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tu#16 - a singapur los pasajes

Thursday, March 29th, 2007

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Bien atrasado, como tiene que ser, empiezo un recuento de mi periplo de una semana y tanto por Singapur, Cambodia y Tailandia. En varios sentidos este viaje me recordó mucho el que hice en tierras más hogareñas por Perú con un montón de amigos el 2005, así que si de repente se me salen comparaciones entre ambos, ya saben de donde son. La idea de esto es hacer un posteo largo eso sí, separado en varias partes. Muchas cosas que contar, y muchas etapas en el viaje demasiado claramente marcadas para no aprovecharlas. Predigo por lo menos cuatro posteos sobre el viaje, así que agárrensen.

El viaje se empezó a planear hace bastante. Sabía que algo tenía que hacer para mis vacaciones de primavera (claro, primavera local, lo que vendría a ser nuestras vacaciones de verano chile)1, pero el proyecto original incluía partir en gira por China con un amigo gringo, Chris, que tenía ganas entre otras cosas de darse una vuelta por el desierto de Gobi, que hay que decirlo, suena interesante. Además, habla chino, lo que siempre es bueno yendo a China. Tantas eran las ganas que hasta saqué visa, que ahora lamentablemente sólo ocupa espacio en mi pasaporte (hay que decirlo, un espacio abacanado, con una visa china, pero de todos modos, en términos prácticos, es sólo espacio perdido). Y bueno.

Al poco andar, y por varias razones, el viaje a China no pasó, y decidí subirme al carro de Sera, que planeaba otro viaje a Tailandia. Ella lo que quería era ir a Bangkok por sobre todas las cosas, y conversando con ella yo decidí que yo lo que quería era ir a Angkor Wat, en Cambodia, por sobre todas las cosas. Y conversando sobre el viaje con una amiga singapurense (sip, ese es el gentilicio, raro, ¿verdad?) ella me dijo que por qué no nos íbamos a Singapur primero, que nos servía como puerto de entrada, y ella aprovechaba de mostrarnos la ciudad. Y así fue. El viaje estaba armado. Un día antes de que esta amiga se fuera a Singapur con su pololo tuvimos reunión para planear y reservar pasajes y compramos pasajes ida y vuelta de Tokyo a Singapur para irnos el 26 de febrero y volver el 8 de marzo. Poco tiempo, pero tenía que hacerlo caber entre un concierto al que iba a ir el 22 y la llegada de José Tomás el 9. Más sobre eso más abajo.

Como todo no podía salir tan fácil, unos días antes de salir recibí una llamada de nuestro agente de viajes/sanguijuela que me dijo, por teléfono y en japonés (una combinación que no se las deseo), que los pasajes los había hecho a nombre de Sera Talmer, y el apellido de Sera era Palmer. Yo, sin entender mucho del problema, le dije si no se podía cambiar el nombre, o cancelar la reserva y volver a hacerla, pero él no, que no que no que no, y entre que yo ya me estaba dentrando a exasperar con el tipejo este y que mi japonés no es tan bueno, le pasé el teléfono a Sera. La cosa es que aparentemente, la única opción era pagar 15.000 yenes más para reservar pasajes al día siguiente, esto es, el 27 en la tarde. A esas alturas yo ya estaba rasgando vestiduras. No sólo teníamos que pagar más plata, sino que teníamos un día menos, y ni siquiera podía putear al gusano ese como se merecía, porque hablaba en japonés. Apretando los dientes, y repitiendo en mi cabeza que en el futuro me iba a reir de todo esto, decidimos seguirle el juego y salir un dia después.

Nuestro avión salía ese día en la tarde, y un día de un calor completamente extraño en Tokyo en esta fecha, salimos en el eterno viaje a Narita. Después de un bastante normal viaje de 7 horas a Singapur llegamos al aeropuerto de Changi. En el vuelo aprovechamos de ver películas (las primeras películas que veo desde que llegué a Japón que no han sido bajadas de internet, si descontamos una vez que agarré una versión doblada al japonés La Momia en televisión abierta).

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Llegamos a Singapur como a las 12 de la noche, y Nat y Vic nos estaban esperando con el primer auto al que me he subido desde que llegué a Japón. Con las primeras cucharadas del calor que nos esperaría en el resto del viaje todavía esparciéndose por nosotros, partimos rumbo al barrio indio de Singapur a probar comida singapurense. Aparentemente, la principal atracción turística.

Singapur es varias cosas a la vez. En primer lugar es un país. Pero también es una isla2, y una ciudad, y una de las sumas más extrañas de etnias que me ha tocado ver. Ahí conviven principalmente cuatro grandes grupos: chinos, malays, indios y tais. Y a pesar de llevar viviendo así, juntos tanto tiempo, están sorprendentemente poco revueltos. En la misma ciudad, compuesta básicamente de pura gente de afuera, todavía tienen un bario indio (Little India), un barrio chino (Chinatown), un sector malay, que no caché cómo se llamaba, y probablemente un sector tailandés al que no tuve la oportunidad de ir… creo. Y bueno, de entrada cada uno de esos grupos habla su propio idomia (sic) con los suyos, e inglés (bueno… singlish, para ser más exacto, lah) con todos los demás.

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Es divertido también la cantidad de problemas raciales que tienen para ser una ciudad que está armada como está. En el par de días que estuvimos ahí me tocó varias veces oir comentarios de mis huéspedes que dejaban ver barreras bastante profundas entre los distintos grupos. Y por si fuera poco, también entre los miembros de esos grupos que ya llevaban harto tiempo viviendo en Singapur y los recién llegados.

El lado más visible de Singapur, por el contrario, es una ciudad tremendamente desarrollada, y sorprendentemente adaptada al limitadísimo espacio con el que cuentan. Por ejemplo, el terminal de Changi esta a un lado de la carretera que lo une con la ciudad, y la pista está al otro lado. Los aviones pasan en un puente sobre la carretera para llegar de un lado al otro. Los edificios del centro de Singapur son completamente increíbles, y parecen sacados de una especie de Blade Runner menos ficticio. No me tocó ver sectores demasiado pobres de la ciudad, nada como lo que iba a ver días después en Cambodia (y definitivamente fue el lugar con más plata quel llegué a ver en todo el viaje), pero quizás era eso mismo lo que le daba un aire un poco opresivo.

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Singapur es entre otras cosas famoso por sus multas y demases. “A fine country”, dicen. “They fine you for this, and they fine you for that”, y aunque no me tocó que me multaran por nada, sí me dio la impresión de que era una ciudad en la que las cosas tenían espacios, y salirse de esos espacios no era algo que se pudiera hacer. Quizás es porque no estoy acostumbrado a tanto control, porque a pesar de lo pelota que soy con los sistemas de cosas y lo cuadrado que soy con cómo creo que las cosas debieran ser, tengo algo que todavía me recuerda que a pesar de todas las buenas intenciones, las cosas no van a quedarse nunca dentro de las líneas, y es precisamente cuando uno se sale del dibujo para pintar cuando empieza a ponerse entretenida la cosa.

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No me malinterpreten. Singapur también tiene algo de eso. Una de las primeras cosas que nos tocó hacer fue ir al barrio rojo a ver a las mujeres paradas al borde de la calle. En un momento pensé contrabandearme un foto de la calle, pero una conversación acalorada en singlish con un proxeneta enojado después decidí que mejor que no. Aparentemente, el comercio sexual en singapur es muy grande, y mueve mucha plata. Sin embargo, está restringido sólo a un determinado barrio (el mentado Red Light District) y sólo a funcionar en unas especies de burdeles. A pesar de eso, justo afuera de esos burdeles legítimos es donde se mueve la mayor cantidad de carne, por así decirlo, y literalmente las mujeres estaban en vitrina en toda la vereda, por cuadras y cuadras. Demás está decir, claro, que el comercio sexual no sólo se queda en ese barrio. Hay también unas casas de putas menos reconocidas fuera de ese sector, normalmente disfrazados como casas de masajes (algunas veces con mensajes delatores como un cartelito que anuncia un sospechoso “all races” justo abajito de los masajes). Y también están los sectores donde uno puede parar en auto y subir travestis, aparentemente conocidos en Singapur como New Men. Nos dijeron que el sector de los travestis era un estacionamiento. Freak.

Todo esto, por supuesto, o derechamente ilegal, o en el borde de la ley. Reconocido por todos, pero aceptado también por todos. Ahora sí me siento más en casa.

La comida es el otro gran participante de Singapur. A diferencia de lo que yo estaba acostumbrado tanto en Chile como en Tokyo (y en la mayoría de los otros lugares de los que he oído), la costumbre aquí es ir de local en local, comiendo de a poquitos. De hecho, hay unos lugares que se llaman Hawker Centers en donde hay un montón de mesas rodeadas de locales de comida y uno va a los locales que le gustan, compra cosas y se va armando una mesa de comida. Suena un poco parecido a un food court como cualquiera cuando lo pongo por escrito, pero créanme que no tiene mucho que ver. O quizás sí, pero si fuera un food court hecho con puras picás.

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Generalmente los distintos hawker center tienen especialidades (o por lo menos Vic parecía tener clarísimo qué cosas eran buenas en qué centros y qué otras no tanto), y como la ciudad está muy sectorizada (ver más arriba) en general los tipos de comida que uno encuentra en los distintos lugares también están más o menos ordenados. Y la gracia es que como Singapur es una ensalada de países, todos con tipos de comida muy particulares, uno siempre encuentra algo freak que comer o ver preparar. A mí, por ejemplo, no me había tocado hasta ahora chuparle la carnecita a una pata de pollo. El testimonio gráfico puede ser no apto para menores de edad eso sí… con las falanges y los tendones tirados ahí… sólo para los fuertes de estómago (o los que tengan ganas de ver una foto con un plato de comida a medio coemr, que es casi lo mismo).

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Aprovechamos también de agarrar las últimas decoraciones del año nuevo lunar, o Chino (dependiendo de qué tan nacionalistamente no-chinos sean) que duran en total como un mes, y aparentemente vale la pena celebrar. Por lo menos eso he oído de la gente en Singapur y en China. Fuimos a un parque que todavía estaba entero decorado, con unas esculturas hechas de alambre y papel con los animales del horóscopo chino. Realmente bonito.

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Aquí termino la primera parte. Ya se ha alargado demasiado y están empezando a volar vientos rosados en Tokyo, lo que me indica que hay otros posteos que también debería escribir…


  1. Divertido que en Japón le digan vacaciones de primavera - 春休み - a las vacaciones que terminan en primavera, y nosotros le digamos vacaciones de verano a las vacaciones que empiezan en verano. Claro, quizás tenga que ver con que es más emocionante tener vacaciones en primavera que en invierno, o con que las vacaciones japonesas están un poco desfasadas con las nuestras, más tiradas hacia la primavera (parten un mes después, terminan un mes después), pero de todos modos es divertido. Por lo menos yo lo encuentro divertido, y este es mi blog, ¿bueno? [volver]
  2. En verdad es una colección de islitas, como 60 y tantas, pero para todos los efectos prácticos, es una isla grande. [volver]

tu#14 - aqui vamos de nuevo

Saturday, February 3rd, 2007

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Lo sé, lo sé, hace mil años que no actualizo. El último posteo fue hace más de un mes y desde entonces han pasado hartas cosas, tantas, de hecho, que me ponen en una situación complicada. Por un lado es tanto lo que puedo contar que no se ni por donde empezar, y sé que si lo dijera todo tendría un psoteo igual de largo que el de mi cumpleaños, o más, lo que me da un poco de pavor. Por otro lado, sin embargo, siento que como no puedo decirlo todo en una de esas es mejor no decir nada, y entre esa sensación rara (supongo que en cierto sentido la misma que hace que mientras más tiempo pase entre que hablas con un amigo y lo vuelvas a hacer más te cuesta empezar a hacerlo otra vez) y la cantidad de cosas uno empieza a jugar con la idea de justificar el no escribir nada…

Pero bueno, estoy empezando a sonar como si estuviera obligado a hacerlo, y sé que no lo estoy. Sin embargo, y para todos aquellos que quieren saber de mí pero que no me han encontrado por los escasos lados del ciberespacio en los que me he aparecido, aquí les va una actualización a la vez suscinta y detallada, vamos a ver cómo sale esto.

Primero lo primero. La navidad en Japón no tiene nada que ver con la navidad Chilena, u occidental, por lo demás. La gente no se junta en familia, sale con sus parejas. No se hacen regalos, a menos que haya interés amoroso. No hay comidas especiales ni platos tradicionales, excepto los menu navideños que lanzan los restaurantes para acoger a las parejas (¿están empezando a ver la tendencia aquí?). En general, se puede decir, y es lo que todo el mundo dice de hecho, que la navidad en Japón es como la segunda patita del Día de los Enamorados. Cómo llegó a eso, no tengo la más remota idea. Pero sí sé que si me extrañó la extraña manera japonesa de descuerar el espíritu navideño al que uno está acostumbrado, me duró hasta que me puse a pensar cómo sería la celebración criolla del año nuevo chino. Igualmente fuera de contexto, la gente que lo celebra tiene que encontrarle algún significado, incluso si eso significa tener un edsfile de viejos pascueros motorizados por las calles de Shinjuku1.

Año nuevo, que sí es una celebración como la que acostumbro pero con el sabor local, fue harto más interesante. Por motivos de logística no pudimos comer el plato tradicional de soba, pero sí comimos soba (yo me comí un buen plato de tempura soba). Partimos a Kamakura a rezar a un templo cuyo nombre nunca supe y a ver el primera amanecer en la playa y nos calentamos los huesos en unas especies de piras mantenidas por unos monjes medio exóticos2, rodeados de gringos y japoneses turisteando, todos igual de cagados de frío. A todo esto, los gringos con los que yo iba estaban debidamente avergonzados de sus compatriotas que hablaban fuerte asumiendo que nadie los podía entender o dejando esa posibilidad de lado gracias a las maravillas del alcohol, y debo decir que con justa razón… (”Man, when I get back I’m gonna smoke so much weed, dude, no seriously, like, let’s not even talk about it, no, let’s better not… But dude, so much weed… And dude, when I get back, I’m gonna do so much coke you are not gonna believe it, it’s not even gonna be funny, seriously, I mean, let’s not even talk about it… But dude… when I get back…”)

Ya con el 2007 en pleno, tipín cinco de enero, partimos con Sera, una amiga gringa, a recorrer Kyoto. Los más avispados pueden haber ya visto una breve reseña muda del recorrido que hicimos en el blog del guapetón, que como siempre estaba conmigo, pero para todos los demás, aquí les va una reseñita.


  1. No tengo foto de eso, porque las que saqué las saqué con mi celular y con el macro activado - mi celular tiene macro… -, pero creo que me puedo conseguir fotos más decentes, y ojalá no sea en este caso como con las fotos de mi cumpleaños. La verdad, es que facilitaría las cosas conseguir mi disco con el software de mi cámara digital, pero al aprecer los mails no son siempre tane fectivos como parecen… [volver]
  2. Ese día, ahora que lo recuerdo, tuve un pequeñísimo choc curtural, que le llaman. En mi mesa estábamos un par de amigos gringos, y un tipo de singapur que es amigo de una de las tipas del intercambio. Nos pusimos a conversar con este último y de repente me preguntó “¿y tú de donde vienes?” y yo le dije “de Chile”. En respuesta, me miró callado un rato con su vaso detenido a mitad de camino entre la mesa y su boca y, sonriendo, me dijo, “¡guau! ¡eso sí que es exótico!”. [volver]

tu#13 - yo++ (esta vez sin tacos)

Monday, December 18th, 2006

Como el pinguino no ha alcanzado todavía la fama mundial que le espera, creo que es seguro suponer que la gente que lee esto ya sabe que estuve de cumpleaños hace poco. Siendo este mi primer cumpleaños en el exilio, y ya que parte de la idea de este blog es mantener a la gente que dejé en Chile informada de mí y lo que me pasa, aquí les va una reseña de mi cumpleaños. Que, vale la pena decir, por esas casualidades de la vida es la primera vez que me toca en otoño bien avanzado. Vean por favor cómo se ve mi campus… en verdad no es difícil entender por qué a los japoneses les gustan tanto sus estaciones1)

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Primero lo primero. Resulta que del AIKOM hay varios que estamos de cumpleaños en diciembre, y de mi grupo de amigos más inmediato, dos: yo y Mike, que estuvo de cumpleaños el 12. Para celebrarnos a los dos el resto de nuestros amigos decidieron organizar una comida cumpleañera (habíamos hecho algo parecido para el cumpleaños de otra amiga unas semanas antes) en un restaurant en Shibuya. El restaurant nos daba tabehodai (todo lo que puedas comer) y nomihodai (todo lo que puedas tomar) no alcohólico por ¥2100, lo que dentro de todo es bastante barato. Sin embargo, y a pesar de que el restaurante tenía una variedad razonable de cosas que comer y era rico, era al mismo tiempo bastante asqueroso y medio monótono. Procedo a explicar esta aparente contradicción.

El restaurante vendía unas especies de anticuchos que uno metía en una como olla de aceite hirviendo y los freía. En Japón, por lo que he visto, es bastante común encontrar platos de comida que requieren que uno mismo los prepare (el shabu-shabu y el sukiyaki son sólo un par de ejemplos), pero nunca me había tocado algo como esto. Uno pasaba por una gran barra con unos anticuchitos en los que venía una pura presa de lo que fuera (un trozo de carne, un pedazo de pollo, un camarón grande, un takoyaki…), todo crudo o frío (en el caso de los takoyaki, por ejemplo). Ahí también uno podía sacar arroz, tallarines, dumplings, nikuman, y un largo etc de otras cosas, en general todas ricas. De ahí pasaba a servirse un vaso de algo y llegaba a la mesa que tenía esta coas para freír al medio y untaba sus anticuchos en una salsa y de ahí en pan, y a la olla. Al principio todo muy bien, pero digamos que después de notar que todo frito sabe más o menos igual, y de sentirse lleno de aceite hasta detrás de los ojos, y después de treinta minutos de no oler nada más que fritanga ahí mismo en frente de uno, digamos que se le empieza a olvidar a uno lo rico que puedan ser sus anticuchitos fritos y empieza derechamente el asco. Supongo que de ahí les viene el negocio.

Afortunadamente, cuando ya llegaste al asco falta poco para que todos los demás lleguen y empiecen con los postres, y ahí el olor a fritanga o se acaba o se neutraliza. La cosa es que todo vuelve a ser agradable. En general, diría que el restaurant era rico, pero era bastante asquerosillo. Era como una chanchada en exceso. Musho, si me preguntan a mí.

Regalos:

  • un aro de esos como studs, con un cristalcito verde. (versión grande)
  • una banda presidencial que dice 「スケベ代表」 o algo así como “modelo de pervertido”2 Digamos que es una talla interna y nada por lo que sentirse ofendido. スケベプライド! (versión grande)

  1. Tanto incluso que hace poco, en lo que probablemente fue la charla más jugosa que he oído en mi vida, se nos dijo que uno de los principales, si no el principal, de los problemas de Japón era el calentamiento global, porque una vez que la tierra terminara de calentarse, Japón no iba a tener más estaciones, y las estaciones eran una parte esencial de la cultura japonesa. Eso explica el protocolo de kyoto… ¡¡cómo no lo había pensado antes! (La charla, eso sí, corrió por cuenta de profesor invitado. Ese curso en general es bastante bueno y entretenido [volver]
  2. Una de las cosas que más rápido aprendimos al llegar aquí es la escala de perversión sexual, aunque no sea tan así. Digamos que en la cima de todo está el “hentai” (変態), que puede funcionar como un adjetivo. Ese es el más parecido al pervertido que todos conocemos. Debajito de ese vendría el “s(u)kebe” (スケベ), que es más parecido a un viejo verde, o a el personaje ese de Ranma 1/2 que se dedicaba a robar calzones. Lo comúnmente aceptado es que todos (los hombres) tenemos algo de skebe. En tercer lugar, y en mi opinión mucho peor que el skebe promedio que se sabe interesado en el sexo opuesto y lo acepta, esta el “muttsuris(u)kebe”, o elviejo verde reprimido. En la opinión de los japoneses que me enseñaron todo esto, todo hombre que no se reconozca como skebe, es una de las otras dos opciones. [volver]

tu#12 - el segundo mes y contando

Saturday, December 2nd, 2006

Hoy se cumplen dos meses desde que llegamos a la residencia que hemos llegado a amar (yo por lo menos) y la verdad es que es fácil acostumbrarse a vivir aquí. Las costumbres de la gente, a excepción de algunas derechamente raras, no son demasiado distitnas a las que la vida en Chile me han acostumbrado, y dentro de todo, creo que ahora puedo decir con más certeza y credibilidad que antes que los japonese y los chilenos no somos tan diferentes. No sé si puedo explicar tanto por qué me da esa impresión, pero hay algo que hace que uno se sienta más o menos en casa, y definitivamente no fuera de lugar. Hay algo extrañanemente hogareño en Japón.

Ha pasado harto tiempo desde la última vez que escribí y las dos últimas no han tenido que ver conmigo precisamente, o por lo menos no con mi vida aquí. Por eso hay un montón de cosas que contar, pero vamos por aprtes, como Jack. El fin de semana pasado fue el Komaba Sai (駒場際), que es un festival que se realiza dos veces al año en el Campus Komaba (de ahí el nombre). Durante todo el fin de semana, que además es largo para los de Todai, los distintos grupos de la universidad -sean estos círculos o clubes de los más variados tipos1- ponen stands con comida y otras cosas (había un stand de un círculo de arquería occidental en el que se podía disparar un arco a un blanco gigantesco como a un metro de distancia, por ejemplo) a la vez para promocionarse y para juntar plata. En general, eso sí, el Komaba Sai es como el momento de relajo en donde uno puede pasearse por el campus comiendo todo el dia, viendo shows de magia, escuchando recitales de la gente de la u y pasando en general un buen rato, aunque sea un rato un poco caro.

El Yumi-no-Kai (para los pavos que lo hayan olvidado, ese es mi círculo de kyudo, cuyo nombre significa literalmente algo así como “la agrupación del arco”2) había decidido poner un stand de takoyaki (たこ焼), que son unas bolitas de una masa medio misteriosa con un poquito de pulpo (たこ) y plantitas, queso a veces y en definitiva lo que uno quiera ponerle. Se hacen como en una parrilla con hoyitos que dejan convertir la masa líquida en pelotitas y se comen con mayonesa y con la misma salsa que se le echa al okonomiyaki, aunque nunca he comido eso en verdad…

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La cosa es que como los tres extranjeros (que acabo de notar que suena peligrosamente a “Los Tres Mosqueteros”) somos parte del Yumi-no-Kai, y como nos han metido en todo lo que pueden del círculo, nosotros también tuvimos que aprender a hacerlos y nos encargamos del primer turno del festival en la mañana del viernes 24. El domingo antes de ese fin de semana (con una lluvia espantosa) habíamos tenido una reunión en otra de las residencias para estudiantes de Todai (bastante más comunitaria que esta en apariencia por lo menos) en donde tuvimos una especie de crash course en la preparación de estas bolitas dichosas. Las fotos que están distribuidas en este posteo son del proceso creativo de las susodichas durante nuestro turno en el festival de la universidad. Yo no me veo porque bueno, estoy tomando las fotos.

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Como pueden ver, la preparación se hace con esas parrillas con hoyos y unos palitos que pueden ser palitos de verdad (es decir, de palo…) o de metal. Uno le pone aceite a la cosa (se forman unas pocitas en los hoyitos que al principio se ven medio asquerosillas, pero después son la papa) y de ahí la masita, que se dora con ese aceite. Mientras sigue líquido uno le echa la cosa verde y la cosa roja (tienen nombre, y probablemente gustos muy diferentes, pero no tengo idea ni de cómo se llaman ni de a qué saben por separado) y unos pichintuncitos de pulpo picado, con su espolvoreado loco de queso encimita para darle un poco de consistencia a la cosa y ayudarlos a convertirse en pelotas y a quedarse en su nueva forma una vez que la alcancen. De ahi uno se esfuerza por lograr que cada hoyito tenga su masa y que las futuras pelotas no se toquen, y cuando están lo suficientemente hechas por debajo, uno las empuja y giran solitas dejando la parte cruda para abajo y la parte recién hecha para arriba, y así, de a poquito, uno las va girando hasta que quedan hechas pelotas.

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La verdad es que son bien ricas, y las parrillas se ven tremendamente versátiles, así que estoy considerando seriamente comprarme una para hacer bolitas de todo, desde huevo revuelto a queso solo, si es que se puede. Si no, siempre puedo comer fracasos fritos, ya que como todos sabemos, todo lo frito es rico.

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Al parecer este posteo se va a tratar de pura comida, porque ya llevo lo suficiente para que sea un posteo y es medio tarde para cambiar de tema. Además, la comida da para mucho.

Hace un par de dias me entró el cargo de conciencia por comer siempre afuera en restaurantes (es fácil, rico, rápido y no demasiado caro… y eso sin contar que cerca de aquí hay restaurantes de muchas cosas distitnas, así que uno puede comer bastante variado además) y decidí que era hora de empezar a moverse con la comida propia. Ya el mes anterior había comprado arroz (5 kilos) y había probado mi arrocera donada involuntariamente por la sempai de una amiga con una comida de arrocito perro (cfr. agüita perra). Rico. Blanco, salado, medio apelotonado, pero rico.

La cosa es que con eso en mente partí a Summit, nuestro supermercado (que de hecho se llama algo más parecido a Samitto: サミット) y compré todo lo que me atreví a comprar para cocinar:

  • Huevos
  • Gyoza congeladas
  • Zanahorias
  • Dientes de dragón
  • 1L de salsa de soya
  • Repollo (pensé que era lechuga…)
  • 2 bolsas de arroz preparado congelado (con carnecita y plantitas y demases)
  • 2 Cajas de jugo de naranja
  • Kuu (la bebida que me gusta, que es sorprendentemente parecida al jugo de naranja)
  • Dumplings congelados
  • 2 Cup ramen
  • 2 Cup yakisoba
  • 1 Cuchillo
  • 1 Cuchara de palo

Lo mejor de todo es que eso me salió ¥4.144, lo que no es tanto, y me puso en condiciones de poder hacer lo que hago en este mismísimo momentísimo3: una tortilla de zanahoria con arroz. ¿Vieron que ando pulento?

Actualización: la tortilla, así tortilla-tortilla no fue, pero el resultado me sirvió para aprender un par de cosas acerca de la cocina que no había tenido oportunidad de aprender antes. Y por si eso fuera poco… quedó rico. Pronto más posteos sobre las demás cosas. ¡Hasta entonces!

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  1. Dentro de las universidades y demases japonesas, las agrupaciones de estudiantes pueden ser a grandes rasgos de dos tipos: círculos o clubes. No sé exactamente qué cosas hacen que una agrupación cualquiera sea de una clase o la otra, pero al parecer, los clubes son a la vez más serios y más oficiales que los círculos, mientras que estos últimos son más relajados y abarcan una cantidad mayor de intereses. A juzgar por eso, me da la impresión de que los clubes tienen el visto bueno de la universidad, mientras que los círculos son cualquier grupo de estudiantes, pero no sé en verdad… [volver]
  2. Ahora que lo pienso no sé si algo puede ser “literalmente algo como”. Algo dentro de mí me grita que las cosas que son literalmente algo son literalmente algo, y no literalmente algo como algo más, pero de todos modos lo voy a decir porque otra partecita de mí dice “¿y qué tanto?”. [volver]
  3. Ad honorem Divino Anticristo… [volver]