tu#17 - de paseo por cambodia

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Salimos de Singapur el primero, después de haber pasado dos noches en compañía de Vic y Nat que se portaron de maravillas. No nos dejaron pagar nada de nada (a pesar de nuestras eventuales quejas agradecidas), nos alimentaron como si fuéramos a ir a perdernos en el desierto y nos entretuvieron profusamente (si es que se permite usar esa palabra) todo el tiempo que estuvimos ahí, con promesas de seguir haciéndolo a la vuelta, en nuestra segunda estadía en Singapur.

El vuelo a Phnom Penh fue bastante poco interesante y una vez allá, otro viaje poco interesante más tarde, ya nos encontrábamos en nuestro hotel. En Cambodia nos tomó exactamente lo que se demoró el taxi en salir del aeropuerto para empezar a sentir picadas de unos bichos misteriosos que pululaban por ahí, mientras que el calor ya se había convertido hace tiempo en una cosa eternamente presente. Las zapatillas, por supuesto, se habían quedado lejos, en Singapur, y desde entonces lo único que me separaba del piso fueron unas chalas de esas con gomita entre el pulgar y los demás.

Nada podría habernos preparado para la diferencia que íbamos a encontrar entre Singapur y Phnom Penh, eso sí. En el barrio en donde íbamos a vivir, que después averiguamos que es un barrio bastante céntrico dentro de todo, al ladito incluso de la embajada de Alemania, las calles no están pavimentadas, excepto las grandes, y la basura que había desaparecido en Singapur parecía estar toda aquí tirada por todos lados, como si hubiera habido una feria hace poco y no hubieran tenido tiempo de limpiar.

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En la entrada del hotel, que por lo demás parecía bastante digno, nos recibió un letrero no muy auspicioso, eso sí, prohibiendo armas, drogas y ruidos escandalosos. Y en nuestra pieza estaba el otro, el que está aquí arribita, advirtiéndonos que no era una buena idea tirar nuestras cosas, ni nuestra basura, por la ventana. Uno esperaría que hay ciertas cosas que no hay ni que decir. O sea, si es necesario poner un cartelito que diga eso, es porque pasa por lo menos con relativa frecuencia.

Bienvenidos a Cambodia .

A la mañana siguiente agarramos un Tuk-Tuk desde el hotel (llamado por ellos, ad honorem Ignacio Lira) y partimos a recorrer lo que nos interesaba ver de la capital de nuestro nuevo país huésped. A saber, los Killing Fields y el museo del genocidio en el centro de detención S-21 en plena ciudad.

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Para explicar bien lo que pasó en Cambodia entre mediados de los 50’s y finales de los 70’s se necesita no sólo más conocimientos de política internacional de los que tengo si no que mucho más espacio del que este posteo puede tener. Por el momento, tendrá que bastar con decir que después de que se logró la independencia de Francia con la convención de Ginebra en 1953 los partidos internos se empezaron a pelear por el poder que finalmente quedó en manos de la derecha tras elecciones aparentemente dudosas. Para evitar represalias de la izquierda, el gobierno empezó una serie de políticas de represión ideológica que terminaron con la clausura de los diarios y publicaciones de esa tendencia y la ejecución bajo custodia de las cabezas del partido.

Las cosas eventualmente llevaron al alzamiento de un partido Comunista que había desarrollado un comunismo particular (basado en una idealización del campesinado en vez de la clase obrera y en parte en algunas ramas del budismo). El partido, en manos de Pol Pot, era conocido como el Khmer Rouge, y después de una guerra civil, llegó al poder con ayuda de Vietnam, China y el mismo líder del gobierno contra el que habían empezado, Norodom Shihanouk (que los empezó a apoyar luego de que lo destituyeran de su cargo tras haber inventado marchas en Phnom Penh en contra de Vietnam para después culpar a opositores de que ellos habían sido los que las habían causado).

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El regimen de Pol Pot duró hasta 1979, fecha en que fue expulsado por Vietnam como parte de sus intenciones de convertirla en un nuevo Laos (según Wikipedia, por lo menos). Durante ese tiempo, lo que quería hacer era convertir Cambodia en un estado agrario volviendo a un estado primitivo idealizado. Para eso, prohibió el uso de tecnología que no fuera aprobada por el comité dentral. Para evitar que la gente de los grandes centros urbanos mantuviera sus costumbres no-revolucionarias, evacuó las ciudades hacia el campo. Se abolió el uso del dinero y se condenó la intelectualidad como la plaga. No sólo los intelectuales eran ejecutados (bastaba con parecer intelectual) sino que sólo los miembros del campesinado que venían de familias no educadas podían entrar al partido. En total, los estimados de la gente ejecutada por Pol Pot y el Khmer Rouge van desde 800.000 (según Pol Pot mismo) a 3.000.000 según conteos del Gobierno de Cambodia. La mayoría de lso conteos internacionales, eso sí, se quedan alrededor del millón y medio.

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Aproximadamente 17.000 de esos pasaron por la S-21. De esos, sólo 7 sobrevivieron. Los detenidos en el campo eran torturados cuando las confesiones eran políticamente útiles, y después eran llevados a Choeung Ek, en donde eran obligados a cavar sus propias tumbas masivas y después apaleados hasta la muerte o enterrados vivos. Los guardias no usaban balas para ahorrar plata. Uno camina entre las tumbas, con los restos de ropa entre medio, y ve las tumbas separadas por tipos. La de las mujeres con guaguas (convenientemente al lado del árbol que usaban para matar las guaguas como los Espartanos), la de los guardias traidores, la de los descabezados, y así y así…).

En medio de Choeung Ek hay una Stupa. Es una especie de edificio en arquitectura Camboyana, de varios pisos de alto. Dentro, y donde se pueden ver, están las más de 8.000 calaveras que se han recuperado del campo. En el primer piso están las ropas.

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Ya, cambio de tono, cambio de tono. Mucho.

De ahí, y para convencernos de que Phnom Penh no es sólo un lugar triste, y de que el país tiene otras cossa que mostrar, nos fuimos a ver el mercado Ruso y el Palacio Real. El mercado era como un Persa grande, más variado y sorprendentemente más asqueroso. Cuando pasé por la sección de comida tuve que hacer fuerza para no devolver la que ya había comido, y el resto de nuestros giros por el mercado fueron pensados de modo tal que no tuviéramos que pasar por ahí de nuevo. Aparte de eso, el mercado vende una cantidad ridícula de cosas, desde partes de moto a pescados vivos, y es realmente caótico.

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El palacio real era bastante sorprendente por, aunque afortunadamente de un modo súper distinto. La arquitectura tradicional Camboyana se parece un poco a toda la de la zona (seguro que los conocedores de por ahí conocen las diferencias, pero yo no) y la verdad es que es bien bonita. Algo recargada a veces, pero todo lo de esta zona es medio recargado, y es de algún modo refrescante. Además, me encantan las llamitas que parecen salir de las esquinas de los techos.

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El tráfico es otra cosa de la que hay que hablar en Cambodia. En chile, por ejemplo, tenemos leyes del tránsito, pero en Cambodia, esas parecen ser más guías de comportamiento que otra cosa. Por ejemplo, la gente maneja por la derecha (poco común en la zona, fíjensen, porque Tailandia, Singapur, Japón, hasta Nueva Zelandia, todos esos manejan por la izquierda, y yo que pensaba que era una cosa de islas…) pero las pistas no se han inventado. Además, si la izquierda está más cómoda o me cae mejor, manejemos por la izquierda. Y si tengo que cruzar la calle, bueno, a cruzar la calle. Qué es eso de semáforos, o derecho de paso, comodidades de país desarrollado que no tiene problemas.

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He estado en una buena cantidad de países con conceptos laxos de cómo manejar, pero Cambodia… Cambodia se lleva el premio lejos. Lejos. Cambodia viene de vuelta. El tigre con más rayas, la papa con más ojos, la estrella con más puntas, etc. ¿Esa foto en la portada de la moto con la familia entera a cuestas? La moto es un taxi. La familia son los pasajeros. Y esa no es la moto con más gente que vi. Una, a la que no le alcancé a sacar foto, tenía seis personas. Dos de las cuales eran niños chicos.

Think of the children… yeah right…

En el próximo posteo, ¡a Angkor Wat, mijos!

2 Responses to “tu#17 - de paseo por cambodia”

  1. Cotecita Says:

    En la Chiquitanía también hay la caleta de motos, y por supuesto, mototaxis. Y sí, también montones de individuos transportados por éstas.

    El tercermundo es el tercermundo aquí y en la quebrada del ají, quizás. AUnque con matices diferentes. Hartos. En este caso, con una historia menos dolorosa que la que cuentas, ¡¡UF!! nuevamente, declaro mi ignorancia sobre las cosas de las que hablas.

    En Bolivia, eso sí, para no estar fuera de onda, en todas partes piden a gritos un Pinochet propio, “para que mate a todos estos indiosdemierda!”. Lo juro, me lo comentaron, así en güena, más de 5 perosans equis, ni siquiera amigos, en distintas partes. A veces, gente con el mismo porcentaje de rasgos indígenas, pero del lado de acá del país… Heavy.

    Hartos besos.

  2. Gorgonzola Says:

    yo en bolivia conoci un tipo que admiraba a pinochet por que se habia cargado a todos los judios en chile. plop.

    definitivamente hay gente muy rara en el mundo.

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