Posteo breve, sólo para decir que …
¡Salí en el Clinic! ¡OMG!
El título es el mismo título del mail en el que otra muy buena amiga (esto de tener hartas buenas amigas es de las cosas buenas de ser hombre y minimamente simpático) me informó (efectivamente con la primicia, y de hecho la exclusividad hasta el momento) del suceso.
Lo que sale publicado abajo de mi foto es un fragmento de la carta en la que mandé la foto. La carta la reproduzco abajo para quienes se interesen en leerla.
Saludos a todos, mijos y mijas, desde el lejano Japón-pon, y ¡Viva Chile, Mierda!
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Sr. Director,
Hace unos dias, y armado de un Clinic significativo mandado por una gran amiga por correo tradicional (lo que explica la tardanza) partí en un viaje por el sudeste asiático que me llevó, sin planearlo demasiado, derecho a Phnom Penh, la capital de Cambodia, y de ahí a la S-21, el principal campo de concentración de Pol Pot, en donde más de 17.000 camboyanos fueron “procesados”.
Mientras recorría los pasillos estrechos y las celdas diminutas y mientras veía las fotos de los torturadores quinceañeros, rayadas por los camboyanos visitantes y leía sus palabras, a pesar de la distancia, a pesar del tiempo, no podía parar de pensar en Chile. Tan diferente nuestro chilito larguirucho de la Cambodia que parece pelota. Tan diferente nuestro dictador de derecha con su dictador comunista. Tan diferente nuestro idioma, nuestro clima, nuestra historia… y sin embargo… qué atrozmente parecidos los bestias que hicieron eso. Qué brutalmente parecido lo que hicieron, y el daño que causaron.
Cuando metí el Clinic a mi mochila para mi viaje, lo llevaba para ver si encontraba una foto simpática, una divertida al lado de un poster olvidado de Christel o alguna otra tontera por el estilo. Sin embargo, con el peso de los muertos nuestros y los suyos, la única foto que pude sacar fue esta que mando. No es muy atractiva, pero espero que esté de acuerdo conmigo en que su valor radica en otro lado.
Con todo lo que sé que nos separa de Cambodia, ahora sé también que hay algo - un hueco, una tragedia - que nos une. Sólo quería compartirlo con usted.
Abrazos desde el extranjero, y gracias por el Clinic, el único diario que extraño, el mejor regalo que me pudo llegar por correo aquí en la lejanía.
José Joaquín Atria