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tokyo update #4 - the final countdown

Wednesday, August 30th, 2006

Ha pasado una montonera de tiempo en un período en el que las cosas andan demasiado rápido. La última vez que escribí andaba en busca de visas y cosas varias, y eso fue una aventura en sí misma, pero todo eso ya pasó. Las visas salieron con tiempo y confianza, y la de Japón con una prontitud nunca antes vista y sólo un par de días antes de que el viaje mismo tomara lugar (la visa estuvo en mis manos el jueves en la tarde, y yo volaba el lunes en la noche). Está bien, quizás no fue demasiado encima, pero si consideramos lo que habría pasado si no me hubiera llegado habría sido dramático.

Ese fin de semana fue el fin de semana emotivo del que todo le mundo que se va a algún lado habla. La preparación partió conociendo a gente vinculada a Japón y terminó despidiéndome de todos los que me vinculaban a Chile.

Las personas de Japón que conocí fueron Natalia Cortázar, la becada JASSO que se iba a ICU (y que debe estar, en este preciso momento, volando a un poco más de 7 horas de llegar al aeropuerto de Narita) y Mauricio Mellado, el becado JASSO del período académico anterior (2005-2006) que había ido a Todai. Las conversaciones con ellos dos salieron bastante bien. Una fue en torno a un helado del Sebastián y a lo largo de varias horas, y la otra fue en el casino de San Joaquín conversando de posibilidades de trabajo y de viajes al sudoriente asiático.

El viernes de esa semana tuve una comida de despedida con la familia de la Camila, y eso salió bastante bien. Comimos un plato de tallarines salteados y creo que pocas veces he estado tan nervioso como durante la preparación de dicho plato. Entregado a ciegas a la sabiduría cocinera de doña Elcira y de la Camila, todo quedó bien y sabrosísimo, y además, salió tremendamente cundidor.

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Al día siguiente le tocaba a mis amigos, e hice una cosa en mi casa que salió también tremendamente bien. Fue una especie de cumpleaños adelantado. Faltaban la pura torta y los tacos. El domingo le tocó a la familia, y también salió bastante bien, aunque menos emotiva. La emotividad familiar se reservó hasta el aeropuerto, que fue bien dramático. Yo no logré llorar, me imagino que porque estaba preocupado de otras cosas, pero sí llegué al otro lado con bastante pena por la partida, pero un enorme viaje por delante.

Al principio me dediqué a mirar tonteras en el Duty Free y esas cosas, pero de repente se me hizo que podría ser una buena idea partir a mi puerta, y resultó ser una tremenda idea, porque la cosa ya estaba en movimiento hace harto rato. Yo hice uso de mi pase preferencial, sin embargo, y pasé raudo por la manga dejando al perraje con sus problemas de meros humanos no-preferentes.

El vuelo pasó sin mayores problemas. Mi enorme mochila ocupó una enorme cantidad de espacio entre mi asiento y el que venía más adelante, y me jodió durante todo el viaje, pero no tanto como el pelotudo que iba al lado, que se fue durmiendo todo el viaje, con su codo usando una cantidad degenerada de mi legítimo espacio en el apoyabrazo compartido, y sólo despertaba de repente para arreglar, sin ayuda de pañuelos, sus problemas de reflujo. Feo. Bien Feo. Y húmedo. Y sonoro. MAL.En el vuelo vi Hoodwinked, una película gringa acerca de la caperucita roja que, si bien entretenida, no era ni la mitad de divertida de lo que pretendía ser. Digamos que abusaba de ese humor gringo idiota que también chorrea por Shrek, que, admitámoslo, no era ni la mitad de buena de lo que todo el mundo dijo. Como iba diciendo, Hoodwinked era del tipo de películas que encuentra tremendamente divertida y genial la idea de que la abuelita de la caperucita disfrute de los deportes extremos, que sirve de pie par una extensa secuencia de la abuelita en snowboard, en parapente, y en una serie de deportes en combinaciones cada vez menos plausibles. Una idea tremendamente original…Al llegar a Miami - la capital mundial de la puramierda, si la Coté me deja citarla libremente - tuve que correr un buen poco para agarrar mi avión y tuve mi primer encuentro con esta onda tan típica gringa de la orden prepotente a la hora del control de masas. Es una reacción súper extendida en todo caso, pero tremendamente desagradable. En mi caso, se manifestó en un tipa que repartía gente por una cola. Yo llegué a mi cola para llegar a la puerta de embarque, pero la cola era ENORME y a mí me quedaban exactamente 5 minutos para estar ahí y abordar. Le mostré mis cosas y me dijo que hiciera la cola y me hizo pasar. Yo me devolví para preguntarle si estaba segura, porque me quedaba muy poco tiempo, y empezó: “Sir, sir, please step back”, casi como si ella fuera un paco apuntándome con una pistola y yo me estuviera acercando con las manos acercándose a mi chaqueta. Es esa onda como de control de masas, como de “por favor no me haga repetirlo, señor”, con un trato de cortesía que realmente no resulta cortés.Eventualmente, sin embargo, llegué a mi vuelo y todo bien. El vuelo estuvo harto más fome, pero en el camino me leí Novecento, el mismo libro de La Leggenda del pianista sull’oceano con Tim Roth, que siempre hace unos papeles tan re buenos. Cuando terminé el libro, me puse a conversar con una niña muy simpática que voló al lado mío, que con el pasar del tiempo se puso cada vez más conversadora, hasta que la mamá me miraba con cara de “Dios santo, cómo habla esta niña”. Luego vino el encuentro con Matías y la Marce.

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Con ellos pasé el resto del día, y hasta el momento me han tratado verdaderamente como un Rey. La foto es de una salida que hicimos a una cosa que se llama Rattlesnake Bar & Grill. Ahí, a eso de las 8:30 de la noche, se nos ocurrió que en una de esas me podía quedar, y empezamos a darle vueltas hasta que terminamos llamando, desde la casa, a American Airlines, en donde nos dijeron que teníamos que hablar con LAN Chile. Cuando hablamos con ellos después nos dijero que teníamos que verlo con la gente de LAN Pass, porque el pasaje era pagado con millas, y la gente de LAN Pass a esa hora ya se había ido y volvía a la mañana siguiente a eso de las 8:00am.A la mañana siguiente partimos a las 6:00am acompañando a Matías a su pega en el Credit Suisse y con la Marce nos fuimos a JFK, donde logramos cambiar los pasajes. Sin embargo, cuando preguntamos por las fechas de viaje yo dije que me quería ir el 9 de Septiembre, y me dijeron que para ese día no habían pasajes. Sí había para el 8, pero yo lo encontraba un poco luego demás, y había pasajes también para el 20, pero eso era ya muy tarde.Había pasajes también para el 11. El 11 de septiembre. En un avión American que salía de Estados Unidos. Justo media década después de.

Esa sí que habría sido una historia digna de contar, pero al final, la presión de mis padrinos me hizo desistir de la idea. Yo todavía creo que habría sido entretenido, ver qué tan urgidos estaban los gringos en el avión, y cuántos se atrevían a volar ese día, pero no será. Para otra vez.

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El resto del día lo pasé con la Marce un poquito y de ahí de vuelta en Norwalk. Una vez ahí me dediqué a informarle a mi familia y amigos de dónde estaba, y este mismo posteo es parte de esa estrategia comunicacional. Su objetivo es que la gente que no se ha enterado de las cosas lo lea y deje de joder. En buena sí. :) Y eso es todo. Luego vendrán más posteos con más información. Yo, por mientras, disfruto Nueva York y la compañía de mi hermano perdido y de mi madrina subrogante.

—Antes de que lo olvide: http://amigomauricio.blogspot.com