Archive for the ‘literatura’ Category

catching up

Sunday, October 3rd, 2010

Pinguino leyendo

Marzo…

No he escrito aquí desde marzo.

Qué horror.

Pues bien, sin caer en la tentación de prometer (una vez más) que esta vez sí que sí que voy a escribir algo periódicamente, que esta vez sí que sí que será una cosa en serio (y de paso ahorrándome la vergüenza de romper esa promesa otra vez), este posteo es para ponerme al día con la gente que sólo sabe de mí a través de este espacio, o que sigue teniendo en mí una fe inexplicable y lo sigue revisando de vez en cuando.

Vamos allá.

Lo último que escribí fue acerca de mis intentos de meterme relativamente en serio en programación y en physical computing. Pues bien, ese fue proyecto de vacaciones de invierno, y me mantuvo ocupadísimo y entretenidísimo durante ese tiempo, pero con el regreso a clases tuve que destinarle recursos a otras cosas (entre ellas clases de francés) y quedó más o menos ahí. Sobre los proyectos que mencioné en el post pasado, enrollo sigue en un estado similar, mailrollo ha sido severamente modificado (y me da gusto decir que ahora no sólo es usable sino que está siendo activamente usado) y botrollo… pues ese sigue en el limbo pendiente una mejor comprensión de mi parte sobre como convertirlo en algo útil, o una mayor apertura de Google a estándares de Jabber. Una de dos.

Desde entonces, eso sí, muchas cosas han pasado. Lo que sigue es mi intento (sin un órden en particular) de dar cuenta de lo que ha pasado desde entonces hasta ahora.

  • Durante julio fui a Francia (y por lo mismo a Europa propiamente tal) por primera vez por un par de semanas. Visité desde Normandía en el norte hasta Niza en el sur, manejé desde Niza a Lyon, me comí un balde de choritos con una salsa deliciosa, fui a un concierto de música gitana en Lyon, recorrí París en compañía de amigos a los que no veía hace mucho (y vi más obras de arte que las que puedo recordar), recorrí Lyon y tuve la oportunidad de hablarle en japonés a unos turistas sorprendidos, conocí gente nueva en lugares interesantes y comí excelentemente y como un cerdo. A la vuelta a Japón pasamos también por Copenhaguen, para hacer de un viaje excelente una experiencia inolvidable.
  • De viaje por Japón, visité Oshima (lugar de nacimiento del mismísimo Godzilla y capital del suicidio volcánico durante la década de los 60s en Japón) en donde me convencí una vez más de lo agradable que son las islas, mientras más chicas mejor. Además (y en menor medida) he visitado Kusatsu, un lugar muy tradicional de baños termales en donde estreché manos en completa desnudez con un enorme japonés tatuado de pies a cabeza mientras me explicaba que sus tatuajes eran “japanese art”, Chiba, y un río cuyo nombre se me escapa pero que prometo poner aquí cuando lo recuerde.
  • Siguiendo con los viajes, visité Corea por 5 días, aunque sólo tuve la oportunidad de visitar Seúl y recorrer un poco los alrededores. La comida fue excelente (a pesar de las malas experiencias que otra gente que conozco ha tenido) y volví tremendamente interesado en Corea y su idioma (el Hangul es maravilloso) y cargado de cosas. Cualquiera diría que fui a Corea a intercambiar oro por baratijas (sobre todo ahora que el yen está tan alto y Corea se siente tan barato), pero las cosas que traje no tienen nada de baratijas. Créanme.
  • Sucumbí a las costumbres de mi generación y subí un video a Youtube editado por mí. La cámara se mueve mucho, lo sé. No necesitan decírmelo. Pero pueden verlo y compartir dos cosas conmigo: el camino de vuelta a mi casa desde la estación de tren, y parte de la música que estoy escuchando.
  • Motivado por un amigo cercano, retomé la lectura, lo que me ha mantenido tremendamente ocupado y activo. No voy a decir que eso me mantuvo alejado de otras distracciones computacionales, pero la verdad es que tiene que haber tenido algo que ver. Desde marzo hasta ahora, he leído Disgrace, Age of Iron, Diary of a Bad Year, The Road, El principito (en francés), Musicophilia, Generation Kill, House of God, Afterdark (en japonés), The Rules of Attraction, I Am Legend, The Sirens of Titan, A Man Without a Country, The Unbearable Lightness of Being y Politics (es posible que se me escape alguno). Además, he hecho lo posible por acarrear conmigo un pequeño cuadernito en donde he ido anotando pasajes de los libros que me gustan, u opiniones acerca de ellos. Ha sido una experiencia interesante. Quizás comparta algo de eso aquí. Quién sabe.1

Creo que eso cubre todo lo esencial. Ahora sí puedo seguir con mi vida, y si algo nuevo pasa les informaré.


  1. Libros que he dejado a medio camino por una u otra razón, sin decir nada acerca de si los retomaré o no: La casa verde, On the Road.
    Libro que leo en este momento: The Girls of Slender Means. [volver]

se murió kurt vonnegut

Friday, April 13th, 2007

kurt_vonnegut-thumb.jpg

Hoy me llegó una mala noticia.

Se murió Kurt Vonnegut.

Me ha pasado algunas veces que saber de la muerte de alguien al que nunca he conocido me causa real pesar. Me ha pasado incluso con gente que se había muerto mucho antes de que me enterara, pero que se muere de nuevo cuando yo me entero.

Esta vez fue algo diferente. Esta vez me enteré relativamente junto con su muerte. Y más que pesar, así con congoja y dolor, lágrimas y demases, lo que tengo es un hoyito, un hoyito de esos que lo hacen decir a uno “por qué”, sabiendo que la pregunta no tiene ni respuesta ni lugar.

Descubrí a Vonnegut gracias a dos cosas. La primera fue mi casa en Mar del Plata. En esa casa había más libros de los que se podían catalogar y leer, y entre esos había muchos libros de autores muy variados. Uno de esos era Dead Eye Dick. Un día, ordenando mi casa por enésima vez encontré ese libro y como el autor me sonaba conocido (debo de haber oído su nombre en algún lado) lo guardé por si acaso, pero nunca lo leí.

Hasta que apareció la otra “cosa”. Esta cosa no es tan “cosa” eso sí, porque es una persona, y a las personas no se les puede decir cosas1. Esta persona es Alicia Urquidi. Ella me dijo que el libro era excelente y que si se lo podía prestar. Lo hice. Se lo leyó en tiempo récord. Me lo devolvió y me lo recomendó, todo eso en un dos por tres. Y el libro volvió a juntar polvo.

Tiempo más tarde, cuando faltaba ahora cada vez menos para la muerte del autor, decidí llevarme el libro de vacaciones. Lo leí en Ñilque, y me reí de principio a fin, tanto que mis sobrinos me temían a la distancia. Tanto que cuando noté que le faltaban pocas páginas para terminar empecé a releerlo, a dar vuelta las páginas cada vez más lento, a leer cada página dos o tres veces, para hacerlo durar. Creo que nunca he disfrutado tanto leyendo un libro. Y lo mejor de todo es que no se puede decir que era un libro alegre. Es un libro terrible, en cierto sentido, pero es simplemente hilarante. Y eso lo hace tanto mejor.

Terminé de leerlo convencido de que había descubierto una nueva estrella. Volví a Santiago y empecé a buscar libros de él, y me empezaron a saltar nombres conocidos. Slaughterhouse-Five, Breakfast of Champions… y algunos no tan conocidos, que eran los que estaban en la biblioteca. God Bless You Mr. Rosewater, Cat’s Cradle, Welcome to the Monkey House, etc. Me los leí todos. Me encantaron todos. Jamás me había refrescado tanto un autor como cuando me topé con Vonnegut.

Y ahora se murió.

Me ha pasado dos veces que encuentro un autor que me encanta y decido que le voy a escribir, que no puedo dejar pasar la oportunidad de decirle lo mucho que ha significado para mí, que no puedo dejar que se vaya sin explicarle lo mucho que me ha gustado, sin felicitarlo por su trabajo, sin por último hacerle saber que hay uno más al que le gustó lo que escribió.

Las dos veces se me ha pasado.

La primera fue con Cortázar, y me pasó casi dos décadas demasiado tarde. La segunda es ahora, y me va a tomar un tiempo darme cuenta de que ya es muy tarde. O quizás no. Quién sabe.

Yo no soy escritor, y las veces que he tratado de escribir me han salido cosas que, a pesar de haberse ganado mi afecto, no se puede decir que sean buenas. No sé por qué, pero la pura verdad es que no sé escribir. Así no más. Sin embargo, me creo capaz de reconocer cuando alguien sí puede, y pocas veces me ha pasado como con Vonnegut. Aquí, atrasado, para variar, un pedazo de Dead Eye Dick que me gustó particularmente cuando lo leí y que ahora, bajo otra luz, leído en la otra mitad del mundo y con un autor menos en el mundo, me vuelve a gustar.

“We all see our lives as stories, it seems to me, and I am convinced that psychologists and sociologists and historians and so on would find it useful to acknowledge that. If a person survives an ordinary span of sixty years or more, there is every chance that his or her life as a shapely story has ended, and all that remains to be experienced is the epilogue. Life is not over, but the story is.”

Ciertamente Vonnegut pasó los sesenta años, y aparentemente más de una vez pensó que estaba viviendo su epílogo. Pero si se me permite decirlo, fue un excelente epílogo.

God Bless You, Mr. Vonnegut.


  1. O bueno, se les puede decir cosas, pero no se las puede llamar “cosas”. [volver]

lo mejor del verano

Monday, January 15th, 2007

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Durante el festival de dramaturgia europea que se realizó en Santiago durante noviembre de 2005 una de las obras que se presentó fue una lectura dramatizada de la obra “Mi joven corazón idiota”, de Anja Hilling. La lectura, realizada por la compañía Niños Prodigio Teatro tomó lo que normalmente no es un formato muy interesante, a saber, la lectura dramatizada, y lo convirtió en algo realmente interesante. Tanto que fue llamada a participar de nuevo, una vez terminado el festival, en la versión de Teatro a Mil que lo siguió a principios de 2006.

Lo particular de la lectura era que si bien por un lado tenía todo lo que hay en una lectura tradicional, a saber, actores leyendo, el plato fuerte era la proyección de ilustraciones de lo que iba pasando en una gran muralla frente al público. La gracia, sin embargo, era que los dibujos eran dibujados en el momento, a medida que la historia iba avanzando, creando una sensación muy extraña en la que el mundo de los dibujos pasaba a ser más real que el mundo de afuera, en el que uno estaba. Tanto así que, después de la obra, al ver a los actores en sus asientos (leían sentados alrededor de la sala), uno sentía que los actores no “eran” los personajes, que los diferentes personajes eran los dibujos (como cuando uno ve fotos de la tipa que hace la voz de Bart Simpson y no ve nada en ella que le recuerde a Bart). Todo esto con el dibujante-en-proceso-de-quedarse-ciego como un ancla a tierra permanente.

La obra fue un éxito para el bajo perfil que mantuvo, con pocas funciones y de a pocas personas. Sin embargo, y gracias al aporte de Fondart, ahora la obra se presenta de nuevo y esta vez con más presupuesto y más desarrollo. Por eso, y como yo no voy a poder ir a verla, los conmino a ir entre el 17 y el 25 de enero al Goethe Institut, de miércoles a sábado a las 20:00 horas, por último para que me cuenten cómo quedó esta segunda versión de la mejor lectura dramatizada que he visto en mi vida.

¡Vayan!

PD: a todo esto, a pesar de la distancia, he tenido la posibilidad de ver referencias a la obra en prensa!

el neo-mecenazgo de another sky press

Saturday, September 2nd, 2006

A mediados de junio pasado salió en slashdot una noticia acerca de Another Sky Press, una editorial que proponía un nuevo sistema para la distribución de libros y, por extensión, de obras artísticas en general utilizando la tecnología moderna como base fundamental.

El sistema que proponen es denominado por ellos ‘neo-mecenazgo’, y resulta de un giro a la idea Renacentista del mecenas que financia la producción artística de un protegido a cambio de que este produzca las obras que a él le interesan (al mecenas, claro está). La idea es la siguiente: en el modelo tradicional, sólo los ricos podían ser mecenas de los artistas, y poseían sobre ellos y sobre la obra producida una noción de propiedad. El neo-mecenazgo acaba con estos dos “problemas” del modelo anterior mediante el uso de donaciones voluntarias masivas provenientes de la audiencia colectiva del artista.

Así, si yo soy un artista y produzco algo, esa obra llegará -siguiendo el modelo de Another Sky- gratuitamente a los usuarios que decidirán, una vez que ellos lo estimen conveniene, cuánto quieren pagar por ella. De ese modo, no sólo evitan pagar por algo que no les gustó, fomentando involuntariamente la producción de obras de mala calidad, sino que se aseguran de mandar justamente el mensaje que ellos quieren con su donación: si les gustó mucho, donarán mucho; si no tanto, podrán donar menos, o derechamente no pagar nada.

La idea aquí es que como tanto las donaciones de los usuarios como la producción dela rtista es voluntaria, ya no hay propiedad sobre la obra artística, o por lo menos no la hay desde un mecenas tradicional, y el artista puede decidir libremente si sigue o no produciendo, y qué es lo que irá a producir. La riqueza del sistema radica en que la donación de quienes consumen esa producción artística es a la vez el pago por un trabajo hecho como el incentivo para futuras obras.

Esto mismo queda muy bien explicado (probablemente mejor explicado que aquí) en la página de Another Sky Press, en un documento titulado “our beliefs” (nuestras creencias), que da la casualidad de que está traducido al castellano.

Como una nota adicional, podría agregar que la traducción de dicho artículo la hice yo, que, entusiasmado con la idea de la editorial, ofrecí mis servicios de traductor por amor al arte. Léanlo, piénsenlo y lean click, la primera novela ya publicada. Nos vemos.

vonnegut hasta la saciedad

Saturday, March 11th, 2006

Hace una buena cantidad de meses, yo incluso diría que hace un año o algo, mientras intentaba infructuosamente poner cierto orden en los libros de mi pieza, me topé con un libro de un tal Kurt Vonnegut. En el momento no le di demasiada importancia, pero como e autor me sonaba, lo aparté y lo dejé entre los libros de los que me he ido apoderando con el paso del tiempo.

Eventualmente una amiga lo vió en mi colección y me lo pidió desesperadamente, porque de todos los libros de Vonnegut que ella se había leído, ese le faltaba. Cuando me lo pidió no me sorprendió en lo más mínimo, pues esperaba de ella que leyera a autores como aquellos en los que yo creía que Vonnegut podría ser categorizado, y ni siquiera me dieron demasiadas ganas de leerlo.

Pasaron los años y este verano decidí llevarlo conmigo, y me llevé una excelente sorpresa. “Deadeye Dick” resultó ser el mejor libro que me leí en el verano. Me tomó justo un día y realmente me reí a gritos (tanto que me preguntaban qué me pasaba, y mis sobrinos tenían un poco de miedo).

Al llegar a Santiago, recomendándoselo a cuanta persona se atreviera a escucharme, me di una vuelta por la biblioteca de la universidad, siguiendo el consejo de esa misma amiga, y encontré dos libros más: “Welcome to the Monkey House” y “God Bless You, Mr. Rosewater”. Del primero, una colección de cuentos, sólo me quedan algunas páginas antes de terminarlo por completo, y debo decir que es hasta el momento, de esos libros en los que cada cuento parece ser el mejor de todos, hasta que lees el siguiente, etc. El segundo no lo he comenzado, pero le tengo bastante fe.

La verdad es que el autor ha sido el único tema de conversación que he tenido en los últimos días y creo que ya tengo a todo el mundo un poco chato del sujeto, pero ¿qué puedo decir? Es como una mezcla entre Isaac Asimov y un Gabriel García Márquez gringo sesentero. Es realmente bueno.