también son distintas: no tienen plumas. Al parecer, vamos a tener que hacer otro viaje a la tienda de kyudo a comprar flechas de esas, que no compramos, y a aprovechar de que nos borden los nombres en nuestras hakama. [volver]

tu#10 – el primer mes

Friday, November 10th, 2006

Hace poco tuve mi primer encuentro con lo que será probablemente el resto de mi vida. Llegué feliz y satisfecho después de un largo día en la universidad a mis 14 metros de comodidad y privacidad, sólo para encontrarme con mi pieza sin luz ni agua, caliente ni normal. A la pobre de Gladys le quedaban como 30 minutos de batería (porque la había dejado bajando un instalador de Windows para arreglar un computador) y la maquinita que me marca lo que tengo en mi cuenta de arriendo decía que debía como ¥9400. Mala onda.

No he hablado nada de el sistemita que tienen para pagar las cuentas, aunque en una de esas vale la pena por lo menos mencionarlo. La residencia se organiza en torno a un especie de salón de actividades que llamamos afectuosamente el “Common Hall”. Ahí se hacen desde las fiestas hasta eventos más informales, como juntarse a estudiar, o a practicar algún instrumento, jugar ping-pong o incluso practicar artes marciales. Otra de las cosas que se hacen ahí es pagar el arriendo.

En una piececita aparte tienen unas especies de máquinas expendedoras (todo se hace con máquinas aquí), una por edificio. Uno ingresa el número de la pieza y puede meterle más plata a la cuenta. Uno podría de hecho pagar todo el año, o lo que fuera, pero por motivos obvios es mejor ir de a poquito. Además, a la entrada de mi pieza tengo una maquinita que me dice cuánto me queda, y que parpadea cuando tengo menos de quinientos yenes (como ahora, por si les interesa).

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La cosa es que los muy desgraciados se toman muy en serio eso de que el arriendo es por mes, y cuando llegué de la universidad el primero de noviembre pasado, estaba en las tinieblas. Partí raudo a pagar mis cuentas sólo apra enterarme ahí que mi conexión a internet también se había cortado. Así como lo ven, mi vida se precipitaba en caída vertiginosa por un abismo de miseria, sufrimiento y falta de internet.

Sólo una semana después logré volver a vivir, y ahora, cuando todavía me recupero de las profundas consecuencias que toda esta experiencia dejó en mí, tengo en mis manos la cuenta de mi celular, la primera del año. ¥6400. Odio las cuentas.

Sin embargo, no es lo único que me ha llegado por el correo. Todos los días, probablemente porque nunca he tenido una casilla propia y me dan ganas de sentirme importante, reviso mi casilla de correo. Generalmente no hay nada, y sólo rara vez me llega una cuenta o una notificación de que tengo que ir a hacer algo a la oficina de la residencia1. Sin embargo, hace poco recibí con una sonrisa en mis labios los discos de isntalación de Ubuntu.

Resulta que los chicos buenos de Ubuntu tienen la idea (muy acertada, creo yo) de que la mejor manera de difundir Ubuntu -y con él, Linux- es dándole a la mayor cantidad de gente el acceso al OS. Por eso tienen en su sitio una página donde uno puede bajar las imágenes de los discos de instalación para grabarlos en sus propios discos y usarlos por la vida. Y por si esto fuera poco, también puedes encargarlos por correo, de forma completamente gratuita, desde aquí2. La cosa me funcionó a mí, y mucho más rápido que las tres semanas que dicen que se puede demorar. Pedí los tres discos, para estar listo para isntalar Ubuntu en la máquina que me pongan por delante (ahí va a haber que ver cómo me va, que es otra historia completamente diferente).

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Y lo más pulento es que junto con mis discos sexys me llegaron cuatro -¡sí! ¡cuatro!- sensuales stickers de Ubuntu con los que puedo hacerle más propaganda. Uno de ellos ahora está en mi puerta, por fuera, junto con una banderita chilena, banderita tricolor, para decirle al mundo quién soy, miéchica.

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Además de eso, debo decir que mi vida no ha estado muy interesante. He comprado millones de libros de manga, aunque he podido leer muy poco, porque a pesar de que puedo entender manga en japonés con ayuda de un diccionario si es que el manga tiene furigana (las letritas chiquititas arriba de los ideogramas que dice cómo se leen, y que permiten buscar las palabras en los diccionarios más rápido que buscando puros kanji), no todos los manga tienen furigana. De hecho, son pocos los manga que tienen furigana para todos los kanji (como Death Note, One Piece o Dragon Ball) y otros manga, como Vagabond, no le llevan todo lo que es el furigana salvo en los casos más extremos3. Además de tomos de todos los manga que acabo de mencionar, excepto Death Note, me compré los siete tomos del manga de Nausicaä, pero esos no le pegan mucho al furiganazo tampoco, así que tendrán que esperar. Se ven preciosos eso sí en mi estante…4.

Además de todo esto, aproveché mi semana sin internet para amononar mi pieza, y convertirla un poco más en algo mío-mío. Empecé por pegar en la apred las postales que compré en Nueva York. Son un montón de postales, la mayoría con retratos de personas que, por una razón u otra, admiro o me gustan. Son personajes igual bien variados, desde Bob Dylan a Malcolm X, o desde John Lennon a Audrey Hepburn, y me di el trabajo de ponerlos de modo tal que, sentado en mi computador, los pueda ver a todos al mismo tiempo sin que se reflejara la luz de mi pieza en ninguno.

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Además de mi pared de retratos, tengo la foto que me regalaron los chiquillos antes de mi partida (la Mari, el Peter, la Vale y la Camila) y la foto de el único perro que realmente me gustaría tener como mascota canina: Perro. Hace unos años, el 2004, cuando fuimos de paseo al sur con Sake, Gabriel y la Camila, ese perro nos siguió y nos acompañó sin nunca portarse como un perro desagradable, se ganó todo nuestro cariño, y desapareció misteriosamente, tal como apareció, el día que volvíamos. El perro fantasma de la laguna Cayutué.

Dos años después, y a medio mundo de distancia, su foto está pegada a mi cama. La más linda de las fotos que tengo en mis murallas.

¡Nos veimos!


  1. Hay excepciones, como el magnífico número 5 de en-raizada, que me llegó cortesía muy especial de la buena de la Javi. ¡Gracias! [volver]
  2. Esto también lo dije en la incipiente e incompleta guía/registro de instalación de Linux que estoy/estaba haciendo, y que pueden ver aquí. [volver]
  3. De estos, ahora mismo estoy leyendo One Piece, comprado en Book Off. Amo esa tienda. Manga usado, entre ¥350 y ¥105 por volumen, que en el caso de cómics más abacanados, como Vagabond, por ejemplo, es verdaderamente una ganga. [volver]
  4. Y antes de que pregunten, si no fueran tan baratos no los compraría. No me voy a quedar pobre por comprar manga, no os preocupéis… [volver]