Archive for the 'turismo' Category

tu#18 - “mira, miiiiiraaaaaaaaaaaaaa……….”

Friday, April 6th, 2007

Posteo breve, sólo para decir que …

¡Salí en el Clinic! ¡OMG!

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El título es el mismo título del mail en el que otra muy buena amiga (esto de tener hartas buenas amigas es de las cosas buenas de ser hombre y minimamente simpático) me informó (efectivamente con la primicia, y de hecho la exclusividad hasta el momento) del suceso.

Lo que sale publicado abajo de mi foto es un fragmento de la carta en la que mandé la foto. La carta la reproduzco abajo para quienes se interesen en leerla.

Saludos a todos, mijos y mijas, desde el lejano Japón-pon1, y ¡Viva Chile, Mierda!

Sr. Director,

Hace unos dias, y armado de un Clinic significativo mandado por una gran amiga por correo tradicional (lo que explica la tardanza) partí en un viaje por el sudeste asiático que me llevó, sin planearlo demasiado, derecho a Phnom Penh, la capital de Cambodia, y de ahí a la S-21, el principal campo de concentración de Pol Pot, en donde más de 17.000 camboyanos fueron “procesados”.

Mientras recorría los pasillos estrechos y las celdas diminutas y mientras veía las fotos de los torturadores quinceañeros, rayadas por los camboyanos visitantes y leía sus palabras, a pesar de la distancia, a pesar del tiempo, no podía parar de pensar en Chile. Tan diferente nuestro chilito larguirucho de la Cambodia que parece pelota. Tan diferente nuestro dictador de derecha con su dictador comunista. Tan diferente nuestro idioma, nuestro clima, nuestra historia… y sin embargo… qué atrozmente parecidos los bestias que hicieron eso. Qué brutalmente parecido lo que hicieron, y el daño que causaron.

Cuando metí el Clinic a mi mochila para mi viaje, lo llevaba para ver si encontraba una foto simpática, una divertida al lado de un poster olvidado de Christel o alguna otra tontera por el estilo. Sin embargo, con el peso de los muertos nuestros y los suyos, la única foto que pude sacar fue esta que mando. No es muy atractiva, pero espero que esté de acuerdo conmigo en que su valor radica en otro lado.

Con todo lo que sé que nos separa de Cambodia, ahora sé también que hay algo - un hueco, una tragedia - que nos une. Sólo quería compartirlo con usted.

Abrazos desde el extranjero, y gracias por el Clinic, el único diario que extraño, el mejor regalo que me pudo llegar por correo aquí en la lejanía.

José Joaquín Atria


  1. cfr. Calle 13… [volver]

tu#17 - de paseo por cambodia

Saturday, March 31st, 2007

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Salimos de Singapur el primero, después de haber pasado dos noches en compañía de Vic y Nat que se portaron de maravillas. No nos dejaron pagar nada de nada (a pesar de nuestras eventuales quejas agradecidas), nos alimentaron como si fuéramos a ir a perdernos en el desierto y nos entretuvieron profusamente (si es que se permite usar esa palabra) todo el tiempo que estuvimos ahí, con promesas de seguir haciéndolo a la vuelta, en nuestra segunda estadía en Singapur.

El vuelo a Phnom Penh fue bastante poco interesante y una vez allá, otro viaje poco interesante más tarde, ya nos encontrábamos en nuestro hotel. En Cambodia nos tomó exactamente lo que se demoró el taxi en salir del aeropuerto para empezar a sentir picadas de unos bichos misteriosos que pululaban por ahí, mientras que el calor ya se había convertido hace tiempo en una cosa eternamente presente. Las zapatillas, por supuesto, se habían quedado lejos, en Singapur, y desde entonces lo único que me separaba del piso fueron unas chalas de esas con gomita entre el pulgar y los demás.

Nada podría habernos preparado para la diferencia que íbamos a encontrar entre Singapur y Phnom Penh, eso sí. En el barrio en donde íbamos a vivir, que después averiguamos que es un barrio bastante céntrico dentro de todo, al ladito incluso de la embajada de Alemania, las calles no están pavimentadas, excepto las grandes, y la basura que había desaparecido en Singapur parecía estar toda aquí tirada por todos lados, como si hubiera habido una feria hace poco y no hubieran tenido tiempo de limpiar.

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En la entrada del hotel, que por lo demás parecía bastante digno, nos recibió un letrero no muy auspicioso, eso sí, prohibiendo armas, drogas y ruidos escandalosos. Y en nuestra pieza estaba el otro, el que está aquí arribita, advirtiéndonos que no era una buena idea tirar nuestras cosas, ni nuestra basura, por la ventana. Uno esperaría que hay ciertas cosas que no hay ni que decir. O sea, si es necesario poner un cartelito que diga eso, es porque pasa por lo menos con relativa frecuencia.

Bienvenidos a Cambodia .

A la mañana siguiente agarramos un Tuk-Tuk desde el hotel (llamado por ellos, ad honorem Ignacio Lira) y partimos a recorrer lo que nos interesaba ver de la capital de nuestro nuevo país huésped. A saber, los Killing Fields y el museo del genocidio en el centro de detención S-21 en plena ciudad.

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Para explicar bien lo que pasó en Cambodia entre mediados de los 50’s y finales de los 70’s se necesita no sólo más conocimientos de política internacional de los que tengo si no que mucho más espacio del que este posteo puede tener. Por el momento, tendrá que bastar con decir que después de que se logró la independencia de Francia con la convención de Ginebra en 1953 los partidos internos se empezaron a pelear por el poder que finalmente quedó en manos de la derecha tras elecciones aparentemente dudosas. Para evitar represalias de la izquierda, el gobierno empezó una serie de políticas de represión ideológica que terminaron con la clausura de los diarios y publicaciones de esa tendencia y la ejecución bajo custodia de las cabezas del partido.

Las cosas eventualmente llevaron al alzamiento de un partido Comunista que había desarrollado un comunismo particular (basado en una idealización del campesinado en vez de la clase obrera y en parte en algunas ramas del budismo). El partido, en manos de Pol Pot, era conocido como el Khmer Rouge, y después de una guerra civil, llegó al poder con ayuda de Vietnam, China y el mismo líder del gobierno contra el que habían empezado, Norodom Shihanouk (que los empezó a apoyar luego de que lo destituyeran de su cargo tras haber inventado marchas en Phnom Penh en contra de Vietnam para después culpar a opositores de que ellos habían sido los que las habían causado).

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El regimen de Pol Pot duró hasta 1979, fecha en que fue expulsado por Vietnam como parte de sus intenciones de convertirla en un nuevo Laos (según Wikipedia, por lo menos). Durante ese tiempo, lo que quería hacer era convertir Cambodia en un estado agrario volviendo a un estado primitivo idealizado. Para eso, prohibió el uso de tecnología que no fuera aprobada por el comité dentral. Para evitar que la gente de los grandes centros urbanos mantuviera sus costumbres no-revolucionarias, evacuó las ciudades hacia el campo. Se abolió el uso del dinero y se condenó la intelectualidad como la plaga. No sólo los intelectuales eran ejecutados (bastaba con parecer intelectual) sino que sólo los miembros del campesinado que venían de familias no educadas podían entrar al partido. En total, los estimados de la gente ejecutada por Pol Pot y el Khmer Rouge van desde 800.000 (según Pol Pot mismo) a 3.000.000 según conteos del Gobierno de Cambodia. La mayoría de lso conteos internacionales, eso sí, se quedan alrededor del millón y medio.

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Aproximadamente 17.000 de esos pasaron por la S-21. De esos, sólo 7 sobrevivieron. Los detenidos en el campo eran torturados cuando las confesiones eran políticamente útiles, y después eran llevados a Choeung Ek, en donde eran obligados a cavar sus propias tumbas masivas y después apaleados hasta la muerte o enterrados vivos. Los guardias no usaban balas para ahorrar plata. Uno camina entre las tumbas, con los restos de ropa entre medio, y ve las tumbas separadas por tipos. La de las mujeres con guaguas (convenientemente al lado del árbol que usaban para matar las guaguas como los Espartanos), la de los guardias traidores, la de los descabezados, y así y así…).

En medio de Choeung Ek hay una Stupa. Es una especie de edificio en arquitectura Camboyana, de varios pisos de alto. Dentro, y donde se pueden ver, están las más de 8.000 calaveras que se han recuperado del campo. En el primer piso están las ropas.

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Ya, cambio de tono, cambio de tono. Mucho.

De ahí, y para convencernos de que Phnom Penh no es sólo un lugar triste, y de que el país tiene otras cossa que mostrar, nos fuimos a ver el mercado Ruso y el Palacio Real. El mercado era como un Persa grande, más variado y sorprendentemente más asqueroso. Cuando pasé por la sección de comida tuve que hacer fuerza para no devolver la que ya había comido, y el resto de nuestros giros por el mercado fueron pensados de modo tal que no tuviéramos que pasar por ahí de nuevo. Aparte de eso, el mercado vende una cantidad ridícula de cosas, desde partes de moto a pescados vivos, y es realmente caótico.

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El palacio real era bastante sorprendente por, aunque afortunadamente de un modo súper distinto. La arquitectura tradicional Camboyana se parece un poco a toda la de la zona (seguro que los conocedores de por ahí conocen las diferencias, pero yo no) y la verdad es que es bien bonita. Algo recargada a veces, pero todo lo de esta zona es medio recargado, y es de algún modo refrescante. Además, me encantan las llamitas que parecen salir de las esquinas de los techos.

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El tráfico es otra cosa de la que hay que hablar en Cambodia. En chile, por ejemplo, tenemos leyes del tránsito, pero en Cambodia, esas parecen ser más guías de comportamiento que otra cosa. Por ejemplo, la gente maneja por la derecha (poco común en la zona, fíjensen, porque Tailandia, Singapur, Japón, hasta Nueva Zelandia, todos esos manejan por la izquierda, y yo que pensaba que era una cosa de islas…) pero las pistas no se han inventado. Además, si la izquierda está más cómoda o me cae mejor, manejemos por la izquierda. Y si tengo que cruzar la calle, bueno, a cruzar la calle. Qué es eso de semáforos, o derecho de paso, comodidades de país desarrollado que no tiene problemas.

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He estado en una buena cantidad de países con conceptos laxos de cómo manejar, pero Cambodia… Cambodia se lleva el premio lejos. Lejos. Cambodia viene de vuelta. El tigre con más rayas, la papa con más ojos, la estrella con más puntas, etc. ¿Esa foto en la portada de la moto con la familia entera a cuestas? La moto es un taxi. La familia son los pasajeros. Y esa no es la moto con más gente que vi. Una, a la que no le alcancé a sacar foto, tenía seis personas. Dos de las cuales eran niños chicos.

Think of the children… yeah right…

En el próximo posteo, ¡a Angkor Wat, mijos!

tu#16 - a singapur los pasajes

Thursday, March 29th, 2007

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Bien atrasado, como tiene que ser, empiezo un recuento de mi periplo de una semana y tanto por Singapur, Cambodia y Tailandia. En varios sentidos este viaje me recordó mucho el que hice en tierras más hogareñas por Perú con un montón de amigos el 2005, así que si de repente se me salen comparaciones entre ambos, ya saben de donde son. La idea de esto es hacer un posteo largo eso sí, separado en varias partes. Muchas cosas que contar, y muchas etapas en el viaje demasiado claramente marcadas para no aprovecharlas. Predigo por lo menos cuatro posteos sobre el viaje, así que agárrensen.

El viaje se empezó a planear hace bastante. Sabía que algo tenía que hacer para mis vacaciones de primavera (claro, primavera local, lo que vendría a ser nuestras vacaciones de verano chile)1, pero el proyecto original incluía partir en gira por China con un amigo gringo, Chris, que tenía ganas entre otras cosas de darse una vuelta por el desierto de Gobi, que hay que decirlo, suena interesante. Además, habla chino, lo que siempre es bueno yendo a China. Tantas eran las ganas que hasta saqué visa, que ahora lamentablemente sólo ocupa espacio en mi pasaporte (hay que decirlo, un espacio abacanado, con una visa china, pero de todos modos, en términos prácticos, es sólo espacio perdido). Y bueno.

Al poco andar, y por varias razones, el viaje a China no pasó, y decidí subirme al carro de Sera, que planeaba otro viaje a Tailandia. Ella lo que quería era ir a Bangkok por sobre todas las cosas, y conversando con ella yo decidí que yo lo que quería era ir a Angkor Wat, en Cambodia, por sobre todas las cosas. Y conversando sobre el viaje con una amiga singapurense (sip, ese es el gentilicio, raro, ¿verdad?) ella me dijo que por qué no nos íbamos a Singapur primero, que nos servía como puerto de entrada, y ella aprovechaba de mostrarnos la ciudad. Y así fue. El viaje estaba armado. Un día antes de que esta amiga se fuera a Singapur con su pololo tuvimos reunión para planear y reservar pasajes y compramos pasajes ida y vuelta de Tokyo a Singapur para irnos el 26 de febrero y volver el 8 de marzo. Poco tiempo, pero tenía que hacerlo caber entre un concierto al que iba a ir el 22 y la llegada de José Tomás el 9. Más sobre eso más abajo.

Como todo no podía salir tan fácil, unos días antes de salir recibí una llamada de nuestro agente de viajes/sanguijuela que me dijo, por teléfono y en japonés (una combinación que no se las deseo), que los pasajes los había hecho a nombre de Sera Talmer, y el apellido de Sera era Palmer. Yo, sin entender mucho del problema, le dije si no se podía cambiar el nombre, o cancelar la reserva y volver a hacerla, pero él no, que no que no que no, y entre que yo ya me estaba dentrando a exasperar con el tipejo este y que mi japonés no es tan bueno, le pasé el teléfono a Sera. La cosa es que aparentemente, la única opción era pagar 15.000 yenes más para reservar pasajes al día siguiente, esto es, el 27 en la tarde. A esas alturas yo ya estaba rasgando vestiduras. No sólo teníamos que pagar más plata, sino que teníamos un día menos, y ni siquiera podía putear al gusano ese como se merecía, porque hablaba en japonés. Apretando los dientes, y repitiendo en mi cabeza que en el futuro me iba a reir de todo esto, decidimos seguirle el juego y salir un dia después.

Nuestro avión salía ese día en la tarde, y un día de un calor completamente extraño en Tokyo en esta fecha, salimos en el eterno viaje a Narita. Después de un bastante normal viaje de 7 horas a Singapur llegamos al aeropuerto de Changi. En el vuelo aprovechamos de ver películas (las primeras películas que veo desde que llegué a Japón que no han sido bajadas de internet, si descontamos una vez que agarré una versión doblada al japonés La Momia en televisión abierta).

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Llegamos a Singapur como a las 12 de la noche, y Nat y Vic nos estaban esperando con el primer auto al que me he subido desde que llegué a Japón. Con las primeras cucharadas del calor que nos esperaría en el resto del viaje todavía esparciéndose por nosotros, partimos rumbo al barrio indio de Singapur a probar comida singapurense. Aparentemente, la principal atracción turística.

Singapur es varias cosas a la vez. En primer lugar es un país. Pero también es una isla2, y una ciudad, y una de las sumas más extrañas de etnias que me ha tocado ver. Ahí conviven principalmente cuatro grandes grupos: chinos, malays, indios y tais. Y a pesar de llevar viviendo así, juntos tanto tiempo, están sorprendentemente poco revueltos. En la misma ciudad, compuesta básicamente de pura gente de afuera, todavía tienen un bario indio (Little India), un barrio chino (Chinatown), un sector malay, que no caché cómo se llamaba, y probablemente un sector tailandés al que no tuve la oportunidad de ir… creo. Y bueno, de entrada cada uno de esos grupos habla su propio idomia (sic) con los suyos, e inglés (bueno… singlish, para ser más exacto, lah) con todos los demás.

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Es divertido también la cantidad de problemas raciales que tienen para ser una ciudad que está armada como está. En el par de días que estuvimos ahí me tocó varias veces oir comentarios de mis huéspedes que dejaban ver barreras bastante profundas entre los distintos grupos. Y por si fuera poco, también entre los miembros de esos grupos que ya llevaban harto tiempo viviendo en Singapur y los recién llegados.

El lado más visible de Singapur, por el contrario, es una ciudad tremendamente desarrollada, y sorprendentemente adaptada al limitadísimo espacio con el que cuentan. Por ejemplo, el terminal de Changi esta a un lado de la carretera que lo une con la ciudad, y la pista está al otro lado. Los aviones pasan en un puente sobre la carretera para llegar de un lado al otro. Los edificios del centro de Singapur son completamente increíbles, y parecen sacados de una especie de Blade Runner menos ficticio. No me tocó ver sectores demasiado pobres de la ciudad, nada como lo que iba a ver días después en Cambodia (y definitivamente fue el lugar con más plata quel llegué a ver en todo el viaje), pero quizás era eso mismo lo que le daba un aire un poco opresivo.

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Singapur es entre otras cosas famoso por sus multas y demases. “A fine country”, dicen. “They fine you for this, and they fine you for that”, y aunque no me tocó que me multaran por nada, sí me dio la impresión de que era una ciudad en la que las cosas tenían espacios, y salirse de esos espacios no era algo que se pudiera hacer. Quizás es porque no estoy acostumbrado a tanto control, porque a pesar de lo pelota que soy con los sistemas de cosas y lo cuadrado que soy con cómo creo que las cosas debieran ser, tengo algo que todavía me recuerda que a pesar de todas las buenas intenciones, las cosas no van a quedarse nunca dentro de las líneas, y es precisamente cuando uno se sale del dibujo para pintar cuando empieza a ponerse entretenida la cosa.

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No me malinterpreten. Singapur también tiene algo de eso. Una de las primeras cosas que nos tocó hacer fue ir al barrio rojo a ver a las mujeres paradas al borde de la calle. En un momento pensé contrabandearme un foto de la calle, pero una conversación acalorada en singlish con un proxeneta enojado después decidí que mejor que no. Aparentemente, el comercio sexual en singapur es muy grande, y mueve mucha plata. Sin embargo, está restringido sólo a un determinado barrio (el mentado Red Light District) y sólo a funcionar en unas especies de burdeles. A pesar de eso, justo afuera de esos burdeles legítimos es donde se mueve la mayor cantidad de carne, por así decirlo, y literalmente las mujeres estaban en vitrina en toda la vereda, por cuadras y cuadras. Demás está decir, claro, que el comercio sexual no sólo se queda en ese barrio. Hay también unas casas de putas menos reconocidas fuera de ese sector, normalmente disfrazados como casas de masajes (algunas veces con mensajes delatores como un cartelito que anuncia un sospechoso “all races” justo abajito de los masajes). Y también están los sectores donde uno puede parar en auto y subir travestis, aparentemente conocidos en Singapur como New Men. Nos dijeron que el sector de los travestis era un estacionamiento. Freak.

Todo esto, por supuesto, o derechamente ilegal, o en el borde de la ley. Reconocido por todos, pero aceptado también por todos. Ahora sí me siento más en casa.

La comida es el otro gran participante de Singapur. A diferencia de lo que yo estaba acostumbrado tanto en Chile como en Tokyo (y en la mayoría de los otros lugares de los que he oído), la costumbre aquí es ir de local en local, comiendo de a poquitos. De hecho, hay unos lugares que se llaman Hawker Centers en donde hay un montón de mesas rodeadas de locales de comida y uno va a los locales que le gustan, compra cosas y se va armando una mesa de comida. Suena un poco parecido a un food court como cualquiera cuando lo pongo por escrito, pero créanme que no tiene mucho que ver. O quizás sí, pero si fuera un food court hecho con puras picás.

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Generalmente los distintos hawker center tienen especialidades (o por lo menos Vic parecía tener clarísimo qué cosas eran buenas en qué centros y qué otras no tanto), y como la ciudad está muy sectorizada (ver más arriba) en general los tipos de comida que uno encuentra en los distintos lugares también están más o menos ordenados. Y la gracia es que como Singapur es una ensalada de países, todos con tipos de comida muy particulares, uno siempre encuentra algo freak que comer o ver preparar. A mí, por ejemplo, no me había tocado hasta ahora chuparle la carnecita a una pata de pollo. El testimonio gráfico puede ser no apto para menores de edad eso sí… con las falanges y los tendones tirados ahí… sólo para los fuertes de estómago (o los que tengan ganas de ver una foto con un plato de comida a medio coemr, que es casi lo mismo).

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Aprovechamos también de agarrar las últimas decoraciones del año nuevo lunar, o Chino (dependiendo de qué tan nacionalistamente no-chinos sean) que duran en total como un mes, y aparentemente vale la pena celebrar. Por lo menos eso he oído de la gente en Singapur y en China. Fuimos a un parque que todavía estaba entero decorado, con unas esculturas hechas de alambre y papel con los animales del horóscopo chino. Realmente bonito.

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Aquí termino la primera parte. Ya se ha alargado demasiado y están empezando a volar vientos rosados en Tokyo, lo que me indica que hay otros posteos que también debería escribir…


  1. Divertido que en Japón le digan vacaciones de primavera - 春休み - a las vacaciones que terminan en primavera, y nosotros le digamos vacaciones de verano a las vacaciones que empiezan en verano. Claro, quizás tenga que ver con que es más emocionante tener vacaciones en primavera que en invierno, o con que las vacaciones japonesas están un poco desfasadas con las nuestras, más tiradas hacia la primavera (parten un mes después, terminan un mes después), pero de todos modos es divertido. Por lo menos yo lo encuentro divertido, y este es mi blog, ¿bueno? [volver]
  2. En verdad es una colección de islitas, como 60 y tantas, pero para todos los efectos prácticos, es una isla grande. [volver]

tu#15 - namara shibareru

Tuesday, February 27th, 2007

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Déjenme adivinar. No entienden qué significa el título, ¿verdad? Bueno, la verdad es que la primera vez que lo leí, pesar de poder leerlo, no tenía idea de qué significaba. Y de hecho, ninguno de mis amigos duchos para el japonés sabían tampoco. Nos tomó un buen rato y un golpe de suerte averiguar que era la manera local en Sapporo, Hokkaido, para decir que estaba de pelarse de frío1. Y la verdad es que hacía bastante frío. No por nada se celebraba el Festival de Nieve, el Yuki Matsuri (雪祭). Y la verdad es quel viaje valió muchísimo la pena.

Sapporo es la ciudad más grande de isla grande al nrote de Japón, y como los tipos están en el hemisferio norte, y ahí todo es patas arriba, mientras más al norte están más frío hace. Hokkaido es famoso por varias cosas, pero sobre todo por sus caballos y por la nieve. Y déjenme decirles que nieva harto. Es la primera vez que me toca estar en una nevada así: constante, de copos gordos, que encuentran unos hoyitos minúsculos en la ropa, entre la bufanda y la chaqueta, y se te meten hasta lo más profundo del alma para derretirse.

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Siempre he querido vivir en un lugar en donde nieve en inveirno, y déjenme decirles que ahora quiero hacerlo aún más, si es que es posible. En verdad hay que venir a Japón para darse cuenta de por qué los japoneses aman tanto sus estaciones, y para preguntarse de paso por qué no hacemos lo mismo en el resto de los países alejados del Ecuador.El festival de nieve es bastante impresionante. Es verdad que todavía me faltan algunos de los festivales realmente importantes de Japón, principalmente el Hanami, el de las flores de cerezo (花見, para el que falta re poco, y para el que voy a estar acompañado de mi hermano que viene de vistia, imagínense…), pero no creo que puedan dejar atrás al de nieve de Sapporo, por lo menos no en espectacularidad.

Hay prácticamente de todo para celebrar la nieve. Desde calles enteras llenas de bares y tiendas hechas con cubos de hielo, a paseos con esculturas de hielo, a las tradicionales esculturas de nieve que le han ganado al festival su nombre y que lo hacen algo realmente magnífico. Porque la verdad e que si bien uno podría decir que las esculturas estas tienen el mismo concepto que las esculturas de arena que se hacen en algunas playas de por ahí, yo por lo menos no he visto ninguna escultura de arena que pueda siquiera compararse a estas, ni en detalle ni en tamaño ni en magnificencia.

¿O alguno de ustedes ha visto palacios de arena?

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La fascinación por la nieve es tal que incluso se armaron una demostración de snowboarding, en medio de la ciudad (con participación internacional, no sé si cacharon…).

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Claro, no todas las esculturas de nieve eran de ese tamaño, si no no habría ciudad que aguante. Pero sí las hay de todos tipos… Vi esculturas de caricaturas, de Hello Kitty (tradicional y buceadora), de Ultraman, y de un sinfín de otras cosas, incluyendo divinidades Hindues y volones medio freak.

Demás está decir, claro, que esas no eran las más impresionantes. Había una de Disney que, con todo lo pelota que puede sonar, debe haber sido una de las que más me gustó (además, me sirve para introducir la fascinación extraña que tienen en Japón con Stitch… realmente impresionante).

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La que se lleva el premio, sin embargo, es esta. Realmente increíble.

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Y lo mejor de todo es que con toda la neive y todo, debo decir que no hacía tanto frío. O quizás cuando nieva no hace tanto frío, no sabría decirlo, porque no vivo en un lugar donde nieve (¡todavía!), pero de todas maneras, era casi agradable.

Y por supuesto, las sorpresas no pararon con lo que estaba hecho para sorprender. A uno, turista, que viene de donde uno viene, le basta una tienda con cosas raras para sorprenderse, o un avión pintado con cosas que parecieran no pertenecer a un aeropuerto. Pero bueno, en una de esas eso es el provincialismo que a uno se le escapa por los poros…

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En otras noticias, hoy en la tarde salgo volandoen un viaje flash por Singapur, Malasia, Tailandia y Cambodia, así que probablemente las próximas fotos que les lleguen sean de mí en lugares haaarto más calurosos que Hokkaido. Falta un viaje corto entremedio, eso sí. A Hakone. El guapetón ya tiene la primicia, como siempre, pero El Pingüino anda más lento. Hasta entonces.


  1. Para los más lingüísticamente inclinados, “namara” es un adverbio que significa algo como “tremendamente”, o “muy”, y “shibareru” significa “mucho frío”, o eso por o menos decía en un mug que encontramos en una tienda de recuerdos… [volver]