se murió kurt vonnegut
Friday, April 13th, 2007Hoy me llegó una mala noticia.
Se murió Kurt Vonnegut.
Me ha pasado algunas veces que saber de la muerte de alguien al que nunca he conocido me causa real pesar. Me ha pasado incluso con gente que se había muerto mucho antes de que me enterara, pero que se muere de nuevo cuando yo me entero.
Esta vez fue algo diferente. Esta vez me enteré relativamente junto con su muerte. Y más que pesar, así con congoja y dolor, lágrimas y demases, lo que tengo es un hoyito, un hoyito de esos que lo hacen decir a uno “por qué”, sabiendo que la pregunta no tiene ni respuesta ni lugar.
Descubrí a Vonnegut gracias a dos cosas. La primera fue mi casa en Mar del Plata. En esa casa había más libros de los que se podían catalogar y leer, y entre esos había muchos libros de autores muy variados. Uno de esos era Dead Eye Dick. Un día, ordenando mi casa por enésima vez encontré ese libro y como el autor me sonaba conocido (debo de haber oído su nombre en algún lado) lo guardé por si acaso, pero nunca lo leí.
Hasta que apareció la otra “cosa”. Esta cosa no es tan “cosa” eso sí, porque es una persona, y a las personas no se les puede decir cosas1. Esta persona es Alicia Urquidi. Ella me dijo que el libro era excelente y que si se lo podía prestar. Lo hice. Se lo leyó en tiempo récord. Me lo devolvió y me lo recomendó, todo eso en un dos por tres. Y el libro volvió a juntar polvo.
Tiempo más tarde, cuando faltaba ahora cada vez menos para la muerte del autor, decidí llevarme el libro de vacaciones. Lo leí en Ñilque, y me reí de principio a fin, tanto que mis sobrinos me temían a la distancia. Tanto que cuando noté que le faltaban pocas páginas para terminar empecé a releerlo, a dar vuelta las páginas cada vez más lento, a leer cada página dos o tres veces, para hacerlo durar. Creo que nunca he disfrutado tanto leyendo un libro. Y lo mejor de todo es que no se puede decir que era un libro alegre. Es un libro terrible, en cierto sentido, pero es simplemente hilarante. Y eso lo hace tanto mejor.
Terminé de leerlo convencido de que había descubierto una nueva estrella. Volví a Santiago y empecé a buscar libros de él, y me empezaron a saltar nombres conocidos. Slaughterhouse-Five, Breakfast of Champions… y algunos no tan conocidos, que eran los que estaban en la biblioteca. God Bless You Mr. Rosewater, Cat’s Cradle, Welcome to the Monkey House, etc. Me los leí todos. Me encantaron todos. Jamás me había refrescado tanto un autor como cuando me topé con Vonnegut.
Y ahora se murió.
Me ha pasado dos veces que encuentro un autor que me encanta y decido que le voy a escribir, que no puedo dejar pasar la oportunidad de decirle lo mucho que ha significado para mí, que no puedo dejar que se vaya sin explicarle lo mucho que me ha gustado, sin felicitarlo por su trabajo, sin por último hacerle saber que hay uno más al que le gustó lo que escribió.
Las dos veces se me ha pasado.
La primera fue con Cortázar, y me pasó casi dos décadas demasiado tarde. La segunda es ahora, y me va a tomar un tiempo darme cuenta de que ya es muy tarde. O quizás no. Quién sabe.
Yo no soy escritor, y las veces que he tratado de escribir me han salido cosas que, a pesar de haberse ganado mi afecto, no se puede decir que sean buenas. No sé por qué, pero la pura verdad es que no sé escribir. Así no más. Sin embargo, me creo capaz de reconocer cuando alguien sí puede, y pocas veces me ha pasado como con Vonnegut. Aquí, atrasado, para variar, un pedazo de Dead Eye Dick que me gustó particularmente cuando lo leí y que ahora, bajo otra luz, leído en la otra mitad del mundo y con un autor menos en el mundo, me vuelve a gustar.
“We all see our lives as stories, it seems to me, and I am convinced that psychologists and sociologists and historians and so on would find it useful to acknowledge that. If a person survives an ordinary span of sixty years or more, there is every chance that his or her life as a shapely story has ended, and all that remains to be experienced is the epilogue. Life is not over, but the story is.”
Ciertamente Vonnegut pasó los sesenta años, y aparentemente más de una vez pensó que estaba viviendo su epílogo. Pero si se me permite decirlo, fue un excelente epílogo.
God Bless You, Mr. Vonnegut.
- O bueno, se les puede decir cosas, pero no se las puede llamar “cosas”. [volver]




