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tu#13 – yo++ (esta vez sin tacos)

Monday, December 18th, 2006

Como el pinguino no ha alcanzado todavía la fama mundial que le espera, creo que es seguro suponer que la gente que lee esto ya sabe que estuve de cumpleaños hace poco. Siendo este mi primer cumpleaños en el exilio, y ya que parte de la idea de este blog es mantener a la gente que dejé en Chile informada de mí y lo que me pasa, aquí les va una reseña de mi cumpleaños. Que, vale la pena decir, por esas casualidades de la vida es la primera vez que me toca en otoño bien avanzado. Vean por favor cómo se ve mi campus… en verdad no es difícil entender por qué a los japoneses les gustan tanto sus estaciones1)

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Primero lo primero. Resulta que del AIKOM hay varios que estamos de cumpleaños en diciembre, y de mi grupo de amigos más inmediato, dos: yo y Mike, que estuvo de cumpleaños el 12. Para celebrarnos a los dos el resto de nuestros amigos decidieron organizar una comida cumpleañera (habíamos hecho algo parecido para el cumpleaños de otra amiga unas semanas antes) en un restaurant en Shibuya. El restaurant nos daba tabehodai (todo lo que puedas comer) y nomihodai (todo lo que puedas tomar) no alcohólico por ¥2100, lo que dentro de todo es bastante barato. Sin embargo, y a pesar de que el restaurante tenía una variedad razonable de cosas que comer y era rico, era al mismo tiempo bastante asqueroso y medio monótono. Procedo a explicar esta aparente contradicción.

El restaurante vendía unas especies de anticuchos que uno metía en una como olla de aceite hirviendo y los freía. En Japón, por lo que he visto, es bastante común encontrar platos de comida que requieren que uno mismo los prepare (el shabu-shabu y el sukiyaki son sólo un par de ejemplos), pero nunca me había tocado algo como esto. Uno pasaba por una gran barra con unos anticuchitos en los que venía una pura presa de lo que fuera (un trozo de carne, un pedazo de pollo, un camarón grande, un takoyaki…), todo crudo o frío (en el caso de los takoyaki, por ejemplo). Ahí también uno podía sacar arroz, tallarines, dumplings, nikuman, y un largo etc de otras cosas, en general todas ricas. De ahí pasaba a servirse un vaso de algo y llegaba a la mesa que tenía esta coas para freír al medio y untaba sus anticuchos en una salsa y de ahí en pan, y a la olla. Al principio todo muy bien, pero digamos que después de notar que todo frito sabe más o menos igual, y de sentirse lleno de aceite hasta detrás de los ojos, y después de treinta minutos de no oler nada más que fritanga ahí mismo en frente de uno, digamos que se le empieza a olvidar a uno lo rico que puedan ser sus anticuchitos fritos y empieza derechamente el asco. Supongo que de ahí les viene el negocio.

Afortunadamente, cuando ya llegaste al asco falta poco para que todos los demás lleguen y empiecen con los postres, y ahí el olor a fritanga o se acaba o se neutraliza. La cosa es que todo vuelve a ser agradable. En general, diría que el restaurant era rico, pero era bastante asquerosillo. Era como una chanchada en exceso. Musho, si me preguntan a mí.

Regalos:

  • un aro de esos como studs, con un cristalcito verde. (versión grande)
  • una banda presidencial que dice 「スケベ代表」 o algo así como “modelo de pervertido”2 Digamos que es una talla interna y nada por lo que sentirse ofendido. スケベプライド! (versión grande)

  1. Tanto incluso que hace poco, en lo que probablemente fue la charla más jugosa que he oído en mi vida, se nos dijo que uno de los principales, si no el principal, de los problemas de Japón era el calentamiento global, porque una vez que la tierra terminara de calentarse, Japón no iba a tener más estaciones, y las estaciones eran una parte esencial de la cultura japonesa. Eso explica el protocolo de kyoto… ¡¡cómo no lo había pensado antes! (La charla, eso sí, corrió por cuenta de profesor invitado. Ese curso en general es bastante bueno y entretenido [volver]
  2. Una de las cosas que más rápido aprendimos al llegar aquí es la escala de perversión sexual, aunque no sea tan así. Digamos que en la cima de todo está el “hentai” (変態), que puede funcionar como un adjetivo. Ese es el más parecido al pervertido que todos conocemos. Debajito de ese vendría el “s(u)kebe” (スケベ), que es más parecido a un viejo verde, o a el personaje ese de Ranma 1/2 que se dedicaba a robar calzones. Lo comúnmente aceptado es que todos (los hombres) tenemos algo de skebe. En tercer lugar, y en mi opinión mucho peor que el skebe promedio que se sabe interesado en el sexo opuesto y lo acepta, esta el “muttsuris(u)kebe”, o elviejo verde reprimido. En la opinión de los japoneses que me enseñaron todo esto, todo hombre que no se reconozca como skebe, es una de las otras dos opciones. [volver]

tu#12 – el segundo mes y contando

Saturday, December 2nd, 2006

Hoy se cumplen dos meses desde que llegamos a la residencia que hemos llegado a amar (yo por lo menos) y la verdad es que es fácil acostumbrarse a vivir aquí. Las costumbres de la gente, a excepción de algunas derechamente raras, no son demasiado distitnas a las que la vida en Chile me han acostumbrado, y dentro de todo, creo que ahora puedo decir con más certeza y credibilidad que antes que los japonese y los chilenos no somos tan diferentes. No sé si puedo explicar tanto por qué me da esa impresión, pero hay algo que hace que uno se sienta más o menos en casa, y definitivamente no fuera de lugar. Hay algo extrañanemente hogareño en Japón.

Ha pasado harto tiempo desde la última vez que escribí y las dos últimas no han tenido que ver conmigo precisamente, o por lo menos no con mi vida aquí. Por eso hay un montón de cosas que contar, pero vamos por aprtes, como Jack. El fin de semana pasado fue el Komaba Sai (駒場際), que es un festival que se realiza dos veces al año en el Campus Komaba (de ahí el nombre). Durante todo el fin de semana, que además es largo para los de Todai, los distintos grupos de la universidad -sean estos círculos o clubes de los más variados tipos1- ponen stands con comida y otras cosas (había un stand de un círculo de arquería occidental en el que se podía disparar un arco a un blanco gigantesco como a un metro de distancia, por ejemplo) a la vez para promocionarse y para juntar plata. En general, eso sí, el Komaba Sai es como el momento de relajo en donde uno puede pasearse por el campus comiendo todo el dia, viendo shows de magia, escuchando recitales de la gente de la u y pasando en general un buen rato, aunque sea un rato un poco caro.

El Yumi-no-Kai (para los pavos que lo hayan olvidado, ese es mi círculo de kyudo, cuyo nombre significa literalmente algo así como “la agrupación del arco”2) había decidido poner un stand de takoyaki (たこ焼), que son unas bolitas de una masa medio misteriosa con un poquito de pulpo (たこ) y plantitas, queso a veces y en definitiva lo que uno quiera ponerle. Se hacen como en una parrilla con hoyitos que dejan convertir la masa líquida en pelotitas y se comen con mayonesa y con la misma salsa que se le echa al okonomiyaki, aunque nunca he comido eso en verdad…

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La cosa es que como los tres extranjeros (que acabo de notar que suena peligrosamente a “Los Tres Mosqueteros”) somos parte del Yumi-no-Kai, y como nos han metido en todo lo que pueden del círculo, nosotros también tuvimos que aprender a hacerlos y nos encargamos del primer turno del festival en la mañana del viernes 24. El domingo antes de ese fin de semana (con una lluvia espantosa) habíamos tenido una reunión en otra de las residencias para estudiantes de Todai (bastante más comunitaria que esta en apariencia por lo menos) en donde tuvimos una especie de crash course en la preparación de estas bolitas dichosas. Las fotos que están distribuidas en este posteo son del proceso creativo de las susodichas durante nuestro turno en el festival de la universidad. Yo no me veo porque bueno, estoy tomando las fotos.

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Como pueden ver, la preparación se hace con esas parrillas con hoyos y unos palitos que pueden ser palitos de verdad (es decir, de palo…) o de metal. Uno le pone aceite a la cosa (se forman unas pocitas en los hoyitos que al principio se ven medio asquerosillas, pero después son la papa) y de ahí la masita, que se dora con ese aceite. Mientras sigue líquido uno le echa la cosa verde y la cosa roja (tienen nombre, y probablemente gustos muy diferentes, pero no tengo idea ni de cómo se llaman ni de a qué saben por separado) y unos pichintuncitos de pulpo picado, con su espolvoreado loco de queso encimita para darle un poco de consistencia a la cosa y ayudarlos a convertirse en pelotas y a quedarse en su nueva forma una vez que la alcancen. De ahi uno se esfuerza por lograr que cada hoyito tenga su masa y que las futuras pelotas no se toquen, y cuando están lo suficientemente hechas por debajo, uno las empuja y giran solitas dejando la parte cruda para abajo y la parte recién hecha para arriba, y así, de a poquito, uno las va girando hasta que quedan hechas pelotas.

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La verdad es que son bien ricas, y las parrillas se ven tremendamente versátiles, así que estoy considerando seriamente comprarme una para hacer bolitas de todo, desde huevo revuelto a queso solo, si es que se puede. Si no, siempre puedo comer fracasos fritos, ya que como todos sabemos, todo lo frito es rico.

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Al parecer este posteo se va a tratar de pura comida, porque ya llevo lo suficiente para que sea un posteo y es medio tarde para cambiar de tema. Además, la comida da para mucho.

Hace un par de dias me entró el cargo de conciencia por comer siempre afuera en restaurantes (es fácil, rico, rápido y no demasiado caro… y eso sin contar que cerca de aquí hay restaurantes de muchas cosas distitnas, así que uno puede comer bastante variado además) y decidí que era hora de empezar a moverse con la comida propia. Ya el mes anterior había comprado arroz (5 kilos) y había probado mi arrocera donada involuntariamente por la sempai de una amiga con una comida de arrocito perro (cfr. agüita perra). Rico. Blanco, salado, medio apelotonado, pero rico.

La cosa es que con eso en mente partí a Summit, nuestro supermercado (que de hecho se llama algo más parecido a Samitto: サミット) y compré todo lo que me atreví a comprar para cocinar:

  • Huevos
  • Gyoza congeladas
  • Zanahorias
  • Dientes de dragón
  • 1L de salsa de soya
  • Repollo (pensé que era lechuga…)
  • 2 bolsas de arroz preparado congelado (con carnecita y plantitas y demases)
  • 2 Cajas de jugo de naranja
  • Kuu (la bebida que me gusta, que es sorprendentemente parecida al jugo de naranja)
  • Dumplings congelados
  • 2 Cup ramen
  • 2 Cup yakisoba
  • 1 Cuchillo
  • 1 Cuchara de palo

Lo mejor de todo es que eso me salió ¥4.144, lo que no es tanto, y me puso en condiciones de poder hacer lo que hago en este mismísimo momentísimo3: una tortilla de zanahoria con arroz. ¿Vieron que ando pulento?

Actualización: la tortilla, así tortilla-tortilla no fue, pero el resultado me sirvió para aprender un par de cosas acerca de la cocina que no había tenido oportunidad de aprender antes. Y por si eso fuera poco… quedó rico. Pronto más posteos sobre las demás cosas. ¡Hasta entonces!

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  1. Dentro de las universidades y demases japonesas, las agrupaciones de estudiantes pueden ser a grandes rasgos de dos tipos: círculos o clubes. No sé exactamente qué cosas hacen que una agrupación cualquiera sea de una clase o la otra, pero al parecer, los clubes son a la vez más serios y más oficiales que los círculos, mientras que estos últimos son más relajados y abarcan una cantidad mayor de intereses. A juzgar por eso, me da la impresión de que los clubes tienen el visto bueno de la universidad, mientras que los círculos son cualquier grupo de estudiantes, pero no sé en verdad… [volver]
  2. Ahora que lo pienso no sé si algo puede ser “literalmente algo como”. Algo dentro de mí me grita que las cosas que son literalmente algo son literalmente algo, y no literalmente algo como algo más, pero de todos modos lo voy a decir porque otra partecita de mí dice “¿y qué tanto?”. [volver]
  3. Ad honorem Divino Anticristo… [volver]

un pequeñísimo atisbo de lingüística nipona

Tuesday, November 14th, 2006

Ultimamente las clases de japonés han estado tremendamente interesantes. Como ya deberían de haberse enterado, me costó un poco entrar a mi nivel de japonés porque en la prueba de diagnóstico me fue como las pelotas. Claro, ante la fuerza de la evidencia, uno podría legítimamente hacer la observación de que los resultados de una prueba de diagnóstico no son nunca errados, en el sentido de que siempre determinan un nivel al que la persona que tomó la prueba (o individuo, si nos ponemos exquisitos) debe entrar, y ese nivel es siempre el apropiado. Sin embargo, ese tremendamente fome pedacito de arriba parte de la base de que la prueba está bien diseñada.

La prueba de diagnóstico que tomé para ver mi nivel de japonés constaba de tres partes: la primera era una prueba de kanji, los ideogramas japoneses que derivan de los caracteres chinos (de ahí el nombre)1, la segunda de gramática, y la última de vocabulario.

En la de kanji me fue pésimo pésimo. De las aproximadamente 40 palabras que habían sólo pude saber una, y esa la supe de puro suertudo que soy porque justo esa mañana la había visto en el metro y le había preguntado a un amigo qué significaba (ahora olvidé la palabra, pero significaba “peligro”).

Eso, sin embargo, era el resultado que esperaba, porque a pesar del infinito aprecio que le tengo a la gente del Instituto Chileno-Japonés de Cultura, que me enseñaron buena parte de lo que sé de japonés, me veo obligado a decir que no me enseñaron casi ningún kanji. Malditos. De cualquier modo, como iba diciendo, la sorpresa no fue esa. La verdadera sorpresa vino en las otras dos pruebas que también estaban escritas en casi puros kanji.

Claro, no va a faltar el que diga, muy acertadamente, que la prueba no estaba escrita en kanji sino que en japonés, que – ¡oh! – se escribe con kanji. Sin embargo, si el objetivo de la prueba de vocabulario, por poner un ejemplo, no era verificar la cantidad de kanji (en singular no más porque el japonés no tiene plurales, y algo me dice que la palabra todavía no es un préstamo en castellano) que uno sabía, entonces decidieron una muy interesante manera de probarlo, porque la única manera de saber qué te estaban preguntando, era leyendo los desgraciados dibujitos. Así las cosas, todo eso me sirve para contarles que le he estado dedicando ultimamente todo el tiempo del que dispongo (claro, cuando internet, las salidas, la comida, la universidad, la lectura y las conversaciones y paseos me dejan tranquilo) al estudio de los famosos dibujitos.

Estudiando estas cosas, tratando de que pasaran de ser un montón de complejos garabatitos sin sentido a ser ideas plasmadas en tinta, he ido notando algunas relaciones interesantes, que aunque escasas por el momento, de seguro resultarán interesantes en su momento.

Lo primero que deben saber para entender de lo que me voy a poner a divagar a continuación, en todo caso, es que los kanji están formados por radicales. El primer diccionario de kanji que existe es el Shuowen Jiezi (說文解字), escrito alrededor del s.II d.C., que usaba un sistema de 540 radicales. Posteriormente, en 1615, se hizo un nuevo diccionario que redujo la cantidad de radicales a 214: el Zìhuì (字彙). Esta tabla de radicales se mantuvo con el diccionario Kangxi de 1716 y es la que se ha usado desde entonces para el estudio y la enseñanza de los kanji, y para la publicación de nuevos diccionarios.2

Estos radicales aparecen en todos los kanji, ya sea como elemento semántico, fonético o como único elemento constituyente del caracter3 y pueden aparecer en cualquiera de cinco lugares dentro del caracter: a la izquierda, a la derecha, arriba, abajo o alrededor (o al medio). Algunas veces, para ajustarse a la cuadrícula a la que todos los kanji se ajustan, algunos radicales aparecen estirados, o aplastados, o incluso con variantes con un número inferior de trazos, etc.

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Lo interesante entonces, es que a menudo, con sólo ver un ideograma, uno tiene una muy buena idea de los elementos etimológicos que lo componen, y desde una perspectiva a la vez completamente desinformada y externa, me da la impresión de que esto debe facilitar bastante el trabajo de la etimología japonesa (dejando de lado, claro, las evidentes complicaciones de demostrar si tal o cual radical de hecho corresponde a una variante de tal otra, y qué hace en un caracter que no tiene nada que ver con nada, por poner el priemr par de ejemplos que se me vienen a la cabeza). De todos modos, aunque sea para reirse un poco, veamos algunos kanji que tienen relaciones interesantes.

Por ejemplo, el ideograma para “divertido” o “entretenido” es 楽 (en japonés, el adjetivo entero se escribe 楽しい, y se romaniza tanoshī), pero el ideograma para “remedio” o “medicina” es 薬 (se romaniza kusuri). Sin entrar demasiado en detalle, porque no sé lo suficiente, baste con notar que la única diferencia es el 艹 que el segundo tiene encima, que a todo esto es el radical de “pasto”. Los remedios (¿hierbas medicinales?), al parecer, son pasto entretenido.

El otro caso relativamente interesante es el darse cuenta de las relaciones que existen entre palabras que a primera vista no parecen estar relacionadas. Por ejemplo, no le he preguntado a nadie que sepa de verdad, pero creo que se puede decir con un cierto grado de certeza que alguna relación ha de existir entre las palabras japonesas para “templo”, “poema”, “esperar”, “llevar (en la mano)”, “tiempo”, “especial” y “samurai”, cuyos ideogramas son, respectivamente, 寺, 詩, 待, 持, 時 特 y 侍.

Por último, a mí por lo menos me entreteniene encontrar en mi diccionario (el de Spahn y Hadamitsky, gracias por preguntar) cosas como la siguiente: 牛 es el ideograma para vaca, y se puede leer ushi, gyū o go . En la otra esquina, y con sólo 8 trazos, tenemos a 乳, que puede significar leche o pechos (de mujer, si entienden la asociación), y que se puede leer chi, chichi o nyū. Ahora, estos dos caracteres juntos hacen la palabra gyūnyū (ぎゅうにゅう, 牛乳), que significa leche (generalmente de vaca, pero no sé si siempre). Pero también forman nyūgyū (にゅうぎゅう, 乳牛), que significa vaca lechera. Fascinante4.

Demás está decir que todo esto puede perfectamente no ser más que una serie de datos curiosos y no tremendamente significativos, o por otro lado, una serie de malinterpretaciones hechas por alguien que no conoce demasiado bien de lo que habla, como tantas veces vemos que pasa en castellano5. Sin embargo, como no se pueden hacer esos comentarios tontos si uno sabe de lo que habla, es mejor hacerlos cuando no se sabe, así por lo menos se tiene una excusa.

¡Hasta la próxima!


  1. kanji en japonés se escribe 漢字 en kanji (…). El segundo significa “caracter” (no “carácter”, fíjese en los acentos pues, que para eso están…), mientras que el primero se refiere a la dinastía Han en particular y a China en general. [volver]
  2. La única modificación que conozco de esta lista es la que Spahn y Hadamitzky hicieron para la publicación de su Japanese Character Dictionary – With Compound Lookup via Any Kanji en 1989, revisado en 1996 y republicado en 2002 con el título The Kanji Dictionary. [volver]
  3. O en la mayoría de estos, dependiendo de si se usa o no el sistema resumido de 79 radicales, que tiene una sección relativamente grande de kanji “sin radical”. [volver]
  4. ¿Impresionados? Yo quedé igualito cuando supe que en japonés “diente de leche” se dice nyūshi , y se escribe con 乳 y 歯, que son, respectivamente, los ideogramas de leche y diente. Y en inglés, aunque no se use demasiado, la expresión “milk tooth” también existe para expresar lo mismo. Yo por lo menos no habría pensado que la relación entre los dientes de un niño y la leche era tan evidente. [volver]
  5. El ejemplo más pelota de los que conozco es que el castellano es una lengua “ilógica” porque tiene dobles negaciones (…). [volver]

tu#11 – hoy disparamos!

Saturday, November 11th, 2006

Posteo breve, sólo para registrar el hermoso día en que por primera vez una flecha fue disparada por las manos que escriben en este momento. Finalmente, luego de varias semanas de práctica (varias de esas sin siquiera tocar un arco, algo así como las clases de guitarra de Phoebe en Friends), finalmente lograron confiar en nosotros lo suficiente para dejarnos disparar al makiwara1, que es una especie de atado de paja que sirve para practicar. Nuestro círculo practica en tres dojos distintos: uno cerca del centro de Tokyo, uno cerca del campus Komaba y otro relativamente cerca de Kichijoji. El dojo de Hongo, el que queda cerca del centro de Tokyo, tiene el makiwara más grande que he visto: es una especie de gran atado de paja de como un metro y medio de diámetro y unos 70 centímetros de profundidad.

Uno se para frente a esta cosa, con la flecha en mano, y dispara como si fuera a hacerlo de a de veritas, pero hacerlo con la gracia con la que lo hacen mis sempai va a ser mucho más difícil de lo que pensaba. La energía que liberan esos arcos es enorme, y todavía no logro mantener los ojos abiertos en el momento de soltar la cuerda. La cagó cómo se siente, es realmente impresionante como sale esa flecha disparada.

Extrañamente, hoy fue la primera práctica para la que pensamos seriamente no ir, debido a la flojera de fin de semana y una amenaza de lluvia un poco constante. Jack, de hecho, decidió no ir, y se perdió la práctica más importante e intensa que hemos tenido. Debemos haber disparado unas cinco flechas, y al final ya no daba más. Necesito encontrar la manera de disparar relajado, pero creo que lo voy a lograr, y sé que el camino hasta allá y el eventualmente lograrlo, va a valer tanto la pena…


  1. En karate también se usan makiwara, pero son distintos. Los makiwara de karate son unos palos enterrados que tienen unos patacones de paja en la punta que está sobre la tierra, y sirven para aporrearlos con la manos y los pies. Los makiwara de kyudo se llaman igual, pero no se les pega: se los ensarta. Las flechas que se usan con los makiwara de kyudo también son distintas: no tienen plumas. Al parecer, vamos a tener que hacer otro viaje a la tienda de kyudo a comprar flechas de esas, que no compramos, y a aprovechar de que nos borden los nombres en nuestras hakama. [volver]

tu#10 – el primer mes

Friday, November 10th, 2006

Hace poco tuve mi primer encuentro con lo que será probablemente el resto de mi vida. Llegué feliz y satisfecho después de un largo día en la universidad a mis 14 metros de comodidad y privacidad, sólo para encontrarme con mi pieza sin luz ni agua, caliente ni normal. A la pobre de Gladys le quedaban como 30 minutos de batería (porque la había dejado bajando un instalador de Windows para arreglar un computador) y la maquinita que me marca lo que tengo en mi cuenta de arriendo decía que debía como ¥9400. Mala onda.

No he hablado nada de el sistemita que tienen para pagar las cuentas, aunque en una de esas vale la pena por lo menos mencionarlo. La residencia se organiza en torno a un especie de salón de actividades que llamamos afectuosamente el “Common Hall”. Ahí se hacen desde las fiestas hasta eventos más informales, como juntarse a estudiar, o a practicar algún instrumento, jugar ping-pong o incluso practicar artes marciales. Otra de las cosas que se hacen ahí es pagar el arriendo.

En una piececita aparte tienen unas especies de máquinas expendedoras (todo se hace con máquinas aquí), una por edificio. Uno ingresa el número de la pieza y puede meterle más plata a la cuenta. Uno podría de hecho pagar todo el año, o lo que fuera, pero por motivos obvios es mejor ir de a poquito. Además, a la entrada de mi pieza tengo una maquinita que me dice cuánto me queda, y que parpadea cuando tengo menos de quinientos yenes (como ahora, por si les interesa).

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La cosa es que los muy desgraciados se toman muy en serio eso de que el arriendo es por mes, y cuando llegué de la universidad el primero de noviembre pasado, estaba en las tinieblas. Partí raudo a pagar mis cuentas sólo apra enterarme ahí que mi conexión a internet también se había cortado. Así como lo ven, mi vida se precipitaba en caída vertiginosa por un abismo de miseria, sufrimiento y falta de internet.

Sólo una semana después logré volver a vivir, y ahora, cuando todavía me recupero de las profundas consecuencias que toda esta experiencia dejó en mí, tengo en mis manos la cuenta de mi celular, la primera del año. ¥6400. Odio las cuentas.

Sin embargo, no es lo único que me ha llegado por el correo. Todos los días, probablemente porque nunca he tenido una casilla propia y me dan ganas de sentirme importante, reviso mi casilla de correo. Generalmente no hay nada, y sólo rara vez me llega una cuenta o una notificación de que tengo que ir a hacer algo a la oficina de la residencia1. Sin embargo, hace poco recibí con una sonrisa en mis labios los discos de isntalación de Ubuntu.

Resulta que los chicos buenos de Ubuntu tienen la idea (muy acertada, creo yo) de que la mejor manera de difundir Ubuntu -y con él, Linux- es dándole a la mayor cantidad de gente el acceso al OS. Por eso tienen en su sitio una página donde uno puede bajar las imágenes de los discos de instalación para grabarlos en sus propios discos y usarlos por la vida. Y por si esto fuera poco, también puedes encargarlos por correo, de forma completamente gratuita, desde aquí2. La cosa me funcionó a mí, y mucho más rápido que las tres semanas que dicen que se puede demorar. Pedí los tres discos, para estar listo para isntalar Ubuntu en la máquina que me pongan por delante (ahí va a haber que ver cómo me va, que es otra historia completamente diferente).

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Y lo más pulento es que junto con mis discos sexys me llegaron cuatro -¡sí! ¡cuatro!- sensuales stickers de Ubuntu con los que puedo hacerle más propaganda. Uno de ellos ahora está en mi puerta, por fuera, junto con una banderita chilena, banderita tricolor, para decirle al mundo quién soy, miéchica.

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Además de eso, debo decir que mi vida no ha estado muy interesante. He comprado millones de libros de manga, aunque he podido leer muy poco, porque a pesar de que puedo entender manga en japonés con ayuda de un diccionario si es que el manga tiene furigana (las letritas chiquititas arriba de los ideogramas que dice cómo se leen, y que permiten buscar las palabras en los diccionarios más rápido que buscando puros kanji), no todos los manga tienen furigana. De hecho, son pocos los manga que tienen furigana para todos los kanji (como Death Note, One Piece o Dragon Ball) y otros manga, como Vagabond, no le llevan todo lo que es el furigana salvo en los casos más extremos3. Además de tomos de todos los manga que acabo de mencionar, excepto Death Note, me compré los siete tomos del manga de Nausicaä, pero esos no le pegan mucho al furiganazo tampoco, así que tendrán que esperar. Se ven preciosos eso sí en mi estante…4.

Además de todo esto, aproveché mi semana sin internet para amononar mi pieza, y convertirla un poco más en algo mío-mío. Empecé por pegar en la apred las postales que compré en Nueva York. Son un montón de postales, la mayoría con retratos de personas que, por una razón u otra, admiro o me gustan. Son personajes igual bien variados, desde Bob Dylan a Malcolm X, o desde John Lennon a Audrey Hepburn, y me di el trabajo de ponerlos de modo tal que, sentado en mi computador, los pueda ver a todos al mismo tiempo sin que se reflejara la luz de mi pieza en ninguno.

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Además de mi pared de retratos, tengo la foto que me regalaron los chiquillos antes de mi partida (la Mari, el Peter, la Vale y la Camila) y la foto de el único perro que realmente me gustaría tener como mascota canina: Perro. Hace unos años, el 2004, cuando fuimos de paseo al sur con Sake, Gabriel y la Camila, ese perro nos siguió y nos acompañó sin nunca portarse como un perro desagradable, se ganó todo nuestro cariño, y desapareció misteriosamente, tal como apareció, el día que volvíamos. El perro fantasma de la laguna Cayutué.

Dos años después, y a medio mundo de distancia, su foto está pegada a mi cama. La más linda de las fotos que tengo en mis murallas.

¡Nos veimos!


  1. Hay excepciones, como el magnífico número 5 de en-raizada, que me llegó cortesía muy especial de la buena de la Javi. ¡Gracias! [volver]
  2. Esto también lo dije en la incipiente e incompleta guía/registro de instalación de Linux que estoy/estaba haciendo, y que pueden ver aquí. [volver]
  3. De estos, ahora mismo estoy leyendo One Piece, comprado en Book Off. Amo esa tienda. Manga usado, entre ¥350 y ¥105 por volumen, que en el caso de cómics más abacanados, como Vagabond, por ejemplo, es verdaderamente una ganga. [volver]
  4. Y antes de que pregunten, si no fueran tan baratos no los compraría. No me voy a quedar pobre por comprar manga, no os preocupéis… [volver]

tu#9 – la vida en tokyo

Sunday, October 22nd, 2006

Ha pasado un montón de tiempo desde mi último posteo y creo que es hora ya de postear de nuevo. Los últimos días han estado agitados, y llenos de cosas que hacer, lugares a los que ir, papeles que sacar, pruebas de diagnóstico, eventos, tours y miles de cosas por el estilo, pero las clases empezaron hace más o menos una semana y las cosas están bastante más establecidas. Ahora creo que puedo darme el tiempo de escribir como me gusta: largo y tendido. Respiro.

Los primeros días estuvieron totalmente dedicados a sacar los papeles necesarios para tener una vida razonablemente legal en Japón. Tuvimos que ir al registro de extranjeros (外国人登録, gaikokujin-tōroku) a sacar nuestra tarjeta de extranjeros residentes y a sacar nuestro seguro médico (que cuesta ¥10.000 al año, lo que es bien sorprendente). Fuimos a sacar nuestra cuenta de banco, que ya está lista y debería tener sobre ¥200.000 desde el domingo 15 (¡al fin!) y nuestra tarjeta de estudiantes para el tren, que sirve para ahorrarse mucha plata (todos los días que tengo clases tenía que gastar ¥170 de ida y de vuelta entre el campus y Kichijōji, pero ahora con la tarjeta, que se compra por uno, tres o seis meses por distintas sumas, paso “gratis”). Eso sumado a la tarjeta de la biblioteca, las cuentas para las salas de computación (miles y miles de computadores, y TODOS son iMacs, ¿pueden creerlo? ¡qué desperdicio por Dios!), y un largo etcétera me han mantenido más ocupado de lo que me gustaría.

De todos modos he encontrado tiempo libre que prontamente paso a rellenar con actividades. La que me tiene más entusiasmado de esas es el kyūdō (弓道), o la arquería japonesa. Es un arte marcial bastante más inútil que otros como el karate, jūdō o el kung-fu, y menos establecidamente deportiva que el kendō (esgrima japonesa), pero es tremendamente estilosa, y agradable. Es la primera vez que practico un arte marcial, así que avanzo lento y me sorprendo de todo, pero me imagino que este es el mejor momento y lugar para empezar, así que me tiro no más.

Dentro de todo, como la mayoría de los deportes (o por lo menos de los que valen la pena, si se practican con seriedad), es un deporte caro. El equipo completo incluye la hakama (), el arco (yumi, ), el guante (yugake, 弽) y las flechas (ya, 矢). Calculando y revisando precios, los dos amigos con los que me metí al círculo y yo hemos calculado que uno puede comprarse todo por aproximadamente ¥55.000, pero no es necesario todavía comprarse el yumi, porque en el círculo al que nos metimos nos los prestan por el momento (además, recién estamos empezando a practicar los pasos con arco en mano y no me gustaría gastar los ¥20.000 que cuesta un yumi barato para destrozarlo mientras aprendo. De todos modos, el próximo sábado la gente del círculo nos va a llevar a comprar las cosas para empezar a practicar como la gente sin tener que depender del equipo que esté disponible para prestar (principalmente los yugake son importantes) y nos dijeron que, para irse a la segura, lleváramos ¥50.000. Yo espero no tener que gastar tanto eso sí.

El círculo al que nos metimos se llama “ゆみの会” (yuminokai), que se puede traducir más o menos como “Club del yumi”, o algo por el estilo. Como ven, es un nombre bastante evidente. El link a la página está en la lista de links de este blog y encimita del nombre del círculo, y ahí hay fotos de las prácticas y el calendario de actividades, así que si alguna vez ven por ahí que hay un partido de algo, en el cual no creo que participe, por lo menos pueden saber dónde y a qué hora voy a estar, ¡porque definitivamente voy a ir!

En una nota un poco más amplia, las cosas en la residencia ya están bastante más establecidas. Ya sabemos dónde comer, por cuánto, y si es bueno o no, dónde están las picadas y qué sé yo. Estamos planeando con unos amigos una visita en masa al Museo Ghibli en algún momento, pero no estamos apurados por hacerlo (cada vez que voy a Kichijōji paso frente a él y veo el enorme Totoro sentado en donde se venden los boletos. De noche, debo decir que se ve un poco aterrador…). Lamentablemente, ahora paso mucho menos frente al museo que antes, porque ya no tomo el tren en Kichijōji. Ahora lo tomo en una estación más chica que se llama 三鷹台 (Mitakadai), porque ahí se pueden estacionar las bicicletas gratis (en Kichijōji hay que pagar, no mucho, pero hay que pagar). El estacionamiento, en todo caso, es una vista a la que todavía no me acostumbro totalmente. Creo que antes de que termine el año voy a tener por lo menos una pesadilla que gire en torno a una bicicleta no encontrada entre todas las demás…

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La bicicleta es una nueva adquisición y viene de una larga historia. Supongo que recuerdan el viaje ese que hice en bicicleta a través de Tōkyō bajo la lluvia, en lo que fue la aventura más idiota que he vivido. Bueno, resulta que esa bicicleta murió, y en buena hora si me preguntan a mí. La abandoné cerca de la estación de tren Tōkyō y no pienso ir a buscarla. Además, si fuera no podría traerla (porque no anda) y si la trajera de vuelta no la usaría (porque es una porquería). Decidí finalmente comprarme una bicicleta nueva, por el módico precio de ¥7000. Es negra, es sexy, y tiene canastito, luz y de esas como parrillas en la parte de atrás. Además, tiene de esas patas que no son patitas ridículas por el lado sino patas como la gente que levantan la rueda trasera entera, y le lleva candado incluído y seguro para la pata. Y por si eso fuera poco, ya me acostumbré a andar en ella sin manos y estoy mejorando constantemente. Sólo tengo que recordar no intentar sacar cosas de mi mochila mientras manejo (muchos infinitivos, ¿no creen?).

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Como noticia extra, que parece ser una señal de que las cosas están marchando bien con mi asentamiento nipón, les cuento que hoy tuve mi primer sueño con fragmentos en japonés. En el sueño conocí a un montón de hijos de extranjeros que vivían en Japón, y cuando ellos se presentaron aparecieron un par de niños brasileros que sintiendo algo de solidaridad latinoamericana, me empezaron a decir de dónde venían y esas cosas, creo que en portugués. Dijeron que venían de un lugar que se llamaba algo así como “ao sabá” (así sonaba, por lo menos, y en el sueño tenía algo que ver con los Andes) pero ante mi cara de inseguridad me preguntaron “「アオサバー」が分かる?” (”¿entiendes lo de ‘ao sabá’?”). El resto del sueño fue en inglés y de eso si estoy seguro. El portugués que creo que los niños esos pueden haber hablado era más bien un portugés inventado. No era portugués más que en el sueño.

Adjunto porque sí una foto de mí y unos amigos en Yokohama hace más o menos una semana. Atrás estamos Chris (USA) y yo. Adelante Jean Paul (Alemania), Victoria (Singapur) y Helena (Nueva Zelanda). La foto la tomó Jack (USA), pero fíjense que no se ve… qué cosas…

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Qué cosmopolita, ¿no?

Hasta la próxima, que espero sea en menos tiempo.

tu#8 – me pillaron las responsabilidades…

Monday, October 2nd, 2006

Y bueno, así no más. Ni siquiera alcancé a ponerme al día como dije que lo iba a hacer antes de llegar a Mitaka. Ahora mismo me encuentro sentado en mi pieza (mi pieza) de 14 metros cuadrados. No es demasiado grande, pero es mía (o todo lo mía que puedo pretender ahora) y de a poco le he ido encontrando lugar para todas las cosas que tengo y las nuevas cosas que recibí de Mauricio (no el guapetón, el otro, aunque con eso no quiero decir que… ah… a la mierda). Entre las cosas interesantes que se pueden decir, debo confesar que la bicicleta retititutata que me prestaron la otra vez, que empecé a odiar cuando la llevé a Tōkyō mismo y no dejé de odiar desde entonces, me dejó definitivamente botado ayer camino a ese bar donde tocaba Hideki, que,a todo esto, tiene un nombre larguísimo (el bar, no Hideki): 晴れたら空に豆まいて, que creo que es algo como “esparce porotos al cielo si está despejado” o alguna barbaridad por el estilo.

La cosa es que mientras iba a tomar el metro, en bicicleta, a la bicicleta endemoniada se le salió la cadena por quincuagésima vez y esta vez se le salió con cuática y se incrustó entre el piñón de atrás y la rueda misma, y de ahí no hubo quien lo moviera. Además, mientras la forcejeaba a ver si se dejaba tratar como la gente, se le cayó un pedacito de un lugar misterioso que nunca pude entender muy bien cuál era, y me di cuenta de que uno de los eslabones de la cadena, que típicamente tienen dos cilindritos y unas piezas de metal que los unen, tenía sólo una de esas típicas y tan necesarias piececitas de metal, lo que significaba que los segundos que le quedaban de vida los podía contar con una mano. Así que ahora la bicicleta aguanta las inclemencias del tiempo amarrada a una baranda cerca de la estación Tōkyō, muchas gracias por preguntar.

Al llegar a la residencia, en todo caso, como que le seguí la corriente a todo el mundo y todo el mundo me la siguió a mi, así que ahora soy el orgulloso “dueño” de otra bicicleta, esta sí más decentita. Eventualmente les conté de la otra, pero al parecer nadie sabe muy bien qué hacer con ella. Como de costumbre, el tiempo dirá que habrá de suceder. En el peor de los casos, digo yo, la dejo ahí y pago por ella, y en el estado en el que se encuentra, de seguro no me cobrarán demasiado.

Entre los trámites que tuve que hacer conocí a algunos de mis compañeros, principalmente a una vietnamita absolutamente diminuta llamada Thuy Nhung Nguyen (Nguyen es el apellido, aunque todavía no sé muy bien cómo decirle) y a un malasio que se llama Mohd Rafi Awang Senik (donde Awang Senik son sus apellidos, pero me dijo que le dijera Rafi). Mañana a las 11:30 nos llevan a inscribirnos en el registro de extranjeros en el City Hall de Mitaka, y de ahí a hacer una serie de otros trámites como abrir una cuenta de banco, y aquí viene lo más emocionante de todo: el documento que tuve que hacer para crear mi cuenta bancaria tuve que firmarlo, pero no como ustedes creen.. nooooo. Lo firmé como se debe: con mi propio inkan. TENGO INKAN!! (el inkan es ese sellito rojo que los japoneses usan como firma, los japoneses entiéndase como yo. ehem.)

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Voy a tener que preguntar eso sí que kanji es, porque el que encuentro que más se parece es 室, pero igual no más que no es, a menos que sea una interpretación muy libre. Cuando tenga más claro cuál es en verdad, lo revelaré. Por el momento, quedémonos con el misterio todos juntos. De todos modos es super abacanado, y de lo contrario no me van a convencer (jt, cómo te quedó el ojo? ah?).

Otra cosa que me pasó fue que entre las cosas que me dejaron había un refrigerador, que debe haber tenido la concentración de hongos más alta desde los bosques de Nausicaa del Valle del Viento, o ese pedazo de zapallo que una vez encontré en un subterráneo en la casa de la abuela de la Camila y que confundí con una pelota de fútbol. La cosa estaba mal. Y para empeorar aún más las cosas, tenía entre las cosas que habían pegado en su cubierta, una calcamonía de Apple. Lo bueno de la historia es que el refrigerador quedó de lo más limpio después de una buena refregada con agua, y la calcamonía (que el fanático Apple-lófilo había pegado también en el televisor) también salió sin mayores problemas. Así, hop!

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También resultó que mi arriendo no va a salir 9700 yenes como creía, sino mucho menos! Parece que lo que voy a tener que pagar en términos de alojamiento en total va a salir como 4500 yenes! lo que, debo decir, es ridículamente barato. Para que se hagan una idea: en el dormitorio compartido en el que me había quedado hasta ahora tenía que pagar 3400 yenes más o menos, y compartía mi pieza con siete personas más, y sé de otros estudiantes de intercambio que para vivir en Japón tienen que pagar 8 veces más que eso, a pesar de que supone que reciben ayuda de su universidad. Así no más.
El baño es otra cosa digna de mención. Partamos con la información gráfica y de ahí nos vamos a las explicaciones:

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Como pueden ver, es la encarnación misma de la idea de todo-en-uno. No se ve a mano derecha un espejito que de tanto recibir gotas de la ducha está indefectiblemente manchado con agua, y no sé si se distingue demasiado (yo tuve que buscarlo) el coso1 para poner el confort (¿cómo se llaman esas cosas?). Para decirlo de una manera elegante, digamos que no le tengo mucha a fe a la permanencia en seco del confort que ponga ahí. Creo que haré un par de experimentos antes de atreverme con un confort como la gente.

La cosa café que se ve arriba es una especie de gabinete para poner remedios y otras cosas, convenientemente puesto para que todo lo que se resbale de ahí caiga sin interrupción alguna al wáter (otra palabra que no me convence, pero, ¿qué alternativa real tengo? ¿excusado? por favor…) que, como pueden ver, no tiene tapa. No es que la tapa esté en algún otro sitio. Fue diseñado sin tapa. Así no más. El lado bueno, supongo, es que me puedo duchar mientras me lavo los dientes y cago todo al mismo tiempo. Eso sí que va a ser interesante. Y supongo que ya con el agua corriendo, no va a ser necesaraio que el confort esté seco por la existencia de otras alternativas … para lavar, si se entiende (y espero por Dios que se entienda, porque no quiero explicarme). Tampoco se alcanza a ver el hoyito por donde se sale el agua de la ducha, pero afortunadamente existe y no tengo que preocuparme de que toda el agua que no use para ducharme caiga dentro del wáter (y dale).

Otra cosa distinta, por decirlo menos, es mi cama. Yo me esperaba, cómo podría haber hecho otra cosa, una cama como la que todos conocemos. Pero mi colchón redefine el término “duro como tabla” porque es una tabla. No es que el colchón sea extremadamente duro, es que el colchón no es. No hay colchón. Hay una cubierta plástica azul sobre un terciado grueso. Y nada más. Zip. Hay que decir, sin embargo, que la cosa es bastante más cómoda de lo que uno podría pensar, aunque los efectos que esta comodidad aparente tengan sobre mi espalda sólo podré reportarlos desde mañana. El efecto secundario indeseado, sin embargo, es que mi cama cabe justa en donde está y es ligeramente más grande que las camas para las que mis sábanas están pensadas, así que tendré que idear una manera de hacer mi cama sin tener que hacer las acrobacias que hice hoy y que, en defensa de mi honra, me llevaré a la tumba. Los dejo con una foto de cómo se ve mi pieza al cierre de esta edición, teniendo en cuenta que sólo está armada a grandes rasgos y que todos los detalles están por verse todavía. Disfruten, y nos vemos luego.

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  1. Así no más con el machismo. Ahora ya estamos usando hasta masculinos de cosas que son invariablemente femeninas. A dónde iremos a parar… [volver]

tu#7 – el resumen y la puesta al día

Friday, September 29th, 2006

Mi idea original, en la medida de lo posible, era escribir unas especies de recuentos diarios de lo que había hecho, pero la verdad es que no siempre tuve el tiempo, y ahora es evidente que si me pongo a contar con detalles de cada día las cosas que pasaron desde el martes pasado en adelante, voy a terminar a la hora del queso y voy a dejar al pobre pinguino lleno de posteos nuevos y largos para cagarla más.

Por eso, aquí se viene una especie de resumen de lo que he hecho para ponerme al día. Así, si la cosa lo amerita, habrán días que tendrán posteos solitarios y específicos.

Los últimos días los he dedicado más que nada a recorrer Tōkyō y tratar de visitar lo más posible todos los lugares que quiero antes de tener que mudarme y me pillen las responsabilidades académicas que he estado evitando desde como julio pasado. Entre los parque que he visitado, el que se lleva las palmas es, sin duda, el complejo de parques que rodea al palacio imperial (皇居, kōkyo). Además de los muros de piedra que componían las defensas exteriores del palacio original, que son bastante impresionantes, y lo que queda del foso, que ahora es uno de los landmarks importantes del centro de Tōkyō (como no serlo, si es una especie de río circular de como 30 metros de ancho), el lugar está lleno de museos y cosas interesantes de la historia de Japón. Uno de esos lugares es el Matsu no Ōrōka (松之大廊下, gran corredor de pinos, o algo por el estilo), el lugar donde supuestamente Asano ofendió a Kita en lo que luego se convirtió la historia esta de los 47 rōnin. Es divertido pensar que esos lugares existen después de todo.

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Eso es en el jardín este del kōkyō. Al norte de esto está el Kitanomaru-kōen (北の丸公園, parque del círculo norte, o algo así), en donde está 日本武道館 (Nippon Budōkan, o, literalmente, el salón de artes marciales de Japón) y el museo de arte moderno, que tiene cosas desde la era meiji en adelante. Al Budōkan el día que fui no pude ni acercarme, porque había un concierto de una boy band coreana que se llamaba shinhwa. El sólo mar de mujeres era suficiente para auyentar a cualquiera, y con el paso de las horas no hizo más que aumentar. Según Hideki, a las mujeres japonesas les gustan los coreanos. Será.

A pasos del Kitanomaru-kōen está el Yasukuni Jinja (靖国神社, algo así como altar de la pacificación nacional), que es este donde Koizumi tuvo tantos problemas por visitar a los criminales de guerra. El templo este es bastante interesante, es muy grande y tiene unos torii preciosos, gigantescos. A la entrada hay una estatua de Omura Masujiro, que resulta ser además la primera estatua de bronce de estilo occidental de Japón. Apropiado si se trata del principal responsable de la occidentalización nipona.

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Al día siguiente partí a conocer mi campus y a Matsui Keiko, la que mencioné hace mil posteos y que era la responsable de mí en el AIKOM. Decidí aprovechar el viaje para recorrer un poco más y me fui caminando. Mi plan era irme caminando hasta la estación Shibuya (渋谷駅) y de ahí seguir hasta Komaba, que tiene una estación de metro que la une, de hecho, con Shibuya. El problema es que como se trata de un metro va por debajo de la tierra, lo que hace un poco imposible seguirla visualmente. La cosa es que camino para allá me encontré con el cementerio de Aoyama (青山霊園), un cementerio precioso que me acabo de enterar de que tiene una sección de extranjeros y de que corre peligro de convertirse en un parque. Sería una lástima.

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Eventualmente, sin embargo, llegué a Komaba y conocí a todo el mundo. Todos actuaron muy sorprendidos y satisfechos de tenerme ahí y Matsui-san aceptó con una sonrisa de oreja a oreja sus chocolates diciendo que le encantaban. Será. A la mañana siguiente, sin embargo, luego de haber averiguado que sí podía ir a Mitaka a buscar la bicicleta que me había dejado Mauricio Mellado, el estudiante de intercambio del año pasado, partí con la idea de ir a buscarla en tren y volverme en ella, aprovechando de encontrar quizás qué cementerio o su equivalente. La idea sonaba bien, y fue reforzada por un encuentro inesperado con el parque Inokashira (井の頭公園), que queda cerca de donde voy a vivir y alberga al Museo Ghibli, y es precioso.

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Desafortunadamente, yo no sabía que ese día iba a llover ni que Mitaka está realmente lejos, datos que incluso por separado podrían haberme convencido de lo contrario, pero no. Salí de mi hotel un poco después de las 10:30am, pero no logré volver a él hasta las 6:00pm, más o menos, y cuando finalmente lo hice me dolía todo, odiaba mi bicicleta y estaba empapado hasta os huesos. De hecho, nada de lo que andaba trayendo (que debo decir además que es todo, desde un diccionario a Mauricio, pasando por Gladys) quedó completamente ileso, y algunas de las cosas quedaron derechamente empapadas (como mis zapatos, que se terminaron de secar hoy en la mañana).

En la residencia en todo caso me trataron como un rey y me prestaron entre otras cosas un impermeable con pantalón de estos plásticos chinos (aunque este era japonés, revisé) y la cadena de mi bicicleta, que funciona con tarjeta. Me pasaron también como mil mapas y desarrollamos un plan de lo más inteligente, que involucraba seguir una calle grande hasta que se juntara con otra calle grande, que eventualmente toparían con el kōkyō. Perfecto. En la cabeza sonaba perfecto.

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El problema empezó cuando malinterpreté un mapa y pensé que estaba al sudoeste del kōkyō en vez de al noreste, que es de donde venía. En definitiva, pensé que me había pasado, y todo porque confundí el parque Oyogi con el parque Yoyogi, o algo así. Ya ni siquiera estoy seguro de como se llamaban, porque a pesar de que logro encontrar el parque Yoyogi, el Oyogi no parece existir. Da lo mismo. En el mapita de mi recorrido (aproximado sobre todo inmediatamente después de Shinjuku, donde me perdí de nuevo) es esa especie de cacho hacia arriba siguiendo el borde de un parque que en mi distorsionada mente, pensé que era el parque del palacio imperial, hasta que se convirtió evidentemente en una especie de Parque Juan XXIII, con arroyo hediondo a caca japonesa incluido y todo.

Creo que con eso los dejaré por ahora. Así además vamos dejando el resumen temáticamente ordenado. Este fue el capítulo uno acerca de los parques y demases relacionados. Luego viene otro acerca de La vida en Tokyo y luego otro más acerca de Nikko y la fauna Japonesa, y creo que con eso se me irá a acabar el tiempo en Sakura Hotel y pasaré a mi vida académica en Mitaka. Hasta entonces.

tokyo update #6 – tōkyō ni imasu!

Sunday, September 24th, 2006
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Así es, 東京にいます。Estoy en Tokyo. Ni yo puedo creerlo la verdad. La foto que ven la tomé cansadísimo, en el avión, sin tener ninguna buena idea de qué hora era. Lo único que importaba en ese momento era cuánto faltaba para llegar. La hora local era completamente irrelevante, principalmente porque era casi siempre la misma. Yo creo que eso fue lo peor del viaje: once horas de vuelo1, y siempre de día! Salimos a las 12:30 de LAX, pero llegamos a las 3:45pm. Terrible.

Lo bueno de toda la aventura aeropuertística fue que se estrecharon los lazos entre los pasajeros, lazos que normalmente ni existen. ¿Cuánto se estrecharon? Lo suficiente para haber tenido una escolta personal al hotel, y una invitación a comer sushi en cinta transportadora a la llegada a Tokyo. Me explico: en el vuelo conocí a un tipo que no sé muy bien quién era, pero era un político japonés (había sido el embajador en Mongolia por trece años, pero no sé cuál es su trabajo actual) y con él a una estudiante de la Universidad Waseda (otra de las que tienen convenio con la Católica) y a tres estudiantes de Todai: まっむら そうや、おう しょうりん y よしもと ひでき. Sōya, Ōrin y Hideki (Ōrin es chino, así que usan un sobrenombre). Ellos, viéndome cara de perdido y haciendo gala de la cordialidad japonesa (y probablemente divertidos conmigo, hay que aceptarlo), me dijeron que podían llevarme al hotel, me ayudaron con las maletas y, una vez llegado al hotel, me invitaron a comer. Así no más. Se resistieron a que pagara. Lo intenté. Varias veces, pero no hubo caso. Hideki, en todo caso, dijo algo de que la próxima la pagaba yo. Veremos. Yo feliz con que haya una próxima.

Pero bueno, la llegada. Luego de un viaje bastante largo en tren (yo con una sonrisa incontrolable de oreja a oreja), y de una brevísima caminata, llegamos a Sakura Hotel, sólo para enterarme de que mi reserva, tan diligentemente arreglada por mí por mail, con tanta antelación a mi viaje, se había ido a las pailas por el atraso y posterior cancelación de mi vuelo. Así no más. Pasé de tener pieza single para mí solito, con toda la privacidad y el agrado, a compartir pieza con siete personas más (de las cuales las dos que conozco ya son bastante simpáticos). El disgusto, eso sí, me duró hasta que me metí a la ducha y abrí mi maleta para sacar ropa limpia y me pude poner desodorante mío propio sin tener que bolsearle a nadie. En verdad, un paraíso. De ahí, arreglé un poco mis cosas y salí en busca de 白山駅 (hakusan-eki, estación hakusan) para comer sushi en cinta transportadora.

El sushi comido así, como me dijeron mis nuevos amigos, es とても安い鮓 (sushi muy barato), sushi de estudiantes. Sin embargo, todavía no me convenzo de que $250 por un nigiri sea “muy barato”. “Barato” quizás, y quizás parte de lo que se paga es la variedad y, diablos, que es sushi en Japón. De cualquier modo, estuvo rico y a la salida mis acompañantes hicieron completamente imposible que pagara mi parte, a pesar de que antes habían dicho que íbamos a pagar por separado.

De vuelta en el hotel, me dormí sin saber demasiado bien la hora, y a la mañana siguiente la despertada fue bastante así también, porque al despertar ahí si que no tenía idea de la hora que era. Podría haber sido las tres de la mañana o las doce del día. Además, las cosas se complican porque duermo compartiendo la pieza, pero del modo más privado posible. Me explico: la pieza tiene cuatro camarotes. Cada una de las camas está rodeada de una cortina lo suficientemente gruesa para tapar toda la luz (TODA), así que uno nunca sabe bien si hay o no alguien en alguna de las camas. La pieza entera, además, está en el subterráneo, por lo que ya de entrada es un lugar oscuro alejado de la luz natural que tanto nos informa de la hora local (qué buena es la luz natural). Por eso, te despiertas a alguna hora misteriosa, completamente oscuro, los sonidos que llegan de afuera no tienes como saber si son de mañaneros o de gente decente que se despierta a una hora decente, o qué, y tratas de moverte lo menos posible para no despertar al tipo que duerme debajo de ti, al tipo que duerme inmediatamente al lado tuyo (separado sólo por una cortinita) o al tipo que duerme enfrente tuyo, separado como por 70 centímetros de pasillo. Afortunadamente, he ido descubriendo con el tiempo que a la gente, una vez que saben la hora que es, le gusta despertarse más bien temprano, o por último no te joden si los despiertas por despertarte tú temprano. Todo bien, pura buena onda.

Una vez despierto, sábado 23 de septiembre, me econtré con Pato-san (mi amigo que estudia historia y que también está en Japón, y con el que habíamos quedado de juntarnos en Tokyo para que lo acompañara a un examen de Iaido), que me dijo que no había podido ir a Tokyo porque todos los pasajes estaban copados por una convención de juegos. Y entonces me acordé de todo: el 22, 23 y 24 de septiembre se celebraba la Tokyo Game Show 2006, y yo estaba en Tokyo. Dicho y hecho me puse a averiguar cómo ir, lo que resultó un tanto intimidante. Cuento corto, tras una hora de viaje más o menos llegué a mi estación y pregunté en el centro de información turística dónde estaba la TGS. Cuando me dijeron, un extranjero que estaba al lado me dijo “sigue a todo el mundo”, y efectivamente, parecía que todo el mundo estaba ahí tratando de llegar a la convención.

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Es verdad, la foto no es muy buena, pero hay que tomar en cuenta que ni yo me la creía mucho y que me la saqué solo. Una vez dentro, sin embargo, la cosa cambió bastante. Llegué bastante tarde, por lo que lo primero que hice fue comer (ya eran como las dos de la tarde). Me comí un plato de ラーメン (ramen, noodles japoneses), que son bien baratos, bien calientes y bien sabrosos. Lo que sí, aunque me avergüence un poco aceptarlo y en una de esas cambie de opinión en el futuro, tienen un olor que me recuerda mucho (peligrosamente mucho) al zoológico del San Cristóbal. Miedo.

Cuando llegué a la convención la cosa ya estaba bastante cocinada. Los discursos inaugurales ya se habían dado, los lanzamientos grandes ya habían pasado, y lo que quedaba era, principalmente, un montón de gamers haciendo cola para jugar juegos de Playstation2 y 3, NintendoDS, PSP, XBox360 y de cuanta otra consola habida y por haber uno se puede imaginar (incluso había un par de juegos para PC, y un montón de juegos tremendamente evolucionados para celulares), ejecutivos cerrando los últimos tratos de la tarde, y miles y millones de promotoras con poca ropa, alegres de posar para la foto que les pidieras con tal de entregarte el folletito que tenían. Las modelos iban desde algunas cosas relativamente normales a cosas derechamente freak.

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Para qué decir lo impresionante que eran los juegos. Había uno que se llamaba Dungeons&Dragons Online que le puede interesar a mi hermano, que por supuesto también tenía su modelo freak con sus poses exóticas. Saqué algunos videos de demos de juegos, y de modelos (con poca ropa, ¿necesito decirlo a estas alturas?) jugando Wii (que no se podía jugar jugar, pero se podía ver, y resulta bastante increíble) que pretendo subir a YouTube prontamente para su disfrute, así que esperensen nomás.

Después de todo eso, cuando ya había decidido que la cosa no daba para más, se empezó a acabar todo (con cancioncita de “Es hora de decir adiós” de fondo) y las modelos de todos los stands salieron a hacer fila para saludar al público y agradecer la asistencia, lo que generaba un espectáculo de lo más… interesante, como pueden imaginarse.

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A la salida, uno se daba cuenta en todo caso de que la convención no sólo estaba repleta de mujeres solícitas y a medio vestir, sino que estaba repleta de gente (porque a todo esto, cuando me aprontaba a salir me topé con un pabellón entero que no había visto, en donde estaba, entre otras cosas, el stand de “overseas” en donde estaba ATI y Autodesk y otras cosas y el de Mocosoft y su XBox360). Y cuando digo repleta, me refiero a que estaba realmente repleta. Nunca había visto tanta gente. La cagó. La cosa no habría sido tan importante, digo el superávit humano, si no nos hubiéramos tenido que estrujar todos en una línea de metro para llegar a algún lugar remotamente cercano a algo. La cosa fue bien impactante, sobretodo porque sólo algunos habían sido lo suficientemente precavidos para comprar sus boletos antes de entrar al TGS. Todos los demás mortales tuvimos que hacer una de las miles de colas para llegar a las maquinitas de boletos.

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Después de horas más de regreso, vagué un poco por la ciudad (a regañadientes más que nada, porque me bajé en otra estación y no estaba ni ahí con pagar otra vez, que ya es lo suficientemente caro) y llegué a tiempo al hotel para comerme algo (カレーライス, curry rice, arroz con curry) y dormir. Eso fue ayer. Dejo lo que hice (y voy a hacer) hoy para mañana (qué complejo). Por el momento, me apronto a salir con Sooya, Hideki y Orin a un 居酒屋 (いざかや, izakaya, pub estilo japonés). De ahí les cuento cómo estuvo. Hasta entonces.

でわまた後で!


  1. las calculamos con ayuda del matemático familiar, porque entre tanto cambio de fechas y demases la cosa era bastante complicada, déjenme decirles… [volver]

tokyo update #5 – ahora sí que sí

Wednesday, September 20th, 2006

Esto va a ser lo último que escriba, en un año por lo menos, desde un lugar cuya lengua madre sea una que entienda (aunque siempre existe la posibilidad de que el mundo entero de un giro inesperado). Mañana en la mañana parto a Japón definitivamente. Voy, eso sí, debidamente aperado. Hoy hicimos una última pasada familiar por Nueva York y me compré un libro de historia de Japón, un mapa de Tokio y la Lonely Planet de Japón, la primera que me compro (no la primera que me quiero comprar) y la primera en la que he podido dar rienda suelta a mis ganas de leerla tan entera como se pueda. Voy en el capítulo de las comidas. Fascinante.

El viaje, entre las cosa buenas buenas que tiene, cuenta con la prometida y nunca bien ponderada reunión final con mis maletas, y con ellas, mi ropa limpia, mis (6) desodorantes, mis diccionarios, y unos chocolates que le llevaba a Keiko Matsui, la encargada de mí por parte de Todai. Espero que todo eso esté bien.

Por otro lado, los últimos envíos ya se han hecho y sólo falta mandar una postal un poco importante, que espero pueda mandar desde el aeropuerto. Si no, va a tener un viaje un tanto cosmopolita, siendo una postal de Nueva York enviada desde Tokio. Quién sabe.

Ya se enterarán de mí. Suerte, y nos veremos más temprano que tarde.

EDIT: ¿Se acuerdan del giro mundial inesperado? Bueno… pasó. El vuelo tenía que salir a las 10:25am del 20, puerta 31. Cuando un par de grupos ya había abordado el avión (el mío entre ellos), corrieron rumores de que el avión tenía un problema e íbamos a tener que cambiarlo. Dicho y hecho, nos cambiaron la puerta de embarque a la 12 y la hora de salida a la 12:30. Un poco impacientes, subimos al avión sólo para dar media vuelta como a las dos horas de vuelo. Mala onda.

Cuando volvimos a JFK nos dijeron que la hora tentativa para la salida era las 7:30pm. Como a las 6:00pm nos dijeron que el vuelo efectivamente se había cancelado, y nos hicieron hacer colas para hacer un re-booking. Yo quedé en un vuelo para mañana a las 6:30 de la mañana, con conexión en LA a Narita, y comparto el vuelo con un montón de japoenses muy simpáticos con los que tratamso de comunicarnos, ellos tartamudeando en inglés, yo tartamudeando en japonés, y ellos periodicamente riéndose mucho de algunas tallas que tiran mientras me apuntan con el dedo, sin yo entender mucho (las explicaciones en inglés-japonés tartamudeado no son muy explicativas, déjenme decirles). Ahora estoy en el hotel Ramada, esperando una llamada despertador mañana a las 5:00. Hasta entonces, ¡buenas noches!