Archive for the 'kyudo' Category

tu#13 - yo++ (esta vez sin tacos)

Monday, December 18th, 2006

Como el pinguino no ha alcanzado todavía la fama mundial que le espera, creo que es seguro suponer que la gente que lee esto ya sabe que estuve de cumpleaños hace poco. Siendo este mi primer cumpleaños en el exilio, y ya que parte de la idea de este blog es mantener a la gente que dejé en Chile informada de mí y lo que me pasa, aquí les va una reseña de mi cumpleaños. Que, vale la pena decir, por esas casualidades de la vida es la primera vez que me toca en otoño bien avanzado. Vean por favor cómo se ve mi campus… en verdad no es difícil entender por qué a los japoneses les gustan tanto sus estaciones1)

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Primero lo primero. Resulta que del AIKOM hay varios que estamos de cumpleaños en diciembre, y de mi grupo de amigos más inmediato, dos: yo y Mike, que estuvo de cumpleaños el 12. Para celebrarnos a los dos el resto de nuestros amigos decidieron organizar una comida cumpleañera (habíamos hecho algo parecido para el cumpleaños de otra amiga unas semanas antes) en un restaurant en Shibuya. El restaurant nos daba tabehodai (todo lo que puedas comer) y nomihodai (todo lo que puedas tomar) no alcohólico por ¥2100, lo que dentro de todo es bastante barato. Sin embargo, y a pesar de que el restaurante tenía una variedad razonable de cosas que comer y era rico, era al mismo tiempo bastante asqueroso y medio monótono. Procedo a explicar esta aparente contradicción.

El restaurante vendía unas especies de anticuchos que uno metía en una como olla de aceite hirviendo y los freía. En Japón, por lo que he visto, es bastante común encontrar platos de comida que requieren que uno mismo los prepare (el shabu-shabu y el sukiyaki son sólo un par de ejemplos), pero nunca me había tocado algo como esto. Uno pasaba por una gran barra con unos anticuchitos en los que venía una pura presa de lo que fuera (un trozo de carne, un pedazo de pollo, un camarón grande, un takoyaki…), todo crudo o frío (en el caso de los takoyaki, por ejemplo). Ahí también uno podía sacar arroz, tallarines, dumplings, nikuman, y un largo etc de otras cosas, en general todas ricas. De ahí pasaba a servirse un vaso de algo y llegaba a la mesa que tenía esta coas para freír al medio y untaba sus anticuchos en una salsa y de ahí en pan, y a la olla. Al principio todo muy bien, pero digamos que después de notar que todo frito sabe más o menos igual, y de sentirse lleno de aceite hasta detrás de los ojos, y después de treinta minutos de no oler nada más que fritanga ahí mismo en frente de uno, digamos que se le empieza a olvidar a uno lo rico que puedan ser sus anticuchitos fritos y empieza derechamente el asco. Supongo que de ahí les viene el negocio.

Afortunadamente, cuando ya llegaste al asco falta poco para que todos los demás lleguen y empiecen con los postres, y ahí el olor a fritanga o se acaba o se neutraliza. La cosa es que todo vuelve a ser agradable. En general, diría que el restaurant era rico, pero era bastante asquerosillo. Era como una chanchada en exceso. Musho, si me preguntan a mí.

Regalos:

  • un aro de esos como studs, con un cristalcito verde. (versión grande)
  • una banda presidencial que dice 「スケベ代表」 o algo así como “modelo de pervertido”2 Digamos que es una talla interna y nada por lo que sentirse ofendido. スケベプライド! (versión grande)

  1. Tanto incluso que hace poco, en lo que probablemente fue la charla más jugosa que he oído en mi vida, se nos dijo que uno de los principales, si no el principal, de los problemas de Japón era el calentamiento global, porque una vez que la tierra terminara de calentarse, Japón no iba a tener más estaciones, y las estaciones eran una parte esencial de la cultura japonesa. Eso explica el protocolo de kyoto… ¡¡cómo no lo había pensado antes! (La charla, eso sí, corrió por cuenta de profesor invitado. Ese curso en general es bastante bueno y entretenido [volver]
  2. Una de las cosas que más rápido aprendimos al llegar aquí es la escala de perversión sexual, aunque no sea tan así. Digamos que en la cima de todo está el “hentai” (変態), que puede funcionar como un adjetivo. Ese es el más parecido al pervertido que todos conocemos. Debajito de ese vendría el “s(u)kebe” (スケベ), que es más parecido a un viejo verde, o a el personaje ese de Ranma 1/2 que se dedicaba a robar calzones. Lo comúnmente aceptado es que todos (los hombres) tenemos algo de skebe. En tercer lugar, y en mi opinión mucho peor que el skebe promedio que se sabe interesado en el sexo opuesto y lo acepta, esta el “muttsuris(u)kebe”, o elviejo verde reprimido. En la opinión de los japoneses que me enseñaron todo esto, todo hombre que no se reconozca como skebe, es una de las otras dos opciones. [volver]

tu#12 - el segundo mes y contando

Saturday, December 2nd, 2006

Hoy se cumplen dos meses desde que llegamos a la residencia que hemos llegado a amar (yo por lo menos) y la verdad es que es fácil acostumbrarse a vivir aquí. Las costumbres de la gente, a excepción de algunas derechamente raras, no son demasiado distitnas a las que la vida en Chile me han acostumbrado, y dentro de todo, creo que ahora puedo decir con más certeza y credibilidad que antes que los japonese y los chilenos no somos tan diferentes. No sé si puedo explicar tanto por qué me da esa impresión, pero hay algo que hace que uno se sienta más o menos en casa, y definitivamente no fuera de lugar. Hay algo extrañanemente hogareño en Japón.

Ha pasado harto tiempo desde la última vez que escribí y las dos últimas no han tenido que ver conmigo precisamente, o por lo menos no con mi vida aquí. Por eso hay un montón de cosas que contar, pero vamos por aprtes, como Jack. El fin de semana pasado fue el Komaba Sai (駒場際), que es un festival que se realiza dos veces al año en el Campus Komaba (de ahí el nombre). Durante todo el fin de semana, que además es largo para los de Todai, los distintos grupos de la universidad -sean estos círculos o clubes de los más variados tipos1- ponen stands con comida y otras cosas (había un stand de un círculo de arquería occidental en el que se podía disparar un arco a un blanco gigantesco como a un metro de distancia, por ejemplo) a la vez para promocionarse y para juntar plata. En general, eso sí, el Komaba Sai es como el momento de relajo en donde uno puede pasearse por el campus comiendo todo el dia, viendo shows de magia, escuchando recitales de la gente de la u y pasando en general un buen rato, aunque sea un rato un poco caro.

El Yumi-no-Kai (para los pavos que lo hayan olvidado, ese es mi círculo de kyudo, cuyo nombre significa literalmente algo así como “la agrupación del arco”2) había decidido poner un stand de takoyaki (たこ焼), que son unas bolitas de una masa medio misteriosa con un poquito de pulpo (たこ) y plantitas, queso a veces y en definitiva lo que uno quiera ponerle. Se hacen como en una parrilla con hoyitos que dejan convertir la masa líquida en pelotitas y se comen con mayonesa y con la misma salsa que se le echa al okonomiyaki, aunque nunca he comido eso en verdad…

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La cosa es que como los tres extranjeros (que acabo de notar que suena peligrosamente a “Los Tres Mosqueteros”) somos parte del Yumi-no-Kai, y como nos han metido en todo lo que pueden del círculo, nosotros también tuvimos que aprender a hacerlos y nos encargamos del primer turno del festival en la mañana del viernes 24. El domingo antes de ese fin de semana (con una lluvia espantosa) habíamos tenido una reunión en otra de las residencias para estudiantes de Todai (bastante más comunitaria que esta en apariencia por lo menos) en donde tuvimos una especie de crash course en la preparación de estas bolitas dichosas. Las fotos que están distribuidas en este posteo son del proceso creativo de las susodichas durante nuestro turno en el festival de la universidad. Yo no me veo porque bueno, estoy tomando las fotos.

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Como pueden ver, la preparación se hace con esas parrillas con hoyos y unos palitos que pueden ser palitos de verdad (es decir, de palo…) o de metal. Uno le pone aceite a la cosa (se forman unas pocitas en los hoyitos que al principio se ven medio asquerosillas, pero después son la papa) y de ahí la masita, que se dora con ese aceite. Mientras sigue líquido uno le echa la cosa verde y la cosa roja (tienen nombre, y probablemente gustos muy diferentes, pero no tengo idea ni de cómo se llaman ni de a qué saben por separado) y unos pichintuncitos de pulpo picado, con su espolvoreado loco de queso encimita para darle un poco de consistencia a la cosa y ayudarlos a convertirse en pelotas y a quedarse en su nueva forma una vez que la alcancen. De ahi uno se esfuerza por lograr que cada hoyito tenga su masa y que las futuras pelotas no se toquen, y cuando están lo suficientemente hechas por debajo, uno las empuja y giran solitas dejando la parte cruda para abajo y la parte recién hecha para arriba, y así, de a poquito, uno las va girando hasta que quedan hechas pelotas.

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La verdad es que son bien ricas, y las parrillas se ven tremendamente versátiles, así que estoy considerando seriamente comprarme una para hacer bolitas de todo, desde huevo revuelto a queso solo, si es que se puede. Si no, siempre puedo comer fracasos fritos, ya que como todos sabemos, todo lo frito es rico.

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Al parecer este posteo se va a tratar de pura comida, porque ya llevo lo suficiente para que sea un posteo y es medio tarde para cambiar de tema. Además, la comida da para mucho.

Hace un par de dias me entró el cargo de conciencia por comer siempre afuera en restaurantes (es fácil, rico, rápido y no demasiado caro… y eso sin contar que cerca de aquí hay restaurantes de muchas cosas distitnas, así que uno puede comer bastante variado además) y decidí que era hora de empezar a moverse con la comida propia. Ya el mes anterior había comprado arroz (5 kilos) y había probado mi arrocera donada involuntariamente por la sempai de una amiga con una comida de arrocito perro (cfr. agüita perra). Rico. Blanco, salado, medio apelotonado, pero rico.

La cosa es que con eso en mente partí a Summit, nuestro supermercado (que de hecho se llama algo más parecido a Samitto: サミット) y compré todo lo que me atreví a comprar para cocinar:

  • Huevos
  • Gyoza congeladas
  • Zanahorias
  • Dientes de dragón
  • 1L de salsa de soya
  • Repollo (pensé que era lechuga…)
  • 2 bolsas de arroz preparado congelado (con carnecita y plantitas y demases)
  • 2 Cajas de jugo de naranja
  • Kuu (la bebida que me gusta, que es sorprendentemente parecida al jugo de naranja)
  • Dumplings congelados
  • 2 Cup ramen
  • 2 Cup yakisoba
  • 1 Cuchillo
  • 1 Cuchara de palo

Lo mejor de todo es que eso me salió ¥4.144, lo que no es tanto, y me puso en condiciones de poder hacer lo que hago en este mismísimo momentísimo3: una tortilla de zanahoria con arroz. ¿Vieron que ando pulento?

Actualización: la tortilla, así tortilla-tortilla no fue, pero el resultado me sirvió para aprender un par de cosas acerca de la cocina que no había tenido oportunidad de aprender antes. Y por si eso fuera poco… quedó rico. Pronto más posteos sobre las demás cosas. ¡Hasta entonces!

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  1. Dentro de las universidades y demases japonesas, las agrupaciones de estudiantes pueden ser a grandes rasgos de dos tipos: círculos o clubes. No sé exactamente qué cosas hacen que una agrupación cualquiera sea de una clase o la otra, pero al parecer, los clubes son a la vez más serios y más oficiales que los círculos, mientras que estos últimos son más relajados y abarcan una cantidad mayor de intereses. A juzgar por eso, me da la impresión de que los clubes tienen el visto bueno de la universidad, mientras que los círculos son cualquier grupo de estudiantes, pero no sé en verdad… [volver]
  2. Ahora que lo pienso no sé si algo puede ser “literalmente algo como”. Algo dentro de mí me grita que las cosas que son literalmente algo son literalmente algo, y no literalmente algo como algo más, pero de todos modos lo voy a decir porque otra partecita de mí dice “¿y qué tanto?”. [volver]
  3. Ad honorem Divino Anticristo… [volver]

tu#11 - hoy disparamos!

Saturday, November 11th, 2006

Posteo breve, sólo para registrar el hermoso día en que por primera vez una flecha fue disparada por las manos que escriben en este momento. Finalmente, luego de varias semanas de práctica (varias de esas sin siquiera tocar un arco, algo así como las clases de guitarra de Phoebe en Friends), finalmente lograron confiar en nosotros lo suficiente para dejarnos disparar al makiwara1, que es una especie de atado de paja que sirve para practicar. Nuestro círculo practica en tres dojos distintos: uno cerca del centro de Tokyo, uno cerca del campus Komaba y otro relativamente cerca de Kichijoji. El dojo de Hongo, el que queda cerca del centro de Tokyo, tiene el makiwara más grande que he visto: es una especie de gran atado de paja de como un metro y medio de diámetro y unos 70 centímetros de profundidad.

Uno se para frente a esta cosa, con la flecha en mano, y dispara como si fuera a hacerlo de a de veritas, pero hacerlo con la gracia con la que lo hacen mis sempai va a ser mucho más difícil de lo que pensaba. La energía que liberan esos arcos es enorme, y todavía no logro mantener los ojos abiertos en el momento de soltar la cuerda. La cagó cómo se siente, es realmente impresionante como sale esa flecha disparada.

Extrañamente, hoy fue la primera práctica para la que pensamos seriamente no ir, debido a la flojera de fin de semana y una amenaza de lluvia un poco constante. Jack, de hecho, decidió no ir, y se perdió la práctica más importante e intensa que hemos tenido. Debemos haber disparado unas cinco flechas, y al final ya no daba más. Necesito encontrar la manera de disparar relajado, pero creo que lo voy a lograr, y sé que el camino hasta allá y el eventualmente lograrlo, va a valer tanto la pena…


  1. En karate también se usan makiwara, pero son distintos. Los makiwara de karate son unos palos enterrados que tienen unos patacones de paja en la punta que está sobre la tierra, y sirven para aporrearlos con la manos y los pies. Los makiwara de kyudo se llaman igual, pero no se les pega: se los ensarta. Las flechas que se usan con los makiwara de kyudo también son distintas: no tienen plumas. Al parecer, vamos a tener que hacer otro viaje a la tienda de kyudo a comprar flechas de esas, que no compramos, y a aprovechar de que nos borden los nombres en nuestras hakama. [volver]

tu#9 - la vida en tokyo

Sunday, October 22nd, 2006

Ha pasado un montón de tiempo desde mi último posteo y creo que es hora ya de postear de nuevo. Los últimos días han estado agitados, y llenos de cosas que hacer, lugares a los que ir, papeles que sacar, pruebas de diagnóstico, eventos, tours y miles de cosas por el estilo, pero las clases empezaron hace más o menos una semana y las cosas están bastante más establecidas. Ahora creo que puedo darme el tiempo de escribir como me gusta: largo y tendido. Respiro.

Los primeros días estuvieron totalmente dedicados a sacar los papeles necesarios para tener una vida razonablemente legal en Japón. Tuvimos que ir al registro de extranjeros (外国人登録, gaikokujin-tōroku) a sacar nuestra tarjeta de extranjeros residentes y a sacar nuestro seguro médico (que cuesta ¥10.000 al año, lo que es bien sorprendente). Fuimos a sacar nuestra cuenta de banco, que ya está lista y debería tener sobre ¥200.000 desde el domingo 15 (¡al fin!) y nuestra tarjeta de estudiantes para el tren, que sirve para ahorrarse mucha plata (todos los días que tengo clases tenía que gastar ¥170 de ida y de vuelta entre el campus y Kichijōji, pero ahora con la tarjeta, que se compra por uno, tres o seis meses por distintas sumas, paso “gratis”). Eso sumado a la tarjeta de la biblioteca, las cuentas para las salas de computación (miles y miles de computadores, y TODOS son iMacs, ¿pueden creerlo? ¡qué desperdicio por Dios!), y un largo etcétera me han mantenido más ocupado de lo que me gustaría.

De todos modos he encontrado tiempo libre que prontamente paso a rellenar con actividades. La que me tiene más entusiasmado de esas es el kyūdō (弓道), o la arquería japonesa. Es un arte marcial bastante más inútil que otros como el karate, jūdō o el kung-fu, y menos establecidamente deportiva que el kendō (esgrima japonesa), pero es tremendamente estilosa, y agradable. Es la primera vez que practico un arte marcial, así que avanzo lento y me sorprendo de todo, pero me imagino que este es el mejor momento y lugar para empezar, así que me tiro no más.

Dentro de todo, como la mayoría de los deportes (o por lo menos de los que valen la pena, si se practican con seriedad), es un deporte caro. El equipo completo incluye la hakama (), el arco (yumi, ), el guante (yugake, 弽) y las flechas (ya, 矢). Calculando y revisando precios, los dos amigos con los que me metí al círculo y yo hemos calculado que uno puede comprarse todo por aproximadamente ¥55.000, pero no es necesario todavía comprarse el yumi, porque en el círculo al que nos metimos nos los prestan por el momento (además, recién estamos empezando a practicar los pasos con arco en mano y no me gustaría gastar los ¥20.000 que cuesta un yumi barato para destrozarlo mientras aprendo. De todos modos, el próximo sábado la gente del círculo nos va a llevar a comprar las cosas para empezar a practicar como la gente sin tener que depender del equipo que esté disponible para prestar (principalmente los yugake son importantes) y nos dijeron que, para irse a la segura, lleváramos ¥50.000. Yo espero no tener que gastar tanto eso sí.

El círculo al que nos metimos se llama “ゆみの会” (yuminokai), que se puede traducir más o menos como “Club del yumi”, o algo por el estilo. Como ven, es un nombre bastante evidente. El link a la página está en la lista de links de este blog y encimita del nombre del círculo, y ahí hay fotos de las prácticas y el calendario de actividades, así que si alguna vez ven por ahí que hay un partido de algo, en el cual no creo que participe, por lo menos pueden saber dónde y a qué hora voy a estar, ¡porque definitivamente voy a ir!

En una nota un poco más amplia, las cosas en la residencia ya están bastante más establecidas. Ya sabemos dónde comer, por cuánto, y si es bueno o no, dónde están las picadas y qué sé yo. Estamos planeando con unos amigos una visita en masa al Museo Ghibli en algún momento, pero no estamos apurados por hacerlo (cada vez que voy a Kichijōji paso frente a él y veo el enorme Totoro sentado en donde se venden los boletos. De noche, debo decir que se ve un poco aterrador…). Lamentablemente, ahora paso mucho menos frente al museo que antes, porque ya no tomo el tren en Kichijōji. Ahora lo tomo en una estación más chica que se llama 三鷹台 (Mitakadai), porque ahí se pueden estacionar las bicicletas gratis (en Kichijōji hay que pagar, no mucho, pero hay que pagar). El estacionamiento, en todo caso, es una vista a la que todavía no me acostumbro totalmente. Creo que antes de que termine el año voy a tener por lo menos una pesadilla que gire en torno a una bicicleta no encontrada entre todas las demás…

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La bicicleta es una nueva adquisición y viene de una larga historia. Supongo que recuerdan el viaje ese que hice en bicicleta a través de Tōkyō bajo la lluvia, en lo que fue la aventura más idiota que he vivido. Bueno, resulta que esa bicicleta murió, y en buena hora si me preguntan a mí. La abandoné cerca de la estación de tren Tōkyō y no pienso ir a buscarla. Además, si fuera no podría traerla (porque no anda) y si la trajera de vuelta no la usaría (porque es una porquería). Decidí finalmente comprarme una bicicleta nueva, por el módico precio de ¥7000. Es negra, es sexy, y tiene canastito, luz y de esas como parrillas en la parte de atrás. Además, tiene de esas patas que no son patitas ridículas por el lado sino patas como la gente que levantan la rueda trasera entera, y le lleva candado incluído y seguro para la pata. Y por si eso fuera poco, ya me acostumbré a andar en ella sin manos y estoy mejorando constantemente. Sólo tengo que recordar no intentar sacar cosas de mi mochila mientras manejo (muchos infinitivos, ¿no creen?).

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Como noticia extra, que parece ser una señal de que las cosas están marchando bien con mi asentamiento nipón, les cuento que hoy tuve mi primer sueño con fragmentos en japonés. En el sueño conocí a un montón de hijos de extranjeros que vivían en Japón, y cuando ellos se presentaron aparecieron un par de niños brasileros que sintiendo algo de solidaridad latinoamericana, me empezaron a decir de dónde venían y esas cosas, creo que en portugués. Dijeron que venían de un lugar que se llamaba algo así como “ao sabá” (así sonaba, por lo menos, y en el sueño tenía algo que ver con los Andes) pero ante mi cara de inseguridad me preguntaron “「アオサバー」が分かる?” (”¿entiendes lo de ‘ao sabá’?”). El resto del sueño fue en inglés y de eso si estoy seguro. El portugués que creo que los niños esos pueden haber hablado era más bien un portugés inventado. No era portugués más que en el sueño.

Adjunto porque sí una foto de mí y unos amigos en Yokohama hace más o menos una semana. Atrás estamos Chris (USA) y yo. Adelante Jean Paul (Alemania), Victoria (Singapur) y Helena (Nueva Zelanda). La foto la tomó Jack (USA), pero fíjense que no se ve… qué cosas…

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Qué cosmopolita, ¿no?

Hasta la próxima, que espero sea en menos tiempo.